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Suspendí todo en COU y terminé dedicando mi vida a enseñar

Nominada al Premio Nacional a Mejor Divulgadora de Formación Profesional, Isabel Fernández Solo de Zaldívar reflexiona sobre su trayectoria docente y sobre cómo una etapa marcada por el fracaso académico terminó definiendo su vocación profesional.

La educación consiste en descubrir posibilidades que antes parecían invisibles.Descubre nuestros estudios de Educación

Suspendí todas las asignaturas en la primera evaluación de COU. Todas. No una. No dos. Todas.

Han pasado muchos años desde entonces, pero todavía recuerdo perfectamente aquella sensación. La de pensar que no servía para estudiar. La de creer que los demás tenían algo que a mí me faltaba. La de sentir que el sistema ya había emitido un juicio sobre quién era y sobre lo que podía llegar a ser.

Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas

Tenía diecisiete años y estaba completamente perdida. Sin saberlo, aquella experiencia acabaría marcando el resto de mi vida y mi relación con la educación.

La decisión que cambió mi futuro

Conseguí sacar el curso adelante. A veces me preguntan cómo lo hice y la verdad es que no tengo una respuesta clara. Lo que sí sé es que, en algún momento de ese proceso, tomé una decisión que entonces parecía pequeña y que terminó transformándolo todo.

Decidí que ningún alumno debería atravesar una situación como aquella sin que alguien estuviera a su lado para recordarle que sí podía lograrlo. No pensaba en dedicarme a la enseñanza. Ni siquiera sabía qué quería hacer con mi vida. Pero esa idea se quedó conmigo.

Y aquí sigo, más de veinticinco años después.

Lo que me enseñó aquel fracaso

Con el tiempo me he convertido en doctora, investigadora, jefa de departamento en un centro de Formación Profesional de Navarra y docente en UNIR. He participado en proyectos educativos, coordinado prácticas, impulsado iniciativas de FP Dual, desarrollado investigación y colaborado con universidades, instituciones y administraciones.

Este año, además, he recibido una nominación al Premio Nacional a Mejor Divulgadora de Formación Profesional.

Sin embargo, cuando pienso en todo ello, siempre vuelvo a aquella estudiante que suspendía todas las asignaturas y que estaba convencida de que no llegaría demasiado lejos. Porque muchas de las cosas que hoy entiendo sobre la educación nacieron precisamente de aquella experiencia.

Aprendí que las dificultades académicas no definen a una persona. Aprendí que el talento no siempre aparece cuando el sistema espera que aparezca. Y aprendí, sobre todo, que detrás de cada alumno hay una historia que no siempre conocemos.

La docencia no exige haber sido el mejor alumno

A veces existe la idea de que para enseñar hay que haber recorrido un camino perfecto. Mi experiencia me dice exactamente lo contrario. La docencia no te pide que hayas sido el mejor estudiante. Te pide que recuerdes lo que significa no entender. Te pide que recuerdes la frustración, las dudas, el miedo a equivocarte y la sensación de quedarte atrás.

Quizá por eso muchas personas llegan a la enseñanza desde lugares muy diferentes. No siempre desde una vocación docente temprana. No siempre desde una trayectoria lineal. Muchas veces la docencia aparece cuando uno empieza a preguntarse si quiere seguir haciendo lo mismo durante toda su vida profesional.

Cuando descubres que tu experiencia puede ayudar a otros

Hay un momento en el que muchas personas sienten la necesidad de emprender un cambio profesional. Empiezan a preguntarse si todo lo que han aprendido podría servir para algo más que cumplir objetivos, resolver problemas o desempeñar tareas profesionales. Y la respuesta suele ser sí. Porque enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos.

Consiste en ayudar a que esos conocimientos cobren sentido para otras personas. Consiste en conectar lo aprendido con la vida, con las dificultades, con las oportunidades y con los retos que cada alumno tiene delante.

Por eso siempre digo que la docencia no te obliga a abandonar tu trayectoria anterior. Lo que hace es darte la oportunidad de convertirla en una herramienta para acompañar a otros.

El valor de acompañar el aprendizaje

Hay algo que ocurre en todas las aulas. Llega un día en que un alumno que estaba convencido de que no podía hacerlo descubre que sí puede. A veces sucede durante una tutoría. Otras veces durante una práctica, una exposición o una conversación aparentemente sencilla. No siempre lo expresa con palabras. Pero se nota. Se ve en la mirada.

Y cada vez que ocurre, también cambia algo dentro de quien está enseñando. Porque la verdadera esencia de la docencia no está únicamente en explicar contenidos, sino en acompañar procesos de aprendizaje que pueden transformar vidas.

La enseñanza también transforma a quien enseña

Quizá esa sea una de las razones por las que sigo aquí después de tantos años. Porque la docencia transforma a quienes aprenden, pero también transforma constantemente a quienes enseñamos.

Cada promoción, cada estudiante y cada reto profesional me ha obligado a seguir aprendiendo, cuestionándome y creciendo. La enseñanza tiene algo extraordinario: nunca permite acomodarse del todo. Y probablemente esa sea una de las razones por las que sigo disfrutando de esta profesión después de más de veinticinco años.

Una invitación para quienes están pensando en cambiar

Si alguna vez has sentido que necesitas un cambio, si has pensado que tu experiencia profesional podría servir para algo más o si te has descubierto explicando, acompañando o ayudando a otros a comprender aquello que les cuesta, quizá la docencia esté más cerca de lo que imaginas.

No se trata de empezar de cero. Se trata de aprovechar todo lo que ya sabes, todo lo que has vivido e incluso todo aquello que alguna vez te costó aprender. Porque, en muchas ocasiones, son precisamente esas experiencias las que nos convierten en mejores docentes. Y si algo me enseñó aquella estudiante que suspendió todas las asignaturas de COU es que un fracaso nunca tiene la última palabra sobre quién puedes llegar a ser.

La educación, al fin y al cabo, no consiste únicamente en adquirir conocimientos. También consiste en descubrir posibilidades que antes parecían invisibles. Y esa sigue siendo, después de todos estos años, la razón por la que elegí dedicar mi vida a enseñar.

  • Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades

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