Exposición del pintor nipón en Salamanca, con imagen de Unamuno en el centro de la sala

Miércoles, 13 junio 2018

El pintor Toshima Yasumasa y Shigyo Sosyu, o la historia de una amistad

“Homenaje a Unamuno”, muestra del pintor japonés Toshima Yasumasa (1934-2006) puede verse en estos días en el Centro Cultural Hispano-Japonés de Salamanca; hasta la fecha, ha recibido la muy notable cifra de 2000 visitas.

Para los que amamos las artes, el hecho de descubrir las vivencias intensas de ciertos pintores, resulta especialmente gozoso. Pienso ésto a raíz de la muestra de Yasumasa: un legado artístico que es ejemplo de la destacada producción de un pintor como él, que amó nuestro país y en el Sur encontró ese “tacto de la tierra en mis manos”, que le dio sentido a su obra.

La exposición ha llegado a Salamanca doce años después de la muerte del artista, gracias a la generosidad de su principal mecenas: Shigyo Sosyu, fundador de la Galería Conmemorativa que lleva por nombre el del pintor, al que tanto admiró, más allá de la amistad que les unió.

Admiración llevada hasta el extremo, si tenemos en cuenta que Shigyo adquirió 800 de las obras de Yasumasa, rescatadas y reunidas hoy en su galería de Tokio; a ellos les unió su admiración por Unamuno, el amor por la vida y el arte, y la amistad: “Esas lágrimas que se vierten cuando nos aferramos a algo que queremos llevar a cabo se irguieron como columnas y sustentaron nuestra amistad”, reconoce Shigyo Sosyu. (De hecho, el retrato de Sosyu soñando  llama especialmente la atención).

 Toshima Yasumasa encontró en España  aquellas claves que su pintura necesitaba; llega a Granada en 1974 y de inmediato, queda conmovido por los rostros de sus gentes, por sus costumbres, por su pasado artístico.

De esta forma, descubre en Velázquez y en Goya esas “notas” con las que forjar sus nuevos trabajos tan inspirados en el pensamiento de Unamuno, el modo de dar forma a sus nuevas inquietudes vitales y artísticas; de hecho, la tercera sección de la muestra (“Amor y dolor”), gira en torno al “Cristo de Velázquez” de Unamuno (obra que, por cierto, acaba de ver la luz, traducido al japonés, por la propia comisaria de la muestra, Misaki Abe).

Durante los 30 años que vivió en España Yasumasa fue enriqueciendo su lenguaje pictórico

Así, durante los 30 años que vivió en nuestro país, Yasumasa fue enriqueciendo su lenguaje pictórico, la poderosa huella de la pincelada oriental (decidida y meditada, a la vez), con ese gesto y ese drama que caracterizaría sus mejores trabajos.

“Quisiera pintar el alma humana”

El artista no se detuvo en cuestiones nimias, no se recreó en los detalles, sino que intentó plasmar realidades de mayor calado, como el sufrimiento o el sentido de la vida; el mismo pintor afirmó: “Quisiera pintar el alma humana”.

La comisaria de la muestra, Misaki Abe, ha destacado esa conexión directa que se establece entre el sentido de la vida reflejado por Unamuno y el sentimiento de tristeza que asola a los personajes de Yasumasa; una profundidad de la mirada y una captura de la soledad que también detectamos en algunas de las fotografías de interiores de estancias o de algunos desnudos de mujer que el artista realizó.

En la inauguracion la violinista Lina Tur interpretó piezas de Bach

En la inauguracion la violinista Lina Tur interpretó piezas de Bach

La exposición, tras su paso por la Embajada de España en Japón (2015) y por la sede del Instituto Cervantes en Tokio (2017), cierra su recorrido en Salamanca; de esta forma, se sellan 150 años de relaciones diplomáticas entre nuestro país y Japón, relaciones también, de sincera amistad. La ocasión es inmejorable, ya que en el propio Unamuno ya estaba latente ese interés por la caligrafía y la cultura japonesas, mientras que Yasumasa encontró en nuestro país el detonante que necesitaba para que su pintura continuase en expansión.

Ojalá que puedan llegar en un futuro nuevas propuestas de intercambio cultural entre naciones, siempre interesantes y favorables para ambas culturas.