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Educación universitaria, auditorio lleno borroso

Tupananchiskama: O cómo los docentes aprendemos a decir ‘hasta luego’

Lucía Tello Díaz, profesora del Máster en Creación de Guiones Audiovisuales comparte sus reflexiones de la docencia, este curso y lo que ha aprendido de sus alumnos multiculturales.

Para alguien que, como yo, basa su vida en algo tan sutil como la escritura, los signos de puntuación cobran una importancia vital. Entre ellos, el punto y seguido es de una utilidad asombrosa, porque marca un antes, pero también un después. La docencia es, en parte, también eso: lapsos que comienzan y que terminan sin que parezca que existe mayor continuidad que la del propio ciclo de vida de cada curso. Ser docente es vivir varias vidas, una por cada curso que se inicia.

Un curso enriquecedor

Este año, mis alumnos del Máster en Creación de Guiones Audiovisuales me ha brindado innumerables ocasiones de alegría, incluso la espléndida ocasión de enriquecerme con el cine y el vocabulario provenientes de los más diversos lugares de la geografía humana. Ni se figuran la ganancia que esto supone. Con sus ansias de conocimiento y su hambre de cine he aprendido mucho más de lo que les he enseñado.

La ventaja de los alumnos con alta motivación es que prenden cada día la mecha de mi cinefilia. Todos avanzamos, cada uno a su ritmo, pero en la misma dirección. Aunque en cada sesión he abordado lo que estaba pautado por la programación del curso, al mismo tiempo, nuestro temario se ha ampliado hasta límites insospechados. Sin obviar hitos históricos como los Lumière, el neorrealismo o incluso Tarantino, por qué no hablar de otras cinematografías, de otros nombres, de otros relatos. Por qué no buscar entre nuestra propia memoria la respuesta a tantos interrogantes que plantea la historia. Por qué no pensar en global indagando, precisamente, en lo que nos resulta más local.

Educación, profesora orgullosa

Con la pandemia, lejos y cercanos a la vez

Ha sido un año de pandemia, de cierres perimetrales, de confinamientos; un año de cortometrajes con mascarilla (o barbijos o tapabocas), con alumnos que han hecho viajar mi mente hasta el horizonte de Ecuador, de Perú, de Suiza, de Colombia y de otras partes de una España que en este contexto me parece remota. En este curso hemos recalado en espacios ignotos de la cinematografía mundial, entresacando el porqué de que nos sean tan ajenos. Por qué no conocer a autores y a autoras que pueden engrandecer de semejante modo nuestra forma de entender la vida; por qué no construir también la historia con aquellos que quedaron orillados en el injusto desconocimiento.

Huelga decir que echaré mucho en falta un grupo con el que he disfrutado plenamente de la docencia, entendiendo de manera profunda el verdadero significado de la enseñanza. Con nada se aprende más que enseñando.

Y así, he descubierto cómo se podrían reformular en forma de series las películas de Aaron Sorkin, Christopher Nolan o Pete Docter; he descubierto nuevas formas de conocer Adú o The Prom. He tenido la oportunidad de contestar mil enigmas que se planteaban ad hoc y que me han hecho escudriñar en mi memoria hasta dar con una respuesta que ni recordaba tener. Quizá la clave de todo ello está en la vocación, la que mis estudiantes sienten y la que siento yo también.

Educación universitaria; una profesora con un libro da clase online, se ven varios alumnos en la pantalla del portátil

Una nueva forma de decir «hasta luego»

Todavía no se han realizado los exámenes ni ha llegado la etapa del estrés con la que comienza toda comedia y todo drama, aunque a todos les deseo una resolución de curso tan satisfactoria y benévola como el final de un musical de Mark Sandrich. Pero antes de que eso ocurra, de que llegue el momento de la prueba, quisiera compartir uno de esos conceptos que nuestra magnífica interculturalidad ha permitido que aprenda, un término que ya atesoro y que jamás olvidaré: “Tupananchiskama”.

Este término quechua sustituye nuestro dogmático y fulminante “adiós”. El pueblo inca, lejos de despedirse de esa manera fatídica con la que nos saludamos por estos lares, se alejaban con el término “Tupananchiskama” para indicar que, desde el mismo momento de la partida, ya esperaban el reencuentro. Prácticamente, es un concepto que pospone la conversación “hasta que volvamos a encontrarnos”.

Eso es exactamente lo que yo misma ansío en este momento, dejar que mis estudiantes inicien su vuelo, siendo consciente de que en el mundo profesional terminaremos por reencontrarnos de una manera u otra.

Esto no es un punto final, es un punto y seguido. Queridos alumnos: Hasta que volvamos a encontrarnos. Tupananchiskama.

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