Martes, 09 abril 2019

Los neuromitos: 6 falsas verdades en Educación

Los neuromitos en educación hacen más daño de lo que pensamos. Por eso se han convertido en un motivo de preocupación de cada vez más docentes que trabajan para desterrarlos. ¿Y qué son los neuromitos? Son afirmaciones sobre el cerebro y su funcionamiento, que surgen de malas interpretaciones de los resultados científicos de la neurociencia.

Los neuromitos son tan populares en las aulas como contagiosos. Dadas sus características, en muchas ocasiones se integran fácilmente en el pensamiento de los docentes.

¿Los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo tienen funciones radicalmente opuestas? ¿Una obra de Mozart mejora la capacidad de atención de nuestros hijos?

¿Quién no ha leído alguna vez que usamos solo el 10% de nuestro cerebro, que escuchar a Mozart mejora la capacidad de atención o que los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo tienen funciones radicalmente opuestas?

Afortunadamente, también existen científicos y educadores que investigan el cerebro con sumo rigor. Como bien indica Aitor Álvarez, director académico del Máster Oficial en Neuropsicología online de UNIR, hoy en día existe una “fiebre saludable” por la neurociencia, que viene ganando terreno desde hace años. Sin embargo, también crecen algunas distorsiones.

UNIR, la Universidad en Internet, organizó recientemente una Openclass para abordar el tema de los neuromitos en la educación. Luis Miguel García Moreno, profesor titular del departamento de Metodología de la Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), explicó cómo desterrar los neuromitos y evitar que se contagien de generación en generación. Sobre todo en el ámbito educativo, donde estas creencias erróneas tienen mucho arraigo, siendo los más extendidos los siguientes:

Neuromito 1: Usamos apenas el 10% del cerebro

“La naturaleza es sabia. ¿Crearía un órgano que pesa aproximadamente kilo y medio solo para tenerlo casi de adorno en la cabeza? Utilizamos el 100 por cien del cerebro. Otra cosa es que unos lo utilicen mejor que otros”, indicó García Moreno.

Neuromito 2: El hemisferio izquierdo y el derecho, cada uno ‘a lo suyo’

Siempre se ha dicho que el hemisferio izquierdo del cerebro es el lógico analítico, y que el derecho es holístico y ‘global’.  Hay “argumentos contundentes” para cuestionar esta afirmación, según el experto. Ambos hemisferios están conectados por cientos de miles de axones (que son las prolongaciones que comunican las neuronas entre sí).

El cerebro, entonces, trabaja de manera integrada. Sí es verdad que, en algunos procesos, hay cierta predominancia de uno de los hemisferios sobre el otro. “Pero no es tan categórica como para considerar que cada hemisferio tiene atribuciones totalmente distintas a las del otro”, afirmó.

Neuromito 3: Hay ‘solo’ un hemisferio cerebral que controla el lenguaje

No. Hay muchos circuitos cerebrales que participan en el lenguaje. “Al fin y al cabo, cuando escuchamos una palabra en el oído izquierdo o en el derecho, se ‘procesan’ en el hemisferio contrario.  No hay solo un hemisferio para el lenguaje. Hay uno que trabaja un poco más y otro un poco menos”, explicó el profesor de la UCM.

Neuromito 4: Hay alumnos de ‘hemisferio izquierdo’, y otros de ‘derecho’

Falso. Es un planteamiento erróneo. Aprendemos con todo el cerebro. La capacidad de aprender de cada persona está relacionada con las redes neurales. En el momento en que se conectan dos neuronas entre sí, ya hay posibilidad de aprendizaje. “Esa posibilidad se distribuye por todo el cerebro. Un alumno no utiliza más un hemisferio cerebral que otro para aprender, siempre que no padezca una lesión cerebral o alteración estructural”, indicó.

Neuromito 5: El ‘efecto Mozart’ mejora la atención

“Eso llegó a estar de moda. Alguien publicó una vez un estudio asegurando que si poníamos una sonata concreta de Mozart a nuestros hijos, mejoraba su atención”, recordó el académico de la UCM. El efecto es el mismo que el rock.

Escuchar música provoca un efecto atencional positivo. “Incrementa la atención y la concentración. Son dos cualidades fundamentales para resolver una tarea. Pero tiene una duración muy breve, de apenas unos minutos”.

Neuromito 6: La importancia de los 3 primeros años para el aprendizaje

Cada región, cada circuito del cerebro, tiene sus propias etapas. Tomando el desarrollo de este órgano de un modo global, sí es cierto que hay períodos más acelerados de aprendizaje. “El potencial de aprendizaje es algo mayor para determinados procesos y actividades. Pero esto no es matemático. No existe un calendario concreto para decir: ‘de 0 a 3 años, esto; de tres a seis, esto otro’. Cuando hablamos de neuroeducación no debemos hablar de los primeros tres años de vida, sino de todo el ciclo vital”, manifestó el especialista.

Difíciles de desmontar

García Moreno dejó bien claro que los neuromitos “pueden surgir de malas interpretaciones de investigaciones en el campo de las neurociencias”, pero no siempre sus planteamientos son falsos en su totalidad. También muestran medias o ‘semi’ verdades. “Esos son los más complejos de desmontar”, comentó.

En muchos casos, los neuromitos se sostienen sobre una base cierta, que puede distorsionarse, adornarse, tergiversarse o reinterpretarse.

En infinidad de casos se trata de simplificaciones o malas ‘lecturas’ de resultados y evidencias científicas. Se sostienen sobre una base cierta, que puede distorsionarse, adornarse, tergiversarse, reinterpretarse… El hecho de que un neuromito presente algún resquicio de verosimilitud es lo que hace que sea más difícil de erradicar. En la neuromitología, no todo es blanco o negro”, aseguró el experto.

García Moreno y Álvarez coincidieron en que los docentes “a pie de obra” son los más expuestos a los neuromitos. “En su afán de aplicar, por ejemplo, un programa educativo para el lenguaje, el docente escucha el término ‘neurociencia’ y lo ve atractivo. El problema es que ese profesor no tiene la formación necesaria que le permita discernir entre lo falso y lo verdadero. Por eso es tan importante la capacitación en este terreno”, dijo este último.

“Necesitamos establecer puentes entre el neurocientífico y el educador, en una relación bidireccional. Estaríamos hablando de una disciplina convergente para resolver problemas de aprendizaje en el aula”, finalizaron los académicos.