Área de Artes y Humanidades

Los editores, pero también los traductores y los diseñadores, permiten que la sensibilidad y las creaciones de tantos hombres y mujeres, a lo largo de los tiempos, pueda dejar una estela memorable. Nos lo recuerda Alessandro Marzo en su reciente estudio titulado Los primeros editores, que nos lleva a la Venecia del célebre Aldo Manuzio.

Placa en la casa de Aldo Manuzio, en Venecia (Foto de Remi Mathis, Creative Commons)

El flamante ganador del Festival de Eurovisión de este año, el portugués Salvador Sobral, declaró en el escenario, antes de interpretar por segunda vez su canción Amar pelos dois, que la música no son fuegos artificiales, sino sentimiento. Toda una declaración de intenciones sobre un tema, en realidad, poco eurovisivo –poco bailable, poco pegadizo, poco espectacular (de espectáculo)–, que, sin embargo, conquistó tanto al público presente en Kiev, como al jurado profesional y a los espectadores (a través del sistema de tele-voto).

El discurso de Pablo en el Areópago de Atenas adquiere un viraje al mencionar la Resurrección de los muertos. Los que le están escuchando reaccionan con risas escépticas, unos se echaron a reír y otros dijeron: Te escucharemos sobre eso en otra ocasión” (Hech. 17, 32). Este comentario lleno de incredulidad bien podría compararse a la contestación actual de la era postmoderna en la que nos hallamos: “Jesucristo resucitado, ¿en serio? Sobre esto te escucharé en otro momento!”.

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