Informe PISA 2025: cuando leer no significa comprender

Los resultados revelan un retroceso en la competencia lectora del alumnado español. En plena era de la inteligencia artificial, enseñar a comprender, contrastar y cuestionar la información se ha convertido en un reto educativo esencial.

Los resultados obtenidos el pasado año en competencia lectora son inferiores a los de 2022.Descubre nuestros estudios de Educación

Cada publicación de resultados del Informe PISA conlleva titulares. Puntos, posiciones, comparaciones entre países y comunidades autónomas aparecen rápidamente en los medios de comunicación y, con ellos, de nuevo las preguntas sobre el sistema educativo español. Sin embargo, detrás de esos números hay una cuestión mucho más importante: ¿están los jóvenes preparados para comprender lo que leen y utilizar esa información en su día a día?

Los resultados de PISA 2025, publicados hace unos días por la OCDE, vuelven a poner esa pregunta sobre la mesa. Aunque en esta edición la competencia evaluada principalmente ha sido la científica, la lectura continúa formando parte de las áreas analizadas. Y los datos obtenidos invitan a la reflexión.

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Este informe no pretender comprobar si un estudiante de quince años sabe leer. A esa edad, salvo situaciones excepcionales, prácticamente todo el alumnado ha adquirido las destrezas básicas de lectura. Lo que se evalúa es más complejo: qué es capaz de hacer un alumno con aquello que lee. Comprender una idea principal, localizar información, relacionar distintas partes de un texto, realizar inferencias, valorar la fiabilidad de una fuente o distinguir hechos de opiniones son algunas de las habilidades que entran en juego.

Competencia lectora: peor que en 2022

Y es ahí donde aparecen la mayoría de las dificultades. Los resultados obtenidos el pasado año en competencia lectora son inferiores a los de 2022 y se encuentran entre los más bajos registrados por nuestro país en PISA.

En España, aproximadamente el 68% del alumnado que ha participado en las pruebas alcanza al menos el nivel 2 de competencia lectora, considerado por PISA el nivel básico que permite desenvolverse ante determinadas tareas de lectura. Estos estudiantes son capaces, por ejemplo, de identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información siguiendo determinados criterios o reflexionar sobre la finalidad y la forma de un texto cuando se les pide.

En el otro extremo encontramos un dato igualmente revelador. Solo un 2% del alumnado español alcanza los niveles 5 o superiores en lectura. Son los niveles en los que los lectores pueden enfrentarse a textos extensos, comprender conceptos abstractos, realizar inferencias complejas y distinguir entre hechos y opiniones utilizando indicios relacionados tanto con el contenido como con la fuente de información.

Este último aspecto adquiere una importancia especial en el momento actual. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, paradójicamente, nunca había sido tan necesario aprender a leerla con cuidado.

Un tsunami de información

Nuestros estudiantes reciben diariamente mensajes de WhatsApp, vídeos, publicaciones en redes sociales, noticias, titulares, comentarios, imágenes, publicidad y contenidos generados mediante inteligencia artificial. Por eso, la competencia lectora ya no puede reducirse a comprender correctamente un fragmento literario o responder unas preguntas después de leer un texto. Leer hoy también significa seleccionar, contrastar, interpretar y cuestionar la información.

La propia OCDE advierte de que el descenso se está produciendo precisamente en algunas de las habilidades que resultan fundamentales en la era de la IA: evaluar información, establecer conexiones entre diferentes fuentes y pensar críticamente aquello que se lee. El informe también detecta un aumento de lo que denomina hasty reading, una lectura apresurada en la que el estudiante responde rápidamente, pero de manera incorrecta.

Quizá este sea uno de los datos que más debería preocuparnos como docentes. Porque el problema no parece ser únicamente que nuestros alumnos lean poco, sino también cómo leen.

Estamos acostumbrándonos a consumir información rápidamente: deslizamos la pantalla, saltamos de un contenido a otro, leemos titulares sin abrir las noticias y buscamos respuestas inmediatas. Este comportamiento no afecta exclusivamente a los adolescentes, pero las escuelas tienen ante sí el reto de enseñarles a detenerse ante un texto, formular preguntas, regresar a un párrafo, buscar una evidencia, relacionar ideas y preguntarse quién ha escrito determinada información y con qué intención.

Un problema que es responsabilidad de todo el profesorado

Por eso, mejorar la competencia lectora no puede ser responsabilidad exclusiva del profesorado de Lengua Castellana y Literatura.

Se lee cuando se interpreta un problema matemático; cuando se comprende una fuente histórica; cuando se siguen las instrucciones de un experimento; cuando se analiza un mapa; cuando se estudia una noticia científica o cuando se compara información procedente de dos páginas web. Aprender a leer es también aprender a aprender, y la comprensión lectora atraviesa prácticamente todas las materias del currículo.

Tal vez la principal enseñanza que podamos extraer de PISA 2025 es que una parte considerable de nuestros jóvenes tiene dificultades para utilizar la lectura como herramienta para comprender, interpretar y cuestionar el mundo que les rodea. Y ahí los centros educativos aún tienen mucho que decir.

Porque enseñar a leer en el siglo XXI ya no consiste únicamente en conseguir que nuestros alumnos entiendan las palabras que tienen delante. Significa enseñarles a detenerse, relacionar, contrastar, dudar, interpretar y construir una opinión propia. En definitiva, leer para comprender, pero también leer para pensar.

(*) Marlén Sedano Fernández es docente de UNIR y profesora de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria y Bachillerato en el Principado de Asturias.

  • Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades

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