Víctimas de estafas amorosas online: por qué cualquiera puede caer

Las investigaciones demuestran que no existe una víctima tipo de esta forma de ciberdelincuencia basada en la manipulación emocional. La victimología y la criminología aplicada permiten mejorar la prevención y dar una respuesta adecuada.

El delincuente crea una identidad falsa para iniciar una relación con la víctima a través de internet.Descubre nuestros estudios de Ciencias de la Seguridad

Las estafas amorosas online (romance scams) constituyen una de las modalidades de fraude digital que mayor impacto psicológico generan en las víctimas. A diferencia de otros ciberdelitos de carácter económico, en estos casos el engaño se construye sobre una relación afectiva ficticia, cuidadosamente diseñada para generar confianza y dependencia emocional antes de solicitar dinero o información sensible.

El crecimiento de las aplicaciones de citas, las redes sociales y las plataformas de mensajería ha ampliado las oportunidades para este tipo de delincuencia. Además, la incorporación de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial para generar imágenes, vídeos o incluso conversaciones más creíbles, está aumentando la sofisticación de estos fraudes y dificultando su detección.

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Aunque los medios de comunicación suelen presentar estos casos como historias excepcionales protagonizadas por personas especialmente ingenuas, la investigación científica ofrece una conclusión muy distinta: no existe un perfil único de víctima y que, en determinadas circunstancias, cualquier persona puede ser vulnerable a la manipulación (Bilz, Shepherd y Johnson, 2023).

Desde la victimología, esta constatación resulta especialmente relevante, ya que desplaza el foco desde las supuestas características de la víctima hacia las estrategias de manipulación empleadas por los delincuentes y los procesos de victimización que facilitan el fraude.

¿Qué son las estafas amorosas online?

Las estafas amorosas son un tipo de fraude basado en la ingeniería social. El delincuente crea una identidad falsa -normalmente muy atractiva y creíble- con el objetivo de iniciar una relación sentimental con la víctima a través de internet. Durante semanas o incluso meses desarrolla un vínculo afectivo intenso antes de introducir una petición económica.

Bilz et al. (2023), tras revisar más de cincuenta investigaciones sobre este fenómeno, destacan que los delincuentes utilizan estrategias psicológicas similares que aparecen de forma recurrente en diferentes contextos. Entre las más habituales se encuentran:

  • Demostrar un interés romántico muy intenso desde el inicio.
  • Mantener una comunicación diaria y constante.
  • Compartir supuestas experiencias personales para generar intimidad.
  • Prometer un futuro en común.
  • Evitar encuentros presenciales mediante excusas convincentes.
  • Solicitar ayuda económica cuando la relación ya está consolidada.

La petición de dinero suele justificarse mediante emergencias médicas, problemas laborales, dificultades para viajar o bloqueos bancarios. En ese momento, la víctima no percibe que está realizando una transferencia a un desconocido, sino ayudando a la persona con la que cree mantener una relación sentimental.

El mito de la víctima ingenua

Uno de los principales aportes de la investigación reciente consiste en desmontar la idea de que estas estafas solo afectan a personas con escasa formación o poca experiencia digital.

La revisión sistemática realizada por Bilz et al. (2023) concluye que las víctimas presentan perfiles muy heterogéneos en cuanto a edad, nivel educativo, profesión y situación económica. Del mismo modo, Kassem y Carter (2024) señalan que la evidencia disponible no permite identificar un perfil psicológico único asociado a la victimización.

Este hallazgo tiene importantes implicaciones desde la victimología. Tradicionalmente, la sociedad ha tendido a explicar este tipo de delitos atribuyendo la responsabilidad a la propia víctima mediante preguntas como “¿cómo pudo creer esa historia?”. Sin embargo, este planteamiento ignora que los delincuentes emplean técnicas de manipulación emocional cuidadosamente planificadas que explotan mecanismos psicológicos presentes en cualquier persona.

El éxito de estas estafas depende en gran medida de la capacidad del estafador para construir una relación de confianza prolongada.

¿Por qué cualquiera puede convertirse en víctima?

La investigación identifica diversos factores que, combinados, pueden aumentar la probabilidad de victimización. No se trata de rasgos permanentes de personalidad, sino de circunstancias que incrementan la vulnerabilidad en un momento determinado.

Uno de los factores más relevantes es la vulnerabilidad situacional. Separaciones, divorcios, viudedad, cambios de residencia, jubilación o situaciones de aislamiento social pueden favorecer la búsqueda de nuevas relaciones personales y aumentar la receptividad hacia contactos iniciados en internet (Bilz et al., 2023).

A ello se suma la utilización de técnicas de manipulación emocional. Los delincuentes desarrollan un proceso progresivo de construcción de confianza basado en la reciprocidad, la atención constante, la validación emocional y la creación de urgencia. Desde la cibercriminología, estas estrategias se enmarcan dentro de la ingeniería social, entendida como el uso de la influencia interpersonal para obtener beneficios ilícitos.

El impacto de la victimización: mucho más que una pérdida económica

Aunque el perjuicio económico suele ser el aspecto más visible de estas estafas, la literatura científica coincide en que las consecuencias psicológicas pueden ser incluso más graves.

Drew y Webster (2024a) describen que las víctimas experimentan con frecuencia ansiedad, depresión, sentimientos de culpa, vergüenza, pérdida de autoestima y dificultades para volver a confiar en otras personas. En muchos casos, el duelo no se limita al dinero perdido, sino que incluye la desaparición de una relación que la víctima percibía como auténtica.

Esta circunstancia diferencia las estafas amorosas de otros fraudes económicos. La pérdida afectiva se suma al perjuicio financiero y genera una experiencia compleja de victimización que puede prolongarse durante meses o incluso años.

ciberdelitos La ciberdelincuencia utiliza la manipulación emocional como instrumento para cometer delitos económicos.

Desde la victimología también resulta especialmente relevante el fenómeno de la victimización secundaria. Drew y Webster (2024) señalan que muchas personas afectadas no solo deben afrontar las consecuencias del delito, sino también las reacciones negativas de su entorno, que frecuentemente cuestiona su capacidad de juicio o las responsabiliza del engaño.

Este proceso de culpabilización tiene consecuencias importantes. Muchas víctimas retrasan o incluso evitan denunciar por miedo al estigma social, a la vergüenza o a no ser tomadas en serio por las instituciones. Esta falta de denuncia dificulta conocer la verdadera magnitud del problema y limita las posibilidades de intervención.

Ciberdelincuencia y manipulación emocional

Las estafas amorosas online representan uno de los ejemplos más claros de cómo la ciberdelincuencia utiliza la manipulación emocional como instrumento para cometer delitos económicos.

La investigación desarrollada durante los últimos años demuestra que no existe una víctima tipo y que cualquier persona puede verse afectada cuando confluyen determinadas circunstancias personales y las estrategias de manipulación desplegadas por el delincuente. En consecuencia, el foco debe situarse menos en preguntarse por qué una persona “cayó” en el engaño y más en comprender cómo operan quienes diseñan estas sofisticadas formas de explotación emocional.

Desde la victimología y la criminología aplicada, avanzar hacia una comprensión basada en la evidencia científica permite mejorar la prevención, reducir la victimización secundaria y ofrecer una respuesta más adecuada a quienes sufren este tipo de delitos. Solo desde este cambio de perspectiva será posible combatir un fenómeno que continúa creciendo al mismo ritmo que nuestras relaciones digitales.

(*) Andrea Robles González es coordinadora académica del MU Victimología y Criminología Aplicada de UNIR.

  • Facultad de Derecho

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