Inmaculada Delage González
El hallazgo de una copa romana en Berlanga de Duero no solo aporta información sobre el Imperio, sino que muestra cómo la arqueología actual combina ciencia, tecnología y análisis histórico para reconstruir el pasado con precisión.

A finales de abril se dio a conocer un descubrimiento singular en Berlanga de Duero: una pequeña copa romana que, lejos de ser un objeto más, abre una ventana tanto al pasado como a las formas actuales de investigarlo.
La llamada copa de Berlanga, fechada en el siglo II d. C. y fabricada en Britania —actual Reino Unido—, pertenece a un grupo extremadamente raro de vasos esmaltados vinculados al Muro de Adriano.
De hecho, es la única de las cinco copas conocidas que conserva inscripciones de los fuertes orientales de esta frontera. Todo indica que fue traída a la península ibérica por un militar celtíbero tras servir en uno de los límites más remotos del Imperio romano.
En este sentido, la pieza puede interpretarse como un “souvenir” antiguo, cargado de memoria personal y significado simbólico.
Más que un objeto: un ejemplo de arqueología contemporánea
Más allá de su valor histórico, lo realmente relevante del hallazgo es cómo se ha investigado. La copa de Berlanga no solo nos habla del siglo II, sino también de la arqueología del siglo XXI.
El análisis comenzó por la materia. Mediante técnicas arqueométricas como la fluorescencia de rayos X portátil, los investigadores determinaron la composición de la aleación metálica y de los esmaltes sin dañar la pieza.
Este primer paso permitió comprender su proceso de fabricación y plantear nuevas preguntas sobre el origen de los materiales.
Rastrear el origen: ciencia al servicio de la historia
Para profundizar en esta cuestión, se recurrió a análisis isotópicos mediante espectrometría de masas, una técnica que permite identificar el origen geológico de los elementos presentes en el objeto.
Los datos se compararon con bases de datos de minas romanas utilizando modelos matemáticos, lo que permitió señalar como procedencia probable el norte de Inglaterra o Gales.
Es decir, no solo el estilo apuntaba a un origen britano: la propia composición material de la copa lo confirmaba.
Reconstrucción digital: del fragmento al objeto completo
La pieza llegó fragmentada y deformada, lo que dificultaba la comprensión de su forma original. Aquí entró en juego una de las herramientas clave de la arqueología actual: la virtualización.
Mediante fotogrametría de alta resolución, se generó un modelo digital preciso, un auténtico “gemelo virtual” del objeto. A partir de este modelo, técnicas de reconstrucción tridimensional permitieron ensamblar los fragmentos y recuperar su volumen original.
Este proceso no solo facilitó el análisis formal, sino que permitió “desplegar” la superficie curva en una imagen plana, mejorando significativamente el estudio de la inscripción.
Gracias a ello, se pudieron identificar detalles epigráficos que habrían pasado desapercibidos con métodos tradicionales.
El contexto arqueológico: mirar más allá del objeto
El lugar del hallazgo también fue objeto de investigación. En el paraje conocido como “La Cerrada de Arroyo”, se aplicaron técnicas de prospección no invasiva como el georradar, capaz de detectar estructuras enterradas sin necesidad de excavar.
Los resultados sugieren la existencia de un posible complejo rural, probablemente una villa, que ayudaría a contextualizar la presencia de la copa en ese entorno.
A estas técnicas se sumaron métodos más clásicos, como la recogida sistemática de materiales en superficie o el análisis de fotografías aéreas históricas, útiles para identificar estructuras invisibles a simple vista.
Comparación y análisis: situar la pieza en su contexto
El estudio de la inscripción y la decoración se abordó desde la epigrafía y el análisis comparativo. La morfología de las letras, su técnica de incisión y los motivos decorativos se contrastaron con otras piezas similares, como la conocida Copa Rudge.
Este análisis permitió situar la copa de Berlanga dentro de esta rara serie asociada al Muro de Adriano, reforzando su singularidad dentro del conjunto arqueológico.
El resultado del proceso es significativo. La copa de Berlanga no es solo un objeto antiguo, sino el resultado de una investigación que combina laboratorio, tecnología digital y trabajo de campo.
Este caso ilustra cómo la arqueología ha dejado de ser exclusivamente una disciplina basada en la excavación para convertirse en un campo profundamente interdisciplinar, donde convergen ciencia, tecnología y humanidades.
Una historia antigua, contada con herramientas actuales
Quizá ahí reside el mayor interés de este hallazgo. La copa no solo nos habla de un soldado que recorrió el Imperio hace casi dos mil años, sino también de cómo hoy somos capaces de reconstruir esas trayectorias con herramientas cada vez más precisas.
En este sentido, el objeto funciona como un doble testimonio: del pasado que representa y del presente desde el que lo interpretamos.
Referencias bibliográficas
- De Pablo Martínez, R.; De Luis Mariño, S.; García Sánchez, J.; Montero Ruiz, I. y Aparicio Resco, P. (2026) The Berlanga Cup. New evidence of Hadrian’s Wall pans found in Hispania Citerior (Spain). Britannia. DOI: 10.1017/S0068113X26100701
(*) Inmaculada Delage González, docente UNIR. Licenciada en Historia y Doctora en arqueología, ha participado en varias excavaciones en España, Italia y Egipto. Forma parte de los equipos de excavación de las ciudades romanas de Los Bañales, Santa Cruz de Eslava y el Templo de Millones de Años.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






