Universidad Internacional de La Rioja

10 cosas que (posiblemente) se desconozcan de Bergman, por Lucía Tello Díaz

Este año se cumplen cien años del nacimiento de uno de los cineastas cuyo nombre está inscrito en letras de oro en el Olimpo de los dioses cinematográficos, Ingmar Bergman, el director tres veces ganador del Oscar a Mejor película extranjera (Fanny y Alexander, 1984; Como en un espejo, 1962; El manantial de la doncella, 1961) y, quizá, uno de los más incomprendidos de la historia.

Tildado como existencialista, filosófico, indescifrable o ininteligible, Bergman era, ante todo, un director intuitivo, que sabía de forma natural qué resortes utilizar para seducir al público. Por eso Gerardo Sánchez, director del programa de cine más longevo de nuestro país, decidió dedicar todo el mes de julio de Días de cine a la figura de Bergman, a través de un reportaje semanal ( jueves a partir de las 23:30 horas) en el cual se irán deslindando algunos de sus aspectos clave (desde su imbricación con el teatro a sus dudas sobre la divinidad, las relaciones personales o la tensión paterno-filial) y en el que participa la profesora Lucía Tello, del Máster Universitario en Creación de Guiones Audiovisuales de UNIR.

Con el fin de acercarnos un poco más a la figura de este director intuitivo, la docente de UNIR y experta en cine da a VIVE UNIR 10 pinceladas sobre Bergman:

Le gustaba el cine español

Ingmar Bergman era un cinéfilo voraz y, en su extensa videoteca, conservaba títulos de toda naturaleza y procedencia, siendo un gran admirador del cine español. Conocía la obra, entre otros, de Víctor Erice, de Carlos Saura (el cual le gustaba especialmente) y de Pedro Almodóvar. Es más, después de ver Mujeres al borde de un ataque de nervios, se declaró absoluto fan de Rossy de Palma, a la cual alentaba a no dejar la interpretación jamás.

El séptimo sello y los innumerables fallos técnicos

Aunque la sensación que transmite el título más emblemático de Bergman es de pulcritud técnica y redondez absoluta, el propio Bergman confesó en varias ocasiones que la cinta estaba lejos de conseguir la perfección. Él mismo relató cómo en algunas escenas se puede observar un coche atravesar el fondo del cuadro o un edificio en medio del escenario.

El teatro

La auténtica pasión de Bergman era el universo teatral. Definía su relación en términos amorosos, confesando que el teatro era su mujer y el cine su amante, con el que era infiel al mundo dramático que le había inspirado desde pequeño. En un gran número de películas la representación teatral tiene una presencia ineludible.

El divorcio

Con la emisión televisiva de Secretos de un matrimonio comenzó a recibir innumerables llamadas telefónicas, como un oráculo amoroso o un consultorio sentimental. De hecho, tras su programación el número de divorcios se incrementó en todos los países escandinavos de una manera meteórica, y el día de la emisión de su último capítulo la mitad de Suecia estaba frente a su televisor. Fue todo un fenómeno sociológico.

Hijos y más hijos

Después de décadas y décadas diseccionando la relación paterno-filial que mantuvo con sus progenitores en su cine, Bergman llegó a tener hasta nueve descendientes. Su vida amorosa era todo un torbellino de pasiones, engaños y desengaños, tanto que da para un epígrafe aparte.

Bergman era, por encima de todo, un maestro cinematográfico capaz de seducir a todos los públicos”

Torbellino de pasiones

El cineasta llegó a tener una relación sentimental con tres de sus actrices fetiche. Tanto Harriet Andersson (con quien concibió un hijo que no llegaría a nacer), como Bibi Andersson y Liv Ullmann (con quien tuvo una niña), fueron algunas de las mujeres que compartieron el amor  de Bergman, un amor que ellas mismas han definido como celoso y compulsivo.

Cuestión de nombres

Por algún motivo que no llegó a descifrar, y tal como narra el libro Universo de Ingmar Bergman en el que participamos, existe en Ingmar Bergman una tendencia curiosa a que figure el apellido Vogler en sus películas. Es un apellido que podemos rastrear en El rostro, Persona, Tras el ensayo, En presencia de un payaso o La hora del lobo.

Erland Josephson

El actor sueco será la auténtica ‘musa’ del cine de Bergman. A Josephson no solo lo conoció en los años treinta, cuando ambos eran unos jóvenes interesados por el mundo de la interpretación, sino que con él llegaría a rodar hasta su última película, Saraband. Es una pieza clave dentro del engranaje bergmaniano.

Actores norteamericanos

Aunque el cine de Bergman es esencialmente sueco, en dos ocasiones ha contado con la interpretación de sendos intérpretes norteamericanos. Tanto en El huevo de la serpiente como en La carcoma, Bergman incluyó en el reparto a dos actores ya icónicos, en la primera a David Carradine, a priori en las antípodas del estilo y sentir bergmanianos, y en la segunda a Elliott Gould, intérprete a quien más de uno recordará por su personaje de padre de familia en la serie Friends.

El verano

Ahora que muchos alumnos están inmersos en el período estival, qué mejor momento para acercarse a la obra de Ingmar Bergman que a través de sus muchas películas sobre la estación más cálida del año. Tanto Un verano con Monika, como Sonrisas de una noche de verano o incluso Juegos de verano pueden ser un magnífico preludio para cintas fundamentales en la historia del cine como Persona, El séptimo sello o Fanny y Alexander.

Libro “Universo de Ingmar Bergman”

En la pasada edición de la Feria del Libro, Lucía Tello presentó el libro Universo de Ingmar Bergman de la editorial Notorious, un volumen sobre este maestro cinematográfico capaz de seducir a todos los públicos.

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