Martes, 01 octubre 2019

Día de las Personas de Edad: consejos para un envejecimiento activo

Vivimos cada vez más. En el año 1900 la esperanza de vida en España era de 34.8 años, cifra que en solo un siglo hemos incrementado cincuenta años más y que sitúa a nuestro país con la esperanza de vida más alta de Europa.

Las mejoras en los sistemas sanitarios y en nuestro estilo de vida han ocasionado este incremento. Pero envejecer con bienestar implica también oportunidades personales y sociales para que ese proceso se desarrolle de forma satisfactoria en la población mayor, igual que en el resto de la sociedad.

Hoy, 1 de octubre, es el Día Internacional de las Personas de Edad, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 1990 y que este año tiene como lema “Viaje hacia la igualdad de edad” en consonancia con la Agenda 2030 y el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 10.

Una de las acciones para hacer realidad este objetivo, es promover un envejecimiento activo.

La importancia de un envejecimiento saludable

Según las Naciones Unidas, el envejecimiento activo es “el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad para promover la calidad de vida a medida que se envejece” (ONU, 2002).

Para el año 2050, la población de 60 años o más será el 20% de la población mundial.

En España, actualmente son 9.055.580 las personas mayores, lo que representa el 19,3 % del total de la población, y de ellos, el 31.6 % tiene 80 años o más, según datos del INE 2019.

 El envejecimiento activo trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen.

El Dr. Xavier Lorente, profesor de UNIR y gerontólogo, explica que el envejecimiento activo “trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, incluyendo aquellas personas frágiles, con discapacidad o que necesitan asistencia, en un intento por disociar la vejez de representaciones sociales estereotipadas y, sobre todo, discriminatorias y que generan estigma”.

En este sentido, destaca la necesidad de una participación continua en las cuestiones educativas, sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, y no sólo a la capacidad de estar físicamente activo.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su documento “Envejecimiento Activo: un marco político” plantea que este proceso permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras que les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia.

La generatividad en la tercera edad

Todo ello hace más probable la consecución de una vejez plena. Es a lo que se refiere el autor E. Erikson (1982) en su concepto de generatividad.

“Es la capacidad de las personas mayores de seguir participando socialmente y de producir servicios útiles para el resto de la comunidad, detalla Lorente, y plantea la pregunta fundamental para la persona mayor: ¿Qué puedo seguir aportando a la sociedad?”

Con la generatividad (y el envejecimiento activo) se abre un espacio para el desarrollo social y comunitario de las personas mayores que les permite, a través de actividades, mejorar sus relaciones interpersonales y las instituciones donde participan; además de promover un desarrollo individual.

“Las personas encuentran significado a sus vidas y son capaces de capacitarse a partir de procesos educativos-formativos, de esta forma ejercen nuevos roles socialmente significativos, potenciando sus propias competencias, habilidades e intereses que amplían el abanico de actividades generativas posibles” puntualiza el experto.

Cómo promover un envejecimiento activo en el individuo

El Dr. Lorente lo resume de forma contundente: todo lo descrito anteriormente proporciona una mayor y mejor atención en las personas mayores y, por defecto, en la sociedad en general.

Pero no es solo a nivel social. Cada persona de edad puede incorporar hábitos a su vida que promuevan su bienestar:

 

Hacer ejercicios:

Lo ideal es comenzar a practicarlo de joven, pero nunca es tarde para empezar. Se trata de realizar alguna actividad adaptada a nuestro estado de salud y capacidades. Caminar 1 hora diaria, por ejemplo, es un beneficio que no solo impacta a nivel físico, sino que despeja la mente y calma posibles emociones negativas.

 

 

Alimentarse adecuadamente:

 

Hacerlo de acuerdo con las necesidades individuales, pero ingerir alimentos de todos los grupos son necesarios para mantener el equilibrio en el organismo.

 

Realizar alguna/s actividad/es:

 

Tomando en cuenta las posibilidades físicas y mentales de cada uno, es importante dedicar parte del tiempo a una actividad que a la persona le guste y que suponga un factor interesante y/o entretenido. Algún tipo de juego o trabajo en casa, aprendizaje en talleres, desarrollar acciones con otras personas que supongan el logro de algún objetivo, etc.

 

Tener relaciones interpersonales:

 

Necesitamos relacionarnos en todas las edades, y en la vejez muchas personas se encuentran aisladas en sus casas. Es vital interactuar con otras personas, no solo con familiares, sino con otros contemporáneos con quien compartir aficiones para sentirnos bien.

 

El conjunto de hábitos, junto a las acciones que la sociedad, las instituciones y los gobiernos hagan por sus adultos mayores, garantizarán el bienestar adecuado.