Viernes, 20 septiembre 2019

Día Mundial del Alzheimer: cómo pueden cuidarse los cuidadores

Un día llega el diagnóstico y todo cambia para el paciente y sus allegados. La aparición de la Enfermedad de Alzheimer en la vida del grupo familiar supone adquirir nuevos hábitos y rutinas de forma permanente.

En España, más de 4,5 millones de personas padecen este mal, la llamada epidemia del siglo XXI, entre quienes la sufren y sus familiares cuidadores. Porque, por lo general, son ellos quienes de un día para otro se ven abocados de por vida a la tarea del cuidado del paciente.

El día 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, un evento establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y auspiciado por Alzheimer’s Disease International (ADI) desde 1994.

La fecha se estableció con el objetivo de darle visibilidad a la enfermedad y a quienes las padecen, hacer ver la necesidad de afianzar la investigación de este trastorno y sus tratamientos, así como los requerimientos que presentan las personas que se encargan de cuidarlos.

La importancia de los cuidadores

El alzhéimer es una enfermedad mental incurable que se produce cuando las células nerviosas del cerebro se van degenerando, lo que deriva en un deterioro cognitivo progresivo que hace que el paciente a la larga no pueda valerse por sí mismo. Un enfermo de alzhéimer va perdiendo la memoria y la orientación, tiene dificultades en el lenguaje y no puede resolver situaciones cotidianas. Presenta conductas apáticas y/o agresivas, deambula sin objetivo y repite actos o preguntas, por nombrar algunos síntomas.

De todo ello debe encargarse el familiar que lo cuida, y es allí donde aparece con frecuencia el llamado síndrome del cuidador. “Cuidar a una persona en situación de dependencia repercute en la calidad de vida de la persona cuidadora”, explica Xavier Lorente, doctor en Psicopedagogía y profesor en el Grado de Psicología de UNIR, “por eso debe poner atención en diferentes aspectos que tienen que ver directamente con su calidad de vida”.

Como señala el también especialista en gerontología, el familiar cuidador se enfrenta a una serie de factores:

  • – Es una labor que no es planificada, normalmente las personas no están preparadas profesionalmente.
  • – Supone una inversión de tiempo y de energía.
  • – Conlleva tareas incómodas o poco agradables.
  • – Se trata de actividades que cubren las necesidades físicas, sociales y afectivas de la persona en situación de dependencia y que en ocasiones resultan desbordantes para las personas cuidadoras.

El autocuidado en el alzhéimer

Por este motivo, es muy importante que los cuidadores, dentro de sus tareas, dispongan de un espacio para autocuidarse. Asistir al paciente con alzhéimer supone una dedicación a tiempo completo, y en este sentido, Xavier Lorente señala que el cuidador debe tomar en cuenta tres aspectos para mantener su propio equilibrio:

  • 1.- Trabajar el bienestar físico.
  • 2.- Trabajar el bienestar emocional.
  • 3.- Tener relaciones interpersonales.

“Son en realidad tres dimensiones que se observan siempre en todos los cuidadores y que nos ayudará a mejorar la atención del cuidado” puntualiza. Es tan importante llevarlo a cabo, que si no se atienden estos aspectos vitales “se manifiestan problemas de salud y en ocasiones se silencian por la responsabilidad de ‘tener que cuidar’, pero la realidad es que, aunque se silencien existen”.

Consejos para autocuidarse

El cuidador estará expuesto a un sinfín de emociones, tanto positivas como negativas, y debe aprender a trabajarlas de la forma más sana posible. Por un lado, es elemental que se forme en cuanto al cuidado de la persona dependiente. Conocer los trastornos del comportamiento con los que le tocará lidiar y saber cómo ir respondiendo a ellos, así como las medidas legales de protección al enfermo de alzhéimer.

Por el otro, debe realizar acciones en función de su equilibrio:

Bienestar físico:

  • Hacer ejercicios con regularidad. Le ayudará a liberar tensiones y evitar así estados depresivos, además de beneficiar su cuerpo.
  • Dormir suficiente. Para poder responder a las tareas del día y tener paciencia con el paciente.

Bienestar emocional:

  • – Aprender a gestionar las emociones es de vital importancia. El cuidador suele enfrentarse a cambios de humor e irritabilidad, así como sentimientos de tristeza y culpabilidad. Aceptar las emociones sin juzgarse, autobservarse, vivir el día el día, son ejercicios que debe realizar.
  • – En línea con lo anterior, aprender técnicas para superar situaciones agudas de estrés. El cuidado de la persona enferma puede generar grandes tensiones e incluso situaciones que llegan a ser peligrosas. Ejercicios de respiración y meditación constituyen poderosos aliados.
  • – Reconocer y pedir ayuda. Existen asociaciones de familiares y grupos de terapia a los que el cuidador puede ir si ve que no puede enfrentar solo la situación, “es importante que destaquemos que pedir ayuda también es una forma de cuidar a la persona en situación de dependencia, puntualiza Lorente, y si no la damos a conocer nadie lo sabrá y no podremos actuar de forma correcta”. Por este motivo, reconocer las propias señales de alarma ayuda a anticipar, intervenir y evitar situaciones que pueden ir a peor.

Las relaciones interpersonales:

  • – El ser humano es social por naturaleza y necesita de la interacción con otros para mantener un estado de ánimo óptimo. En el caso de los cuidadores, es muy frecuente que terminen aislándose por la exigencia de tiempo que significa el cuidado del paciente. Es necesario para su salud emocional, y, por ende, física, que conserve algunos espacios para interactuar con otros.
  • – Puede combinar tareas como hacer ejercicios con otras personas para lograr un beneficio doble. O realizar alguna actividad acompañado que sea de su interés. Salir un rato de la casa para tomar aire, o simplemente una conversación trivial con un amigo con pequeñas acciones que significan una gran ayuda para quien se encuentra inmerso en un proceso de cuidado.