Francisco Oleo
El poeta y novelista, coordinador del Máster en Gestión y Producción Editorial de UNIR, que acaba de recibir una prestigiosa beca internacional en Estados Unidos, habla de ser escritor, del futuro del español, de la IA y del vértigo del mundo actual.

Lucía cambió su vida, el personaje central de su última novela Veníamos de la noche (Galaxia Gutenberg), una pintora de 49 años que huye a Roma para rehacer su vida y dejar atrás todo aquello con lo que no estaba conforme. La fue creando casi como un ejercicio de autopsicoanálisis y, mientras escribía, hizo crecer en ella un sentimiento que ya rondaba por su propia cabeza desde hacía tiempo: “Vivir mi vida como escritor de una manera coherente”.
Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971) lleva décadas construyendo una obra literaria que transita con naturalidad entre la poesía, la narrativa y el ensayo. Doctor en estudios clásicos, con una tesis sobre Valle-Inclán, y licenciado en Filología Hispánica, su trayectoria se dirige hoy a lo esencial de su persona, a esa vocación que empezó a practicar con solo 11 años.
Tras dejar su trabajo como gestor cultural hace algo más de un año, hoy solo admite la docencia como compañera de viaje profesional, porque, según dice, encaja a la perfección con su nueva vida y su universo creativo. Después de 22 años en el Instituto Cervantes, pidió una excedencia siendo subdirector de Cultura y se fue a vivir al campo.
Aunque reconoce que su trabajo en la gran institución pública dedicada a promover el español y difundir la cultura iberoamericana en todo el mundo “era apasionante y forma parte de mi vida”, también confiesa que le absorbía completamente y no le permitía tener una agenda propia en casi nada. “Lo dejé porque necesitaba más tiempo para las cosas sencillas, para disfrutar de mi familia, de la naturaleza, para poder leer y pensar más”, expone a modo de breve manifiesto personal.
“Aunque era apasionante, dejé mi trabajo en el Instituto Cervantes porque necesitaba más tiempo para las cosas sencillas, para disfrutar de mi familia, de la naturaleza, para poder leer y pensar más”.
Su obra, reconocida con premios como el Torrente Ballester o el Internacional Luis Berenguer, refleja una constante preocupación por el lenguaje, la identidad y las formas de narrar. A ello se suma su faceta como coordinador del Máster en Gestión y Producción Editorial de UNIR, donde busca trasladar su experiencia en el sector a las nuevas generaciones de editores.
Un intercambio intelectual único
Pérez Zúñiga acaba de volver de Estados Unidos, donde ha participado en el programa Art OMI: Writers, una residencia internacional en un entorno natural privilegiado al norte del Estado de Nueva York, que ofrece estancias financiadas para escritores y traductores seleccionados de todo el mundo.
Durante un mes, ha compartido espacio con autores de distintos países en ese entorno diseñado para favorecer la creación intelectual. Un lugar perfecto donde reflexionar como único representante del idioma español con el resto de los invitados sobre los grandes temas que atraviesan hoy la literatura y la cultura. Parte del objetivo de la beca es trabajar en su nueva novela, una experiencia que, como reconoce, está siendo especialmente fértil porque tras su paso por la residencia ya lleva 120 páginas de su nuevo libro.
Pérez Zúñiga acaba de volver de EEUU, donde participó en el programa Art OMI: Writers, una residencia internacional en un entorno natural privilegiado al norte del Estado de Nueva York, que ofrece estancias para escritores y traductores seleccionados de todo el mundo.
Pero más allá de las condiciones materiales del lugar, en ese entorno destaca el intercambio intelectual entre los participantes, que normalmente se produce a la hora de la cena, cuando coinciden más tiempo todos los invitados. Otro punto fuerte de la estancia es (y que me perdone la RAE) el networking, al poner a los participantes en contacto con el mundo literario norteamericano a través de personajes de prestigio que acuden a la residencia los fines de semana.
El sentido actual de la novela
Ese diálogo con otros escritores puso sobre la mesa una de las cuestiones que más le preocupa en estos momentos: el sentido actual de la novela. En un contexto dominado por el auge de las series de televisión, los relatos cortos y el lenguaje audiovisual, Pérez Zúñiga reivindica la singularidad literaria. “Muchos pensamos que una novela es otra cosa distinta a lo que vemos en la actualidad. Un lugar donde se invoquen otras visiones del mundo, se cuenten historias, se transmitan ideas e, incluso, poesía”, sostiene.
“Hoy te piden narraciones muy cortas, historias fáciles de entender… narrativas casi de guion. Es lo que te llega ahora desde el mundo editorial más comercial. Pero muchos pensamos que una novela es otra cosa distinta a lo que vemos en la actualidad”.
A su juicio, el mercado editorial empuja hoy hacia narrativas más simples y adaptables a otros formatos. “Hoy te piden narraciones muy cortas, historias fáciles de entender… narrativas casi de guion. Es lo que te llega ahora desde el mundo editorial más comercial, pero el mundo de la creación literaria va por otro lado y también los editores más literarios”, señala.
Leemos muy poco o nada y el consumo de literatura, de arte y de cultura en general es cada vez más rápido y desechable en muchos casos. “Yo creo que tenemos un gran problema con todo eso, porque además es algo que se ha exacerbado con los móviles y las redes sociales. Es la deriva del siglo XXI y en esto la inteligencia artificial no ayuda nada. Confundimos cada vez más lo que es excelente con lo que simplemente es comercial”, comenta.
Según Pérez-Zúñiga, “la vida, y los libros no son ajenos a esto, se ha transformado en una especie de escaparate continuo. Si te fijas, de muchos libros que se publican hoy se dice que son “obras maestras”. ¿Y realmente todos lo son? Hoy es todo tan bueno en su propaganda que el lector ya no sabe qué lo es realmente. A esto se une una especie de dejación de algunos críticos, quizás desbordados por la acumulación de títulos nuevos, porque se publican muchísimos”.
Ernesto Pérez Zúñiga se dirige al público en una acto del Instituto Cervantes.
Sin embargo, frente a esa tendencia, observa con optimismo cómo las nuevas generaciones internacionales de escritores buscan caminos alternativos: “En la residencia he conocido a gente joven de Alemania, de Hong Kong o de Estados Unidos, por citar solo algunos países, que están buscando otras maneras de contar y es muy enriquecedor. De lo que más me ha gustado de ese sitio”, dice.
“En la residencia he conocido a gente joven de Alemania, de Hong Kong o de Estados Unidos, por citar solo algunos países, que están buscando otras maneras de contar y es muy enriquecedor”.
Esa defensa de la literatura como espacio único y autónomo conecta con su concepción personal de la escritura. Para Pérez Zúñiga, escribir no es solo una actividad profesional. “La escritura es una manera de entender el mundo, de ser y de estar”, afirma, subrayando el carácter casi existencial de su vocación.
Ese impulso creativo encuentra ahora un nuevo camino en la novela que está escribiendo y que inició durante su estancia junto al nacimiento del río Hudson. Aunque evita desvelar detalles, sí apunta que gira en torno a la búsqueda de “la espiritualidad, de otra manera de vivir diferente a la actual”, a través de un personaje que explora otras realidades, distintas o invisibles a nuestros ojos. Define este enfoque como “realismo multiplicado”, una tentativa personal de ampliar los límites de lo que entendemos por realidad.
Valle que te quiero Valle
Antes de ese proyecto, verá la luz en los próximos meses un ensayo sobre Valle-Inclán, publicado por Galaxia Gutenberg. En él, aborda al gran autor gallego desde la idea de la máscara, explorando su identidad literaria más allá de los datos biográficos. Se trata, en cierto modo, de una prolongación de su interés por los grandes interrogantes de la literatura.
“A través de una propuesta estética siempre en evolución y cambio, Valle-Inclán hace unas reflexiones totalmente inolvidables con las que llega a la cima de la literatura. Sus personajes y su factura lingüística son irrepetibles. A mí me acompañan y me consuelan. Cada vez que me deprimo, cojo un libro suyo y me vuelve a subir el ánimo”.
Más allá del Cervantes universal con su Quijote, él prefiere hablar de Valle-Inclán porque “nadie como él en siglo XX ha planteado una investigación de esas proporciones sobre lo que es la naturaleza humana en la sociedad española. A través de una propuesta estética siempre en evolución y cambio, Valle-Inclán hace unas reflexiones totalmente inolvidables con las que llega a la cima de la literatura. Sus personajes y su factura lingüística son irrepetibles. A mí me acompañan y me consuelan. Cada vez que me deprimo, cojo un libro de Valle-Inclán y me vuelve a subir el ánimo”, afirma.
Además de Valle, otra forma de caminar hacia esa nueva plenitud que busca es la docencia, que, para él, es un espacio complementario. “Enseñar es el envés de la escritura”, dice, una forma de compartir lo aprendido.
De la Universidad Internacional de La Rioja, donde comenzó a trabajar en junio de 2025, valora especialmente su dimensión humanista, tecnológica y la proyección internacional. “UNIR te permite trabajar desde cualquier lugar y llegar a todas partes. Para mí es algo maravilloso”, destaca, y pone como ejemplo el caso de una estudiante que está haciendo el TFM y que es profesora en un pueblo remoto situado en una zona montañosa de Colombia. “Su proyecto, basado en unos cuentos que ha escrito y que tienen un nivel muy bueno, es realmente relevante”, afirma.
El sueño humanista de UNIR que comparte
También le atrae especialmente la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades: “El proyecto de Humanidades que tiene UNIR es una especie de sueño, sobre todo, en mi caso, el área de literatura. Imagínate la calidad y la variedad de asignaturas que se imparten. Promueve un ideal humanista que comparto totalmente; con una manera de enseñar excelente, dando la oportunidad a cualquier persona para pueda desarrollarse en temas que, en nuestra sociedad actual, muchas veces se dejan de lado o en los que no se profundiza lo suficiente: literatura, filosofía, pensamiento crítico, teología, poesía, edición, tecnología del aprendizaje, la escritura… Desde mi punto de vista, la amplitud y la calidad de las humanidades en UNIR están por encima de otras universidades que conozco. Es algo que me encanta y pienso que es fundamental para la sociedad actual”, subraya.
“El proyecto de Humanidades que tiene UNIR es una especie de sueño, sobre todo, en mi caso, el área de literatura. Promueve un ideal humanista que comparto totalmente, y la amplitud y calidad de las humanidades están por encima de otras universidades que conozco”.
Ernesto Pérez Zúñiga lleva décadas construyendo una obra literaria que transita con naturalidad entre la poesía, la narrativa y el ensayo.
El buen ambiente es otra de las cosas que quiere poner en valor de la universidad: “Es estupendo respecto a otros lugares donde he estado. Me encuentro y trabajo con gente muy vocacional, muy entregada, muy contenta con lo que hace y muy alineada con los objetivos que tenemos”.
En esta especie de maridaje entre escritura y docencia, Pérez Zúñiga confiesa que ahora quiere compartir con los demás su proceso como escritor y, por eso, “es una responsabilidad gozosa dar clases también en el Máster de Escritura Creativa de UNIR”.
Según explica, el Máster en Gestión y Producción Editorial que coordina “está pensado para enseñar a los estudiantes a editar los mejores contenidos, los más excelentes, los que realmente necesita nuestra sociedad. Los estudiantes conocen el sector de una forma completa, con una visión de 360 grados, desde cómo se diseña, con quién tienes que contar, cómo comunicar y vender una obra. También aprenden algo muy importante, que todo el proceso sea sostenible en el tiempo. Es un máster para aprender un 100% del oficio de editor de libros”. Sabe bien de lo que habla, pues es un sector en el que trabajó durante años, sobre todo, al principio de su carrera profesional.
Otra ventaja que destaca de esta titulación es que todos los profesores son profesionales del sector y conocen muy bien este trabajo en cada una de las asignaturas que se imparten, desde la edición hasta el diseño, pasando por la que aborda los aspectos financieros y jurídicos, que también “son fundamentales”, dice.
“La mayoría de mis alumnos son jóvenes españoles que quieren trabajar en una editorial, pero también tengo latinoamericanos, sobre todo de Colombia. Otros, con unos pocos años más, han decidido estudiar el máster porque quieren emprender y se plantean tener su propio proyecto”, asegura.
¿Qué hacemos con la IA?
Hablando de formación y aprendizaje, enseguida surge el debate sobre la inteligencia artificial y los cambios radicales que esta tecnología está provocando en todos los órdenes de las cosas, incluida a la cultura contemporánea. Pérez Zúñiga reconoce su utilidad como herramienta, pero advierte de sus riesgos: “Es una buena herramienta, sí, pero también puede estar llena de trampas”.
“La inteligencia artificial jamás podrá sustituir la voz humana. El gran peligro de la IA generativa es sustituir el aspecto creativo del ser humano por la facilidad de la máquina”.
En el ámbito educativo le preocupa mucho que la IA haga que los estudiantes dejen de pensar, y utiliza una metáfora para explicarse: “No es lo mismo escalar una montaña que ser depositado en la cima por un helicóptero. La inmediatez, en este sentido, puede empobrecer la experiencia del conocimiento”, afirma.
En la creación literaria, su posición es igualmente contundente. “La inteligencia artificial jamás podrá sustituir la voz humana”, por eso, para él, el verdadero riesgo no es tecnológico, sino cultural: “El gran peligro de la IA generativa es sustituir el aspecto creativo del ser humano por la facilidad de la máquina”.
Polarización y lenguaje
Otra de las cuestiones que aborda en la entrevista es la creciente polarización en torno al lenguaje, que, como sostiene, no es más que un reflejo de la que padece la sociedad desde hace tiempo. Frente a posiciones enfrentadas, defiende una visión conciliadora: “Todo lo que produce división es elegir un mal camino”, recalca. A su juicio, “la lengua debe reflejar la realidad social, pero sin caer en imposiciones que limiten la libertad expresiva”.
“Todo lo que produce división es elegir un mal camino. La lengua debe reflejar la realidad social, pero sin caer en imposiciones que limiten la libertad expresiva”.
En este contexto, considera que la reivindicación del lenguaje inclusivo responde a una demanda legítima, aunque rechaza su uso obligatorio. “Debe ser una oportunidad, no una obligación”, resume, insistiendo en que la creatividad necesita espacio para desarrollarse sin restricciones.
El futuro del español
Mucho más optimista se muestra el autor de Siete caminos para Beatriz (2014) al hablar del futuro del español. Desde su perspectiva, se trata de una lengua en clara expansión y con una enorme riqueza cultural. “Es un idioma que va a tener una importancia cultural cada vez mayor en el mundo”, afirma, subrayando el papel de la comunidad hispanohablante como un espacio compartido de creación.
“En comparación con otras áreas lingüísticas, como la anglosajona, la comunidad hispanohablante mantiene una cohesión muy singular y verdadera. La relación entre España e Hispanoamérica genera un flujo constante de influencias que potencia la literatura y el pensamiento en español. Nos reunimos en una misma corriente enriquecedora. Muchos de mis amigos son hispanoamericanos y tenemos un contacto permanente; de hecho, algunos de ellos son mis mejores críticos literarios”, revela.
“Un libro debe ser el lugar donde los lectores quieran estar, porque les da algo único, enriquecedor y transformador”.
Después de su retiro temporal en Estados Unidos, tras decir adiós a unos paisajes naturales y humanos excepcionales, Ernesto Pérez Zúñiga continúa explorando esos universos que conforman las palabras, las voces, los discursos y la sintaxis. Su misión no pasa por adaptarse a la velocidad del presente, sino por reivindicar la profundidad como forma de resistencia vital. “Tenemos que dar a los lectores libros donde quieran quedarse. Solo así la literatura podrá mantener su relevancia en un mundo saturado de estímulos. Un libro debe ser el lugar donde quieran estar, porque les da algo único, enriquecedor y transformador”, concluye.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






