Viernes, 25 agosto 2017

Encuestas hasta el último minuto para predecir el voto en el siglo XXI

En las últimas décadas, la globalización ha transformado de forma significativa los procesos electorales a nivel internacional. Unos cambios que parecen replicarse país tras país y elección tras elección y que modifican de forma significativa el trabajo de los encuestadores de voto.

Entre las principales novedades está la tendencia global a la fragmentación del voto. Cada vez hay un mayor menú político entre el que elegir, algo que altera los equilibrios de reparto electoral tradicionales. Por ejemplo, en sistemas parlamentarios el apoyo al partido mayoritario ha caído del 45% al 34% en los últimos 70 años, según un estudio de tendencias globales realizado por GAD3.

En un supermercado electoral cada vez mayor, se hace más difícil decidir el voto. Elección tras elección se ve cómo más votantes deciden su sufragio en los últimos compases de la campaña y cómo se dispara la volatilidad. En las presidenciales de 2016 en EE.UU., cerca del 13% de votantes en los estados de Wisconsin, Florida y Pennsylvania tomaron su decisión en la última semana, según un estudio de la Asociación Americana de Investigación de Opinión Pública. Un porcentaje que se decantó en mayor medida por Donald Trump, permitiéndole ganar todos los votos electorales que reparten dichos estados, capitales en su victoria.

Asimismo, cada vez más se observan resultados muy ajustados entre el ganador y el segundo candidato en liza. Una tendencia que alcanza su máxima expresión en aquellos sistemas presidenciales en los cuales hay segunda vuelta (la distancia entre ganador y segundo en las últimas elecciones celebradas en la mitad de países con este sistema fue de menos de cinco puntos). Perú, El Salvador, Austria, Ecuador y Argentina fueron los casos más acusados.

Sin embargo, que haya más resultados reñidos y más partidos políticos compitiendo no hace que el ciudadano tenga mayor tensión electoral. De hecho, la tendencia global en cuanto a participación va a la baja en las últimas décadas, sobre todo en Occidente. Algo que no sólo se advierte en procesos electorales habituales, sino también en otros de carácter más extraordinario, como los referéndums y los plebiscitos.

Estas y otras muchas variables (hartazgo de la clase política, voto en contra del establishment, etc.), introducen más presión que nunca a los institutos de encuestas. En contextos políticos en los que se anticipan resultados ajustados, se le exige al encuestador cifras de acierto milimétricas. Hace falta encuestar hasta el último minuto, hasta el último segundo, para predecir con exactitud la intención de voto.

Sin embargo, esta realidad choca de frente con la legislación electoral de numerosos países, que abogan por prohibir la publicación de sondeos electorales en los días anteriores a la jornada electoral. Una tendencia particularmente acusada en sistemas presidenciales de América Latina. ¿Cómo detectar esos últimos movimientos de voto si no se puede publicar encuestas? La democracia del siglo XXI necesita una regulación también del siglo XXI. Sólo así se podrá mapear el sentir de una opinión pública más cambiante que nunca, y analizar adecuadamente las tendencias globales advertidas en cada contexto local.

 

David Iglesias. Responsable del Área de Comunicación de GAD3
Twitter: @davidiglesiasp