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La IA ha irrumpido con fuerza en la vida de los jóvenes y plantea nuevos desafíos para las familias, la escuela y los profesionales. La clave no pasa por prohibir su uso, sino por aprender a convivir con ella desde el acompañamiento y el pensamiento crítico.
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Los 7 puntos clave del Foro UNIR
- La inteligencia artificial ha llegado para quedarse: La IA ya forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes y seguirá ganando presencia en los próximos años. El reto no es impedir su uso, sino aprender a convivir con ella desde un enfoque educativo, responsable y crítico.
- El pensamiento crítico es la principal herramienta de protección: Los expertos coincidieron en Foro UNIR en que la mejor defensa frente a los riesgos de la IA pasa por enseñar a los menores a cuestionar la información que reciben, contrastar fuentes y desarrollar un criterio propio antes de aceptar cualquier respuesta como válida.
- La familia sigue siendo el principal referente educativo: Aunque los adolescentes recurran cada vez más a la inteligencia artificial para resolver dudas, el afecto, el acompañamiento y la confianza que ofrecen padres y madres continúan siendo insustituibles para su desarrollo emocional.
- La IA puede amplificar problemas de salud mental ya existentes: La tecnología no provoca por sí sola trastornos psicológicos, pero sí puede reforzar situaciones de vulnerabilidad como la ansiedad, la depresión, la baja autoestima o los trastornos de la conducta alimentaria cuando se utiliza sin supervisión.
- Escuela y familias deben trabajar de forma coordinada: La educación digital requiere una alianza entre docentes, orientadores y padres para establecer normas comunes, compartir estrategias y enseñar a los menores un uso saludable de la inteligencia artificial.
- Los adultos también necesitan formación digital: Muchos padres afrontan la irrupción de la IA con incertidumbre y desconocimiento. Los expertos defendieron que acompañar adecuadamente a los hijos exige que las familias comprendan primero cómo funcionan estas herramientas y cuáles son sus riesgos y oportunidades.
- Las relaciones humanas no pueden ser sustituidas por la tecnología: La inteligencia artificial puede responder preguntas, facilitar tareas o ayudar en determinados procesos, pero no puede reemplazar el vínculo emocional, la empatía, la escucha activa ni la presencia que ofrecen las relaciones personales.
El impacto de la inteligencia artificial en la infancia y la adolescencia trasciende ya el ámbito educativo para instalarse de lleno en la vida cotidiana de las familias. Los menores recurren a estas herramientas para hacer tareas escolares, resolver dudas, generar contenidos e incluso buscar apoyo emocional, una realidad que obliga a replantear el papel de padres, docentes y profesionales de la psicología.
Ese fue el eje del Foro UNIR ‘El impacto de la IA en las familias’, en el que las expertas participantes coincidieron en que la tecnología ofrece enormes oportunidades, pero también riesgos que exigen una educación digital basada en el acompañamiento, el desarrollo del pensamiento crítico y la preservación de las relaciones humanas.
La periodista Ana Gugel, presentadora del encuentro, condujo un debate en el que participaron Ascensión Blanco Fernández, directora del Área de Psicología de UNIR; Beatriz Martínez Núñez, médica, psiquiatra infantil y de la adolescencia, coordinadora del Hospital de Día de Adolescentes del Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid y autora del libro Manual de supervivencia para padres en la era digital; y Desiré Sánchez Chiva, psicóloga y coordinadora del Máster Universitario en Intervención Psicológica en el Ámbito Educativo de UNIR. Todas analizaron cómo la inteligencia artificial está transformando la educación, las relaciones familiares y el bienestar emocional de niños y adolescentes.
Desde el inicio del foro quedó patente que la cuestión ya no consiste en preguntarse si los menores utilizarán la inteligencia artificial, sino en comprender cómo está influyendo ya en su desarrollo y qué herramientas necesitan los adultos para acompañarlos. Como explicó Beatriz Martínez, se trata de la primera generación que crece con una inteligencia artificial “en el bolsillo”, una circunstancia inédita para la que no existen referentes educativos previos.
La especialista recordó que las familias afrontan un escenario completamente nuevo, ya que los adolescentes no solo emplean estas plataformas para buscar información o realizar trabajos escolares, sino también para resolver conflictos personales, interpretar conversaciones con amigos o pedir consejo sobre cuestiones emocionales. “La inteligencia artificial ha venido para quedarse”, afirmó, antes de insistir en que el verdadero reto consiste en aprender a convivir con ella de forma responsable.
La IA ya es un nuevo interlocutor para los adolescentes
Uno de los principales cambios señalados durante el encuentro es que la inteligencia artificial se está convirtiendo en un interlocutor habitual para muchos jóvenes. Frente al tradicional recurso de acudir a padres, profesores o amigos, cada vez son más quienes formulan sus preguntas directamente a un chatbot capaz de responder de forma inmediata y con un lenguaje cercano.
Esta disponibilidad permanente explica parte de su atractivo. La IA responde sin horarios, sin mostrar cansancio y sin emitir juicios, características que pueden resultar especialmente seductoras durante la adolescencia. “Cuando tienen una duda importante, nuestros adolescentes empiezan a preguntarle también a la inteligencia artificial”, señaló Beatriz Martínez, quien advirtió de que esa aparente cercanía puede generar una falsa sensación de confianza.
La psiquiatra explicó que estos sistemas no solo ofrecen respuestas académicas, sino que prolongan la conversación, formulan nuevas preguntas y crean una interacción que simula una relación humana. Esa dinámica, unida a la rapidez de las respuestas y a la percepción de ser escuchados, favorece que algunos adolescentes recurran a estas herramientas cuando experimentan incertidumbre, soledad o malestar emocional.
Los datos respaldan esa tendencia. Según expuso durante su intervención, seis de cada diez menores españoles utilizan herramientas de inteligencia artificial de forma habitual y numerosos estudios internacionales muestran que una parte creciente de los adolescentes las emplea para hablar de preocupaciones personales, más allá del ámbito escolar. Ese cambio obliga a replantear cómo deben intervenir las familias y los profesionales para impedir que la tecnología sustituya espacios fundamentales de diálogo.
Cuando la inteligencia artificial amplifica la vulnerabilidad
Aunque los ponentes evitaron demonizar la tecnología, sí insistieron en que su impacto puede resultar especialmente preocupante cuando coincide con situaciones de vulnerabilidad psicológica. En este sentido, Beatriz Martínez compartió la experiencia clínica de una adolescente con trastorno de la conducta alimentaria que contrastaba sistemáticamente con ChatGPT todas las recomendaciones recibidas durante su tratamiento.
La paciente buscaba en la inteligencia artificial una validación constante de sus pensamientos y decisiones, hasta el punto de cuestionar las indicaciones médicas apoyándose en respuestas generadas por el chatbot. Ese caso sirvió para ilustrar cómo estas herramientas pueden reforzar determinados problemas cuando el usuario carece del pensamiento crítico suficiente para valorar la fiabilidad de las respuestas.
La periodista Ana Gugel, con Beatriz Martínez, psiquiatra y coordinadora del Hospital de Día de Adolescentes del Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid; y Desiré Sánchez, coordinadora del Máster en Intervención Psicológica en el Ámbito Educativo de UNIR.
“La IA no es en sí misma un problema, pero sí puede convertirse en un efecto amplificador de problemas previos”, explicó la especialista. Esa capacidad para reforzar creencias, validar preocupaciones o responder siempre desde una posición aparentemente comprensiva puede intensificar trastornos relacionados con la ansiedad, la depresión, la baja autoestima o los problemas de conducta alimentaria.
Educar en el pensamiento crítico, la mejor prevención
Lejos de plantear una visión catastrofista, los expertos defendieron que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil siempre que su utilización vaya acompañada de educación digital y supervisión. La clave, insistieron, no reside en prohibirla, sino en enseñar a utilizarla con criterio y adaptando su uso a la edad y madurez de cada menor.
En este punto, Beatriz Martínez recordó que estos sistemas pueden ofrecer respuestas aparentemente impecables que, sin embargo, contienen errores o información inventada. “Las respuestas parecen seguras, bien redactadas y con autoridad, pero no siempre son verdaderas”, explicó, aludiendo al fenómeno conocido como “alucinaciones” de la inteligencia artificial, por el que estas plataformas generan datos incorrectos o incluso referencias bibliográficas inexistentes.
Por ello, defendió que una de las competencias más importantes que deben desarrollar niños y adolescentes es la capacidad de cuestionar la información que reciben. “El pensamiento crítico sigue siendo una habilidad profundamente humana y ningún algoritmo puede sustituirlo”, subrayó durante su intervención.
La especialista propuso que las familias incorporen la inteligencia artificial a las conversaciones cotidianas, preguntando a sus hijos qué consultan, para qué utilizan estas herramientas o si alguna vez han detectado respuestas erróneas. Más que controlar, se trata de acompañar y convertir la IA en un tema más de diálogo dentro del hogar.
Familias y escuela, una alianza imprescindible
La necesidad de reforzar la colaboración entre familias y centros educativos fue otra de las grandes ideas que atravesó el foro. Desiré Sánchez incidió en que muchos padres se sienten desbordados por la rapidez con la que evoluciona la tecnología y necesitan también formación para poder ejercer ese acompañamiento.
En su opinión, la brecha digital no solo afecta a los menores, sino también a los adultos, que en muchas ocasiones desconocen el funcionamiento de las herramientas que utilizan sus hijos. Esa realidad exige ofrecer recursos tanto a las familias como a los docentes para que puedan afrontar los nuevos retos con mayor seguridad.
“La inteligencia artificial va más rápido que nosotros y también tenemos que aprender como padres“, señaló la psicóloga, quien defendió la importancia de incorporar normas claras sobre su utilización, del mismo modo que ya se hace con el uso de las pantallas o las redes sociales. El objetivo no es generar miedo, sino fomentar un aprendizaje compartido entre padres, hijos y profesores.
Ascensión Blanco coincidió en que resulta imprescindible perder el miedo a estas tecnologías y empezar a utilizarlas de forma crítica. A su juicio, la conversación sobre la inteligencia artificial debe formar parte de la educación familiar para que tanto adultos como adolescentes aprendan conjuntamente a valorar sus ventajas y sus limitaciones.
Los expertos coincidieron además en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los problemas. Detectar cambios bruscos de comportamiento, aislamiento, irritabilidad o pérdida de interés por actividades habituales puede ayudar a identificar situaciones de riesgo, especialmente cuando el uso de la tecnología desplaza las relaciones personales.
El valor insustituible de las relaciones humanas
Uno de los mensajes más repetidos durante el encuentro fue que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar el papel de la familia en el desarrollo emocional de niños y adolescentes. Frente a la inmediatez de las respuestas que ofrece la inteligencia artificial, los ponentes reivindicaron la importancia del vínculo afectivo, la escucha y la presencia cotidiana.
Beatriz Martínez recordó que muchos adolescentes encuentran en estos sistemas una respuesta inmediata y aparentemente comprensiva, pero eso no equivale a una relación humana auténtica. “La inteligencia artificial sigue sin poder querer a nuestros hijos por nosotros”, afirmó, insistiendo en que la autoridad de los padres no desaparece, sino que se transforma en una labor de guía y acompañamiento.
En esa misma línea, Desiré Sánchez advirtió de que una relación excesivamente dependiente de la inteligencia artificial puede dificultar el desarrollo de habilidades sociales y empobrecer la interacción con los iguales. Si el adolescente encuentra siempre un interlocutor que valida sus opiniones, puede resultarle más difícil afrontar el desacuerdo, la frustración o el contraste de puntos de vista que forman parte del crecimiento personal.
Ascensión Blanco Fernández, directora del Área de Psicología de UNIR.
Ascensión Blanco añadió que la IA debe entenderse como una herramienta de apoyo al aprendizaje y a la intervención psicológica, nunca como un sustituto de las competencias humanas. El desarrollo de la empatía, la comunicación, la creatividad o el juicio ético continúa dependiendo de la interacción entre personas y constituye el mejor antídoto frente a un uso acrítico de la tecnología.
Los participantes también insistieron en recuperar espacios compartidos dentro del hogar. Una comida o una cena sin teléfonos móviles, sin pantallas y sin interrupciones puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la comunicación familiar y detectar preocupaciones antes de que los menores busquen respuestas exclusivamente en la tecnología.
A lo largo del foro quedó patente que la inteligencia artificial representa uno de los mayores cambios tecnológicos de las últimas décadas, pero también que su impacto dependerá en gran medida del uso que hagan de ella las personas. Los expertos coincidieron en que ni el alarmismo ni la prohibición constituyen la respuesta adecuada. La prioridad pasa por formar a familias, docentes y profesionales para acompañar a niños y adolescentes en el desarrollo de una mirada crítica y responsable.
En definitiva, el desafío no consiste en competir con la inteligencia artificial, sino en reforzar aquello que la tecnología todavía no puede ofrecer: el afecto, la confianza, el criterio y la capacidad de construir relaciones humanas sólidas. Como concluyeron los participantes del Foro UNIR, educar en la era de la IA exige combinar innovación con acompañamiento para que el progreso tecnológico se convierta en una oportunidad y no en un factor de vulnerabilidad.
Los mensajes principales de los expertos
Beatriz Martínez Núñez:
- “La inteligencia artificial ha venido para quedarse y el verdadero desafío no consiste en prohibirla, sino en aprender a convivir con ella acompañando a niños y adolescentes desde el pensamiento crítico y las relaciones humanas”.
- “La IA puede responder preguntas y ofrecer información, pero sigue sin poder querer a nuestros hijos por nosotros; esa responsabilidad continúa siendo exclusivamente de las familias y los educadores”.
Desiré Sánchez Chiva:
- “La inteligencia artificial puede convertirse en una extraordinaria herramienta de aprendizaje siempre que familias, escuela y profesionales trabajen unidos para enseñar a utilizarla de forma responsable”.
- “El vínculo que construyen padres, docentes y amigos no puede sustituirlo ninguna inteligencia artificial, porque el crecimiento emocional necesita relaciones humanas reales y compartidas”.
Ascensión Blanco Fernández:
- “La IA debe entenderse como una herramienta de apoyo al aprendizaje y a la intervención psicológica, nunca como un sustituto del pensamiento crítico, la empatía o las habilidades sociales”.
- “Conocer la inteligencia artificial, compartir su uso en familia y aprender a utilizarla con criterio permitirá aprovechar sus ventajas sin renunciar al papel educativo de padres y profesionales”.
- Facultad de Ciencias de la Salud






