Viernes, 27 marzo 2020

(Pausa) para el día mundial del teatro

La vida es bella y el teatro, también lo es. Y también es bello crear y respirar, investigar y ver, moverse y coreografiar, cantar, bailar, componer, saltar, gritar y soñar. Hoy, más que nunca, deberíamos vindicar esa identificación en lo bello que nos proporcionan las artes como conjunción de todos estos conceptos y acciones. Hoy, más que nunca, deberíamos empeñarnos fuertemente en sentir, junto a lo bello, todos y cada uno de los placeres que al término le son afectos.

El arte cobra todo su sentido en los momentos dramáticos de la vida, como también los pequeños placeres, los que hemos perdido temporalmente y los que nunca volverán, porque no queremos dejar de recordarlos. Nuestro camino jamás se ha detenido, porque en esa dinámica inercia encontraba su fundamento, nuestro ritmo no ha decaído, porque así lo exigía la propia naturaleza de las cosas. Acción. No paremos, para no parar.

 

 

El teatro es acción, sí, pero también puede ser reflexión y contemplación. El escenario es diálogo y movimiento, sí, pero también transición y respiración. Una leve pausa, una simple mirada atrás, diminuta y que determina una vida, sí. Pero una pausa no tiene por qué ser una pérdida de segundos y no tiene por qué suponer un retraso.

¿Un retraso en qué y para qué? Un retraso en la carrera para llegar al final, para coronar la montaña, para cruzar la meta, para … para… ¡para! respira, mira, escucha, no hables, no hagas, no digas, no te muevas: escucha, sólo escucha. Mira atrás, (pausa) y escucha, escucha…, abre los ojos y presta atención:

Quejoso de la fortuna,

yo en este mundo vivía,

y cuando entre mí decía:

¿habrá otra persona alguna

de suerte más importuna?,

piadoso me has respondido:

pues volviendo en mi sentido,

hallo que las penas mías,

para hacerlas tú alegrías,

las hubieras recogido.

Calderón de la Barca. Teatro. Clásico. La vida es sueño.

El teatro, como la vida, necesita de nuestra atención, es exigente y dinámico, pero también, a veces, nos pide calma y distensión, nos frena, nos acomoda, nos sienta en la butaca, nos apaga las luces, pero nos enciende los focos, y nos hace soñar, nos obliga a pensar y, por ello, nos permite descubrir, sentir y disfrutar.

 

 

Quizá el ritmo frenético y la proliferación de estímulos nos lleven sólo al vacío. Quizá las artes y el conocimiento nos arropen y puedan cobijarnos de las inclemencias. Pero quizá, también, nos exijan para ello reposo y reflexión. Quizá lo mejor que se pueda hacer ahora, cuando pase la horrible y cruenta sacudida, sea abarrotar los teatros y los museos, los cines, los auditorios, las salas de conciertos y las calles, y moverse y coreografiar, cantar, bailar, componer, saltar, gritar y soñar…

…y por si acaso mis penas

pueden aliviarte en parte,

óyelas atento y toma

las que de ellas me sobraren.

Yo soy…[1]

Feliz día Mundial del Teatro.

 

[1] Calderón de la Barca, Pedro (2002). La vida es sueño. Mineola, New York. Dover Publications, Inc.