Francisco Oleo
Durante más de 30 años ha combatido el crimen desde la Policía Federal de Brasil. Ahora, tras especializarse en terrorismo en UNIR, João Girotto se prepara para iniciar una nueva etapa profesional sin dejar la seguridad y la inteligencia.

Hay personas que estudian para conseguir un título y otras que convierten el aprendizaje en una forma de entender y extender su profesión. João Carlos Girotto pertenece sin duda al segundo grupo. Policía Federal de Brasil durante más de tres décadas, ha hecho de la formación continua una de sus mejores herramientas de trabajo. No busca acumular diplomas, sino comprender mejor unas amenazas que evolucionan al mismo ritmo que la sociedad y que obligan a quienes velan por la seguridad a aprender de forma permanente.
Graduado en Derecho, con un máster en Comunicación y Media y diversos posgrados relacionados con la seguridad pública, las emergencias o la gestión de desastres, decidió ampliar ese recorrido académico cursando el Máster Universitario en Estudios Avanzados en Terrorismo de UNIR. Lo hizo convencido de que ningún país puede considerarse ajeno a un fenómeno que ha demostrado una extraordinaria capacidad para reinventarse y adaptarse.
Su Trabajo Fin de Máster profundizó precisamente en esa capacidad de adaptación. Analizó la estrategia propagandística de Dáesh y el impacto que tuvo en Brasil con la denominada Operación Hashtag, desarrollada en 2016, cuando las fuerzas de seguridad brasileñas desarticularon una célula que pretendía atentar durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Aquella investigación le permitió comprobar que la radicalización ya no entiende de distancias geográficas y que el auténtico campo de batalla se encuentra hoy en el entorno digital.
Ahora afronta la recta final de su carrera en la Policía Federal con el mismo espíritu autoexigente que le han acompañado durante décadas. Piensa seguir trabajando, orientar su experiencia hacia la inteligencia y la contrainteligencia empresarial y, si encuentra el programa adecuado, emprender un doctorado. Porque, como repite varias veces durante esta conversación, el conocimiento es la única inversión que nunca se pierde.
Pregunta: Muchas personas dejan de estudiar cuando terminan la universidad. Usted, en cambio, ha hecho exactamente lo contrario. ¿Qué sigue buscando en cada nuevo título?
Respuesta: Nunca he estudiado por coleccionar diplomas. Siempre lo he hecho para desempeñar mejor mi trabajo.
En una profesión como la policial, dejar de formarse significa quedarse atrás. Porque las amenazas evolucionan constantemente y nosotros tenemos la obligación de evolucionar con ellas. Lo que servía hace 20 años ya no basta para comprender la realidad actual.
A lo largo de mi carrera he buscado especializarme en ámbitos muy distintos —derecho, comunicación, inteligencia, seguridad pública o terrorismo— porque todos aportan una perspectiva diferente. Cuando esos conocimientos se unen, uno adquiere una visión mucho más completa de los problemas.
El Máster en Estudios Avanzados en Terrorismo de UNIR representó precisamente eso: ampliar mi horizonte y comprender un fenómeno que cambia continuamente. Cuando aparece una amenaza terrorista ya no hay tiempo para empezar a aprender. Ese conocimiento debe haberse adquirido mucho antes.
“Cuando aparece una amenaza terrorista ya no hay tiempo para empezar a aprender. Ese conocimiento debe haberse adquirido mucho antes”.
P: Por desgracia, en España hemos convivido durante décadas con el terrorismo y sabemos hasta qué punto el relato también puede convertirse en un arma. Usted sostiene que Dáesh llevó esa idea mucho más lejos.
R: Sin duda. Creo que uno de los mayores aciertos estratégicos de Dáesh fue comprender que la comunicación podía llegar a ser tan importante como las propias acciones terroristas.
Durante mucho tiempo el terrorismo necesitaba un territorio desde el que operar. Dáesh demostró que ya no era imprescindible. Consiguió convertir internet en un espacio desde el que difundir su ideología, reclutar seguidores y proyectar una imagen de fuerza mucho mayor que su verdadera capacidad militar.
Dáesh entendió antes que nadie que podía extender su ideología sin necesidad de controlar físicamente un territorio. Fue una maquinaria propagandística extraordinariamente sofisticada. Aprovechó las redes sociales, las revistas digitales, las plataformas de mensajería y cualquier canal disponible para construir un relato atractivo para miles de jóvenes en distintos países. Ese fue, probablemente, su principal elemento diferenciador.
“Dáesh entendió antes que nadie que podía extender su ideología sin necesidad de controlar físicamente un territorio”.
P: Su Trabajo Fin de Máster analiza precisamente cómo esa propaganda llegó hasta Brasil. Para muchos ciudadanos latinoamericanos, el terrorismo yihadista sigue pareciendo una amenaza lejana.
R: Y, sin embargo, no lo es. La Operación Hashtag, desarrollada en 2016 antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, demostró que Brasil tampoco estaba al margen de ese fenómeno. Las fuerzas de seguridad desarticularon una célula cuyos integrantes habían asumido la ideología de Dáesh y pretendían cometer un atentado durante el mayor acontecimiento deportivo celebrado en nuestro país.
Las fuerzas de seguridad brasileñas pusieron en marcha en 2016 la Operación Hashtag, con la que desarticularon una célula del Dáesh que pretendía atentar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
Aquello puso de manifiesto que la radicalización ya no depende de la proximidad geográfica. Hoy cualquier persona puede acceder desde su casa al mismo contenido propagandístico que otra situada a miles de kilómetros. Internet eliminó las fronteras también para el terrorismo.
P: En su investigación menciona un caso que resume perfectamente esa realidad.
R: Sí. El de una adolescente alemana de 16 años. Es un ejemplo muy ilustrativo porque demuestra hasta dónde puede llegar la influencia de la propaganda digital. Aquella joven abandonó su hogar para desplazarse a Irak después de radicalizarse exclusivamente a través de internet. Nunca había convivido con miembros del Estado Islámico ni había viajado previamente a una zona de conflicto.
Eso demuestra que el proceso de captación ya no necesita contacto físico. Basta con una pantalla.
P: ¿Sigue siendo ese el principal reto para los servicios de inteligencia?
R: Creo que sí. Internet continúa siendo el escenario donde se produce buena parte de la radicalización y el mayor desafío para los servicios de inteligencia. Y existe una dificultad añadida: las primeras señales suelen pasar desapercibidas.
Muchas veces los servicios de seguridad solo detectan el problema cuando la persona ya ha avanzado mucho en ese proceso y ha interiorizado una parte importante de la ideología extremista. Por eso resulta tan importante trabajar sobre la prevención y no únicamente sobre la respuesta.
“Internet sigue siendo el principal escenario de la radicalización y el mayor desafío para los servicios de inteligencia”.
P: En su investigación también compara el perfil de los radicalizados brasileños con el de los europeos. ¿Encontró más diferencias o más similitudes?
R: Muchas más similitudes. Antes de comenzar el estudio pensaba que existirían perfiles bastante distintos debido a las diferencias culturales entre ambos continentes. Sin embargo, los patrones eran sorprendentemente parecidos.
En la mayoría de los casos hablamos de jóvenes de entre 20 y 30 años, con pocas expectativas de ascenso social, procedentes de familias desestructuradas o con antecedentes delictivos.
Eso demuestra que los mecanismos de captación utilizados por Dáesh funcionaban de manera muy similar con independencia del país o del contexto social.
P: Después de todo lo que ha investigado, ¿diría que el terrorismo yihadista sigue siendo la principal amenaza global?
R: Estoy convencido. A veces se transmite la sensación de que Estado Islámico o Al Qaeda han desaparecido, pero no es así. Lo que han hecho es modificar su forma de actuar y desplazar parte de su actividad hacia otras regiones, especialmente África.
Allí encontramos organizaciones terroristas que conviven con redes de tráfico de armas, drogas, personas o recursos naturales, generando escenarios mucho más complejos que los de hace una década.
El terrorismo cambia constantemente. Esa capacidad de adaptación explica, precisamente, que siga representando una de las principales amenazas para la seguridad internacional.
P: Esa evolución obliga también a los Estados a cambiar su forma de responder.
R: Exactamente. Las amenazas evolucionan y la legislación debe evolucionar con ellas.
En Brasil, por ejemplo, considero que todavía tenemos margen para mejorar nuestra ley antiterrorista. Fue aprobada con mucha rapidez antes de los Juegos Olímpicos y necesita incorporar figuras delictivas y herramientas que ya funcionan en otros países.
Pero la legislación, por sí sola, nunca resolverá el problema. La clave está en actuar antes de que aparezca la violencia. Porque el terrorismo no empieza con un atentado, lo hace mucho antes, con la radicalización. El mejor momento para combatir el terrorismo es cuando todavía no existe un terrorista, sino una persona que empieza a radicalizarse.
“El mejor momento para combatir el terrorismo es cuando todavía no existe un terrorista, sino una persona que empieza a radicalizarse”.
P: Habla con frecuencia de la necesidad de anticiparse al terrorismo. ¿Qué papel desempeña la cooperación internacional en esa prevención?
R: Es un papel absolutamente decisivo. El terrorismo no entiende de fronteras y, por tanto, la respuesta tampoco puede limitarse a ellas. Ningún país dispone por sí solo de toda la información necesaria para hacer frente a una amenaza que se mueve con enorme rapidez y que aprovecha cualquier resquicio para camuflarse y adaptarse.
Por eso considero imprescindible que exista una cooperación fluida entre los servicios de inteligencia, las fuerzas policiales y los organismos internacionales. Pero no basta con compartir información; hay que hacerlo con rapidez.
Cuando hablamos de terrorismo, unas horas pueden marcar la diferencia entre impedir un atentado o reaccionar cuando ya se ha producido.
P: Después de una trayectoria tan amplia en el ámbito de la seguridad, ¿qué encontró en el Máster Universitario en Estudios Avanzados en Terrorismo de UNIR para decidir cursarlo? ¿Cómo ha sido la experiencia?
R: Sobre todo, una visión mucho más completa del fenómeno. Había realizado numerosos cursos relacionados con inteligencia, contrainteligencia y seguridad pública, pero el máster consiguió integrar todos esos conocimientos dentro de un mismo marco de análisis.
Ese carácter multidisciplinar fue, probablemente, lo que más me aportó el máster de UNIR. No estudia únicamente el terrorismo desde el punto de vista policial o jurídico, sino que aborda también la radicalización, la comunicación, la financiación, la evolución histórica del fenómeno y las respuestas de los Estados.
Esa visión global permite comprender que el terrorismo no puede analizarse desde una única perspectiva.
Miles de iraquíes tuvieron que desplazarse internamente por la toma de vastas extensiones del territorio de Irak en 2014 por el Estado Islámico.
Además, tuve la oportunidad de aprender de profesores con una enorme experiencia y de compartir conocimientos con compañeros procedentes de distintos países y ámbitos profesionales, lo que enriqueció mucho más el aprendizaje.
“El máster me permitió comprender el terrorismo como un fenómeno complejo, cambiante y multidisciplinar”.
P: ¿Hubo alguna asignatura que cambiara especialmente su manera de entender este fenómeno?
R: Sí. Todo lo relacionado con la radicalización. Muchas veces tendemos a centrar la atención en el atentado, cuando en realidad ese es el final de un proceso mucho más largo.
Comprender cómo comienza una radicalización, qué señales pueden aparecer durante ese recorrido y qué factores favorecen que una persona termine integrándose en una organización terrorista resulta esencial para cualquier profesional de la seguridad.
Esa es, probablemente, una de las enseñanzas que más voy a aplicar en mi futuro profesional.
P: Compatibilizar un trabajo tan exigente como el suyo con un máster internacional no debió de resultar sencillo.
R: No fue fácil, pero la metodología ayudó mucho. Desde el inicio de cada asignatura conocíamos el calendario completo de actividades, trabajos y evaluaciones. Esa planificación permitía organizar el tiempo con suficiente antelación, algo muy importante cuando se trabaja en una profesión donde cualquier imprevisto puede alterar completamente la agenda.
Ahora bien, la organización que ofrece la universidad debe ir acompañada del compromiso personal de cada estudiante. Porque la formación online proporciona flexibilidad, pero también exige mucha disciplina.
Cada semana hay lecturas, actividades, clases y entregas. Si un estudiante deja acumular el trabajo, termina teniendo muchas dificultades para recuperar el ritmo.
La modalidad online no reduce la exigencia académica, ni mucho menos; simplemente traslada una mayor responsabilidad al alumno. Es él quien debe organizarse y mantener la constancia durante todo el programa, con la ayuda del mentor.
En mi caso solo tuve que solicitar una prórroga en una actividad. El resto fue posible gracias a esa planificación previa y a una disciplina que considero imprescindible para cualquier estudiante.
“La modalidad online no reduce la exigencia académica, ni mucho menos; simplemente traslada una mayor responsabilidad al alumno”.
P: Además del máster, también estudió español prácticamente por su cuenta. Después de esta conversación cuesta creer que no haya vivido nunca en España.
R: He aprendido sobre todo leyendo, viendo películas y estudiando de forma autodidacta. Naturalmente sigo cometiendo errores, pero cursar el máster en español también me ayudó mucho a mejorar.
Siempre digo que, si pudiera vivir una temporada en España, probablemente terminaría de perfeccionar el idioma.
P: Dentro de unos meses concluirá su etapa en la Policía Federal. ¿Cómo imagina el futuro de João Carlos Girotto?
R: Lo imagino exactamente igual que el presente: aprendiendo. Toda mi vida profesional ha transcurrido en el servicio público y ahora quiero afrontar un nuevo reto en el ámbito de la inteligencia y la contrainteligencia empresarial.
Creo que todavía puedo aportar experiencia y conocimiento. Y tampoco descarto seguir estudiando. Nunca he entendido el conocimiento como un destino, sino como un camino.
Hay una escena de la película El conde de Montecristo [Kevin Reynolds, 2002] que siempre recuerdo. En ella el protagonista de la novela de Dumas, Edmundo Dantés, pregunta al abate Faria qué es más importante para una persona: la libertad o el conocimiento. La respuesta parece evidente, pero no lo es, porque responde que el conocimiento, porque la libertad pueden arrebatártela, mientras que nadie puede quitarte aquello que has aprendido.
Es una reflexión que me ha acompañado durante toda mi carrera y que resume bastante bien mi manera de entender la vida.
“El conocimiento nunca se pierde. Pueden quitarte muchas cosas, pero nunca aquello que has aprendido”.
Seis cuestiones destacadas
- Formación. “Cuando aparece una amenaza terrorista ya no hay tiempo para empezar a aprender. Ese conocimiento debe haberse adquirido mucho antes”.
- Propaganda. “Dáesh entendió antes que nadie que podía extender su ideología sin necesidad de controlar físicamente un territorio”.
- Internet. “Internet sigue siendo el principal escenario de la radicalización y el mayor desafío para los servicios de inteligencia”.
- Prevención. “El mejor momento para combatir el terrorismo es cuando todavía no existe un terrorista, sino una persona que empieza a radicalizarse”.
- Conocimiento. “El conocimiento nunca se pierde. Pueden quitarte muchas cosas, pero nunca aquello que has aprendido”.
- UNIR. “El máster me permitió comprender el terrorismo como un fenómeno complejo, cambiante y multidisciplinar”.
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