Lucía Tello nos sumerge en el cine clásico a través de ‘El Universo de John Ford’

Hace años que Lucía Tello, docente de UNIR, se dedica al estudio del cine en todas sus vertientes. Su vocación cinematográfica y su ilusión por adentrarse en la obra de uno de los maestros de Hollywood la han llevado a participar en el libro ‘El Universo de John Ford’, recientemente publicado.

En palabras de Tello, “John Ford no solo se merece un libro, se merece toda una biblioteca. Y lo hace porque es un maestro del cine en toda la extensión de la palabra”.

¿Cómo surge la idea de realizar un libro sobre este prestigioso director de cine?

Siempre es una buena ocasión para hablar de cine clásico, ese cine que todos hemos visto y que, de alguna manera, ha marcado nuestra forma de ser y de pensar. Por suerte, la editorial Notorious tiene una colección magnífica de autores clásicos denominada “Universo de” y, después de abordar la obra de otros grandes cineastas como Billy Wilder, Alfred Hitchcock o Fritz Lang, llegó el merecido turno de John Ford.

Para él no había nada imposible, como decía John Wayne; consiguió elevar el western a categoría de arte, un género denostado antes de que lograra cambiar la percepción de su naturaleza.

A mis alumnos de los Grados de Comunicación y de Humanidades, y muy especialmente a los del Máster de Creación de Guiones Audiovisuales, siempre les insisto en la importancia de esos años en los que se cimentó la conceptualización del cine que conocemos hoy en día. Hubo una etapa en la que todo estaba por construir y John Ford fue uno de esos primeros arquitectos.

¿Cómo te involucraste en la redacción de la obra?

Tengo la inmensa suerte de haber publicado con Notorious otro libro sobre cine español, así como unos cuantos libretos para la colección de clásicos en DVD de El Corte Inglés y de Grandes Directores del diario ABC. Con la misma editorial he firmado libros en la Feria del Libro de Madrid y he hecho presentaciones en La Acadèmia del Cinema Català o en la librería 8 y ½. Así que, cuando me propusieron participar en un libro como este, no lo dudé ni un segundo, sabía que iba a ser un volumen sobresaliente.

¿Cuál ha sido tu papel en el libro?

El libro está estructurado en torno a las obras más relevantes de John Ford. Algo que, en el caso de cualquier cineasta clásico, podría limitarse a la selección de unas diez o quince cintas. Sin embargo, hablamos de un director que rodó más de 130 películas, muchas de las cuales constituyen la cúspide del cine de todos los tiempos. Esto ha supuesto disponer el libro de manera integral para analizar sus películas, sus temas clave, sus actores fetiche, todo.

A este respecto, mi labor ha sido la de abordar dos de las películas que más me gustan de él, El doctor Arrowsmith (1931) y Cuatro hombres y una plegaria (1938). Sé que muy poca gente las habrá visto, pero por eso precisamente las elegí; porque en ellas se aprecian indiscutiblemente otras vertientes plásticas que también posee el cine de Ford, y que poco o nada tienen que ver con lo comúnmente entendido como ‘fordiano’.

¿Por ejemplo?

Se aprecia la influencia que Friedrich W. Murnau tuvo en la Fox (y, por ende, en el cine americano) cuando llegó a Hollywood. De hecho, se convirtió en una auténtica inspiración para Ford.

Además, el aspecto estético de estas dos producciones es tan heterodoxo que no solo remite al expresionismo, sino al art decó, a Moana (1926) de Flaherty o al exotismo de la pintura de Gauguin. En resumen, se trata de un cine muy alejado de los prototipos que el público asume como fordianos. Quien crea que Ford se limita a rodar en Monument Valley o en los páramos irlandeses está muy equivocado.

¿Qué ha supuesto este proyecto?

Ante todo, un auténtico privilegio. No todos los días se participa en un libro en el que escribe una Premio Planeta como Espido Freire o figuras fundamentales en la cultura cinematográfica como Miguel Marías, José Luis Sánchez Noriega, Carlos Marañón, Gerardo Sánchez, Juan Carlos Laviana, Quim Casas u Oti Rodríguez Marchante. Por no mencionar a Eduardo Torres Dulce, Ramón Freixas, Víctor Arribas o Fernando R. Lafuente. Este libro es una ocasión única para reunir a todos aquellos que hemos consagrado nuestra vida al cine y que, cada uno a su modo (televisión, prensa, radio, universidad), lo homenajeamos cada día.

¿Por qué recomendarías esta publicación a tus alumnos de UNIR?

Porque John Ford es enseñanza cinematográfica en estado puro. Si mis alumnos me confesasen que han visto e interiorizado las 132 películas de Ford, les diría que ya tienen la mitad del curso aprendido, porque Ford abarca desde la sencillez honesta del cine mudo hasta la sofisticación pulcra de una obra como Centauros del desierto. En él se concentra toda la sabiduría del cine, pero también de la literatura, con grandes adaptaciones de premios Nobel y Pulitzer. En su cine destaca el arte, la fotografía y la actuación. John Ford es también el rostro de Maureen O’Hara, de John Wayne, de David Niven, de Loretta Young, de Henry Fonda, de Spencer Tracy o de Katharine Hepburn. John Ford es una parte fundamental del cine.

¿Cuáles son las películas maestras, desde el punto de vista del guion, de John Ford?

Lo paradójico es que no se prodigaba mucho en la palabra. Sus guiones eran muy escuetos y sus personajes apenas sostienen conversaciones largas. Esto no significa que no diera importancia a los guiones, ni mucho menos, sino que tenía una forma muy particular de entender la narración cinematográfica. No tenía storyboards, no los necesitaba; tampoco hacía acotaciones o comentarios a los guiones y prefería no rodar aquello que sabía que no iba a utilizar. Era muy lacónico y sintético, y eso demuestra que tenía toda la película en su cabeza antes de rodarla, era un genio.

Desde el punto de vista del guion, mencionaría en primer término Las uvas de la ira (1940. También El hombre que mató a Liberty Valance (1962). Sin duda, una de mis favoritas es Centauros del desierto (1956). Y cómo no, El doctor Arrowsmith, una dignísima adaptación del libro de Sinclair Lewis, realizada por Sidney Howard.