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Memoria, identidad y futuro: la importancia del patrimonio cultural y natural

El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) impulsa cada 18 de abril el Día Internacional de los Monumentos y Sitios. Dos académicas de UNIR abordan la importancia de este legado.

El patrimonio es el legado tangible e intangible de la memoria de una sociedad, de una nación o incluso de toda la humanidad. Por lo tanto, no es un concepto individual, sino un bien compartido.

“El patrimonio es parte de los valores de una comunidad. Conforma su identidad y su memoria. Por ello es importante concienciar al ciudadano de su importancia”, subraya Elena Pérez Álvaro, miembro del ICOMOS-ICUCH (Patrimonio Cultural Subacuático) y docente del Máster en Gestión del Patrimonio Cultural de UNIR.

Los mejores garantes de la conservación de los monumentos y de los sitios de interés son los propios ciudadanos, según la coordinadora del máster, Jenny Pérez Marrero.

Dentro del patrimonio tangible se encuentran los bienes culturales, naturales o mixtos, es decir, aquellos que forman parte de un entorno natural. Este engloba monumentos, diversos conjuntos como ciudades y pueblos, lugares arqueológicos, paisajes e itinerarios culturales, sitios naturales, reservas de la biosfera o geoparques, así como patrimonios subacuáticos.

España, paraíso patrimonial

La conservación y restauración de estos elementos depende en gran medida de la nación que los gestione y de su tradición cultural. Elena Pérez lo ilustra con un ejemplo. En ciertos países se prefiere que las modificaciones en una iglesia, por ejemplo, sean ostensibles y evidentes. Emplean ladrillo o incluso metales, materiales diferentes a los originales para que salten a la vista las nuevas incorporaciones a la restauración.

“Hay naciones, no obstante, en las que se prefieren ocultar para que el visitante crea que la iglesia se conserva de esa manera desde la época medieval”, dice.

Teide

España asegura su conservación monumental gracias al Observatorio ICOMOS del Patrimonio, un espacio de recogida, análisis y difusión de información sobre el estado, la gestión y la tutela del patrimonio.

Se trata de un proyecto colaborativo, participativo y de debate entre sus miembros, así como de un actor didáctico, y de ayuda y soporte para la mejora de la conservación del patrimonio nacional. “Un instrumento orientado a identificar buenas prácticas y a detectar aquellos casos en los que se puedan poner en peligro los bienes culturales”, reitera la docente.

Con 48 bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, Pérez Álvaro recuerda que España es el tercer país del mundo con mayor número de bienes declarados. Algunos de los más antiguos son la Alhambra, el Generalife y el Albaicín de Granada (1984, ampliado en 1994), el Monasterio y sitio de El Escorial en Madrid (1984) o la Ciudad histórica de Toledo (1986).

El Parque Nacional de Doñana (1994, 2005) y el Paisaje cultural de Aranjuez (2001) son algunos de los sitios naturales más importantes del país. Pérez destaca igualmente el arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica (1998) o la Universidad y recinto histórico de Alcalá de Henares (1998). Además, son internacionalmente conocidas las casas colgantes de Cuenca (1996).

La conservación de toda esta riqueza es, sobre todo, una cuestión de política de prevención, según Jenny Pérez.

“Las administraciones públicas son cada vez más conscientes de que es mejor evitar los daños que generen, a su vez, obras de restauración de grandes costes y que, en ocasiones, no consiguen revertir las perdidas de los valores”, destaca la coordinadora del posgrado. Las corporaciones privadas son también conscientes de este tratamiento.

El Escorial

Una construcción colectiva

Pero el patrimonio es también un proceso, añade la profesora Pérez Álvaro. Algunos autores establecen incluso que es realmente una invención, una construcción social: son los ciudadanos quienes convierten a un objeto o a un edificio en patrimonio a causa de un valor histórico, artístico, cultural o creativo, entre otros.

“Si el patrimonio está protegido además por un marco legal, entonces la sociedad se asegura de que el patrimonio será conservado para las próximas generaciones”, recalca la docente de UNIR.

La sociedad es parte así del proceso de formación de este patrimonio, sean o no conscientes de ello. La Convención del Patrimonio Mundial (1972) establece, de hecho, que “el deterioro o la desaparición de un bien del patrimonio cultural y natural constituye un empobrecimiento nefasto del patrimonio de todos los pueblos del mundo”.

La Carta de Venecia de 1964 determinó, asimismo, que la noción de monumento histórico comprendía no solo la creación arquitectónica aislada, sino también el conjunto urbano o rural que atestigua una civilización particular, una evolución significativa o un acontecimiento histórico, explica Pérez Álvaro.

“La Carta enfatiza no solo en las grandes creaciones, sino también en las obras modestas que han adquirido con el tiempo una significación cultural”, observa.

La amenaza del cambio climático

“Patrimonio y Clima” será el tema del Día Internacional de los Monumentos y los Sitios de este 2022. ICOMOS ya reconoció el potencial del patrimonio cultural para desarrollar una acción climática inclusiva, transformadora y justa en su declaración sobre el Patrimonio Cultural y la Emergencia Climática de 2020.

Pérez reconoce la importancia capital de este tema: “Los efectos del cambio climático en nuestro patrimonio no son un problema del futuro. Ya estamos viendo esos efectos”.

Es el caso de Tuvalu, un pequeño país en Oceanía compuesto por cuatro arrecifes de coral y cinco atolones que abarcan 26 kilómetros cuadrados y en los que viven casi 12.000 personas. Apenas se eleva cinco metros sobre el nivel del mar. La nación corre el riesgo de quedar completamente sumergida en los próximos años debido al cambio climático.

Australia ha invitado a los tuvaluanos a establecer sus hogares en su territorio. Pero la experta advierte de otros daños profundos y sensibles al respecto: “La identidad tangible de Tuvalu se vería modificada. Sus templos, sus hogares, sus plazas… Todo quedaría bajo el océano. Pueden construir otros, pero su memoria y su identidad se verían obligatoriamente transformadas”.

Identidad como ciudadanos de sus propias ciudades y pueblos, como miembros de una comunidad con un pasado propio y tangible, visible en su patrimonio cultural.

Tuvalu

Tuvalu

Tuvalu y otros pequeños estados insulares, muchos de ellos en el Pacífico, representan un ejemplo extremo de los daños que el cambio climático ejerce y seguirá ejerciendo sobre el patrimonio cultural.

“El cambio climático tiene el potencial de aumentar el nivel del mar lo suficiente para (el año) 2100 como para inundar 136 lugares considerados por la UNESCO como tesoros culturales e históricos”, alerta la investigadora.

Se va exponiendo, además, el patrimonio subacuático. En España, por ejemplo, el pecio fenicio Mazarrón II, hundido frente a las costas de Cartagena (Murcia), se descubre poco a poco por los cambios en las corrientes oceánicas. Hace 25 años se encontraba a unos seis metros de profundidad. Ahora se encuentra a apenas 1,8 metros, precisa la docente.

Unión de esfuerzos

Sin embargo, la conservación del patrimonio cultural puede impulsar la acción climática. Muchos edificios, ciudades, lugares naturales o sitios arqueológicos terrestres o sumergidos son continuamente monitorizados. Proporcionan, por lo tanto, información y datos relevantes que pueden resultar importantes para combatir el cambio climático.

Elena Pérez apela a la unión de esfuerzos en esta lucha, que ofrecerá soluciones más amplias: “Los instrumentos jurídicos que rigen el patrimonio cultural deberían incluir políticas para mitigar los efectos del cambio climático”, añade.

“La cooperación entre diferentes organizaciones (biólogos, oceanógrafos, arqueólogos e ingenieros) puede crear una sinergia a la hora de informar activamente sobre los procesos y proponer medidas de adaptación que podrían establecer soluciones para poder remar en la misma dirección”, asegura.

El Máster Universitario en Gestión del Patrimonio Cultural y Natural de UNIR abarca todas estas cuestiones desde un enfoque integral e internacional.

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