Jorge Arana Varona
La egresada del Máster en Literatura Española y Latinoamericana de UNIR publica Asombro, un poemario que nace de la lectura, la observación y un proceso de depuración donde escribir implica, sobre todo, aprender a descartar.

Antes de escribir, Rocío Expósito necesitaba leer. No como un paso previo calculado, sino como una forma de entender qué había detrás de los textos que le interesaban. Su paso por el Máster en Literatura Española y Latinoamericana de UNIR fue, en ese sentido, un ejercicio de inmersión: una manera de afinar la mirada y situarse dentro de una tradición.
La escritura llegó después, de forma progresiva y sin un punto de ruptura claro. Durante mucho tiempo, sus textos convivieron con cierta distancia, casi con pudor. El cambio no fue tanto empezar a escribir como empezar a leerse con exigencia: aplicar a sus propios poemas el mismo criterio con el que analizaba a otros autores.
El resultado de ese proceso es Asombro, su primer poemario. Un libro que se construye desde la atención a lo cotidiano y desde una idea clara: un conjunto de poemas solo se convierte en obra cuando existe una estructura, un ritmo y una coherencia que obligan, muchas veces, a renunciar a lo que no encaja.
Encontrar una voz propia
Desde UNIR Revista hemos tenido la oportunidad de hablar con la egresada Rocío Expósito sobre su proceso creativo, el papel del Seminario de Escritura Poética y el camino hasta la publicación de Asombro.
Pregunta: ¿Qué te llevó a estudiar Literatura Española y Latinoamericana antes de dar el salto a escribir tu propio poemario?
Respuesta: Antes de escribir, necesitaba leer y entender de dónde venía todo lo que me interesaba. La literatura siempre fue una forma de hacerme preguntas sobre el mundo, y el máster me permitió entrar en esa conversación de manera más consciente. No lo viví como un paso previo a escribir, sino como una forma de afinar la mirada. La escritura llegó después, casi como una consecuencia natural.
P: ¿En qué momento dejaste de analizar textos ajenos y empezaste a tomarte en serio los tuyos?
R: Fue un proceso progresivo. Durante mucho tiempo escribía sin darme demasiada importancia, casi con pudor. El cambio vino cuando empecé a releer mis propios textos con la misma exigencia con la que leía a otros autores. Ahí entendí que escribir también es un trabajo que requiere tiempo, revisión y criterio.
P: ¿Qué significa Asombro como concepto central del libro y cómo se traduce en los poemas?
R: Tiene que ver con una forma de estar en el mundo, con la capacidad de detenerse antes de que las cosas se vuelvan costumbre. En los poemas se traduce en una atención muy concreta a lo que nos rodea: el paisaje, los gestos mínimos, lo aparentemente insignificante. Me interesa esa mirada que rescata la belleza de lo cotidiano sin necesidad de explicarla.
P: ¿Hasta qué punto tu formación académica influyó en tu forma de escribir: ayuda o lastre?
R: Ha sido, sobre todo, una ayuda, aunque a veces también puede convertirse en un obstáculo. La formación te da herramientas y referencias, pero también puede generar una autoexigencia excesiva o una tendencia a intelectualizar demasiado. El equilibrio está en saber olvidar lo aprendido en el momento de escribir, para que el poema respire.
P: ¿Qué aprendiste en el Seminario de Escritura Poética que no habrías conseguido por tu cuenta?
R: Aprendí a mirar mis textos con más distancia y rigor. El intercambio con otros escritores es fundamental porque te obliga a salir de tu propio punto de vista. También aprendí a eliminar sin miedo. A veces escribir consiste más en quitar que en añadir.
P: ¿Qué decisiones difíciles tuviste que tomar al seleccionar o descartar poemas para el libro?
R: Renunciar a poemas que significaban mucho para mí, pero que no encajaban en el conjunto. Entendí que un libro no es una suma de textos, sino una estructura con ritmo y coherencia. Eso exige ser bastante implacable en la selección.
P: ¿Hubo algún momento en el que pensaste que el proyecto no iba a salir adelante?
R: Sí, hubo dudas sobre el valor de lo escrito. Creo que forma parte del proceso. La escritura es un espacio frágil y convives con esa incertidumbre constantemente. Pero también hay algo que insiste y te hace seguir.
P: ¿Cómo equilibras la voz propia con la influencia de autores que has estudiado en el máster?
R: La influencia es inevitable y necesaria. Escribimos dentro de una tradición. Con el tiempo, esas voces se van sedimentando y dejan de ser tan visibles. La voz propia aparece cuando dejas de intentar parecerte a alguien, aunque todo lo leído siga ahí.
P: ¿Qué cambia cuando pasas de escribir para ti a escribir para ser leída?
R: Aparece la conciencia del otro. Cuando escribes solo para ti, el texto puede ser más íntimo o desordenado. Cuando sabes que alguien va a leerlo, surge una responsabilidad distinta con el lenguaje y la forma. Aun así, intento que esa conciencia no interfiera en el momento inicial.
P: ¿Qué consejo le darías a alguien que tiene formación literaria pero no se atreve a publicar?
R: Que no espere a sentirse completamente seguro, porque ese momento no suele llegar. Publicar es más una apertura que una afirmación. Y que se rodee de lectores de confianza que le ayuden a mirar su trabajo con honestidad.
Casos como el de Rocío Expósito evidencian que escribir no es solo una cuestión de impulso creativo, sino también de lectura, criterio y capacidad de renuncia. Convertir textos en un libro implica entender que la escritura no termina en la primera versión, sino que se construye a través de la revisión y la selección consciente.
El Seminario de Escritura Poética, en el marco del Máster en Literatura Española y Latinoamericana de UNIR, incide precisamente en ese proceso: dotar a los alumnos de herramientas para leer(se) con exigencia y transformar una práctica individual en una obra con coherencia, estructura y voz propia.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






