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Jesús Víctor Fernández-Cid: “El mayor error de un profesor es poner límites a sus alumnos”

Tres alumnos del IES Ortega y Gasset de Madrid conquistaron el concurso Generación Euro del Banco de España tras analizar la política monetaria como auténticos asesores del BCE. Detrás del éxito está Jesús Víctor Fernández-Cid, profesor del instituto y docente de UNIR.

Jesús Víctor Fernández-Cid posa en el Banco de España con los alumnos galardonados.Descubre nuestros estudios de Educación

Mientras muchos adolescentes de 16 años preparaban exámenes o pensaban qué carrera estudiarían dentro de unos meses, tres alumnos madrileños dedicaban buena parte de su tiempo a interpretar gráficos macroeconómicos, debatir sobre la inflación, analizar los movimientos de los mercados financieros y anticipar qué decisión debería tomar el Banco Central Europeo sobre los tipos de interés. Y lo hacían como si formaran parte del equipo de Christine Lagarde. No era un juego. Se preparaban para competir en Generación Euro, el prestigioso concurso organizado por el Banco de España, del que acabarían proclamándose vencedores tras seis meses de trabajo.

Detrás de aquel logro se encuentra Jesús Víctor Fernández-Cid, profesor de Economía del IES Ortega y Gasset de Madrid y docente del Máster Universitario de Formación del Profesorado de UNIR, convencido de que la mejor educación combina conocimiento, liderazgo y la confianza necesaria para que cualquier alumno descubra hasta dónde puede llegar. “No debemos poner límites a nuestros alumnos porque siempre pueden llegar mucho más lejos de lo que imaginamos”, sostiene.

Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas

El premio ha sido el reconocimiento al esfuerzo, a la destreza y al talento, sin embargo, lo verdaderamente relevante ha sido el camino recorrido para alcanzarlo y la filosofía educativa que lo ha hecho posible. Una manera de entender la docencia en la que conviven el rigor académico, el aprendizaje basado en proyectos, la innovación y una convicción que resume casi 30 años de profesión.

Cuando el aprendizaje vale más que el premio

Más que del triunfo, del resultado en sí mismo, Fernández-Cid prefiere hablar del concurso en términos de desempeño y determinación. Prefiere recordar todo lo que ocurrió antes de subir al escenario a recoger el galardón. Durante seis meses, sus alumnos dejaron de ser simples estudiantes para trabajar como auténticos analistas económicos. Se organizaron en equipos especializados, estudiaron la inflación, los tipos de interés, los mercados de bonos y también profundizaron en geopolítica internacional, diseccionaron a diario la prensa económica y construyeron escenarios macroeconómicos para intentar anticipar la evolución de la economía europea.

La exhaustiva preparación, llena de conceptos avanzados que normalmente no se abordan en el instituto, acabaría siendo decisiva cuando un giro inesperado del contexto internacional alteró el escenario macroeconómico apenas unos días antes de presentar el trabajo definitivo.

Jesús Víctor Fernández-Cid es profesor de Economía del IES Ortega y Gasset de Madrid y docente del Máster Universitario de Formación del Profesorado de UNIR. (Foto: Banco de España)

“El trabajo previo fue el que nos permitió entender realmente qué estaba ocurriendo cuando cambió por completo el escenario económico”, explica. Mientras otros equipos permanecieron anclados en modelos teóricos, ellos fueron capaces de reinterpretar la situación porque habían aprendido algo que es mucho más importante que una sucesión de conceptos: pensar como economistas.

Su propuesta defendía que, ante un shock de la oferta, como acabó ocurriendo en ese momento, la mejor respuesta del Banco Central Europeo era actuar con prudencia y esperar antes de modificar los tipos de interés. No era una conclusión improvisada, sino el resultado de meses de análisis y de un razonamiento económico sólido que terminó convenciendo al tribunal del Banco de España. “Lo importante no era repetir teorías, sino comprender qué estaba pasando y justificar por qué una decisión tenía más sentido que otra”, señala Fernández-Cid, que recuerda las horas de preparación, los ensayos antes de la defensa final y la evolución personal de cada integrante del equipo.

“Lo importante no era repetir teorías, sino comprender qué estaba pasando y justificar por qué una decisión tenía más sentido que otra”.

La educación empieza cuando alguien confía en ti

Ninguno de ellos respondía exactamente al perfil del estudiante que parece destinado al éxito desde el primer día. Uno compaginaba el Bachillerato con entrenamientos diarios de fútbol de alto rendimiento. Otro, por ejemplo, llegó completamente bloqueado por los nervios a los ensayos previos. Sin embargo, cuando llegó el momento decisivo, todos fueron capaces de superar sus propios límites.

Es ahí donde este profesor sitúa el verdadero sentido de la educación. “No solo se trata del resultado final, sino en el proceso que permite a un estudiante descubrir capacidades que desconocía tener”, explica.

El liderazgo también se enseña

Si tuviera que resumir su forma de entender la docencia en una sola palabra, Fernández-Cid, a pesar de su importancia, no elegiría innovación ni metodología; hablaría de liderazgo. Un buen profesor observa fortalezas, genera confianza, crea equipos y ayuda a que cada estudiante encuentre el lugar desde el que puede aportar más. “Hay momentos en los que un profesor comprende hasta dónde puede llegar un alumno cuando alguien cree de verdad en él”, dice.

“Hay momentos en los que un profesor comprende hasta dónde puede llegar un alumno cuando alguien cree de verdad en él”.

Ese liderazgo, aclara, no consiste en exigir por exigir, sino en conseguir que alumnos aparentemente normales hagan cosas extraordinarias cuando trabajan juntos y persiguen un objetivo compartido. Porque para él, “un profesor no transmite únicamente conocimientos. Su verdadera misión consiste en descubrir e impulsar capacidades”.

Fernández- Cid cree que esta idea explica buena parte de los resultados obtenidos durante los últimos años. El reciente triunfo en Generación Euro se suma a otros éxitos nacionales cosechados por sus alumnos y relacionados con el emprendimiento o la gestión empresarial, todos ellos construidos sobre la misma filosofía: el trabajo cooperativo, la responsabilidad compartida y la convicción de que el talento florece cuando el profesor sabe crear el contexto adecuado.

La teoría sigue siendo imprescindible

Este docente rechaza la falsa dicotomía entre teoría y práctica porque, a su juicio, la segunda solo adquiere sentido cuando descansa sobre la primera. “La teoría pone nombre al mundo, define las cosas”, resume. Pero “si no conoces o no sabes cómo se llama lo que tienes delante, difícilmente podrás comprenderlo. Y si no lo comprendes, tampoco podrás transformarlo”, subraya.

Por eso sus alumnos estudian, y mucho. Antes de enfrentarse a casos reales, dominan el lenguaje de la economía, leen y consultan diferentes autores, manejan conceptos y construyen un conocimiento sólido que más tarde pondrán a prueba resolviendo problemas complejos. No entiende los proyectos como un entretenimiento metodológico, sino como la oportunidad de comprobar que ese conocimiento funciona cuando sale del libro y entra en contacto con la realidad.

“La teoría pone nombre al mundo, define las cosas, porque si no conoces o no sabes cómo se llama lo que tienes delante, difícilmente podrás comprenderlo. Y si no lo comprendes, tampoco podrás transformarlo”.

Aprender haciendo, pero sin renunciar al conocimiento

Esa forma de enseñar ha convertido la Economía en una de las asignaturas más demandadas por sus alumnos. Fernández-Cid cree que las nuevas generaciones han entendido algo que durante años pasó desapercibido: “La educación financiera no es una disciplina reservada para economistas, sino una herramienta imprescindible para desenvolverse en la vida cotidiana. Todos vamos a cobrar una nómina, pedir una hipoteca o contratar un préstamo. Cuanto antes entendamos cómo funciona todo eso, mejor preparados estaremos”, afirma.

“La educación financiera no es una disciplina reservada para economistas, sino una herramienta imprescindible para desenvolverse en la vida cotidiana. Todos vamos a cobrar una nómina, pedir una hipoteca o contratar un préstamo”.

Por eso procura que sus clases mantengan siempre un pie en la actualidad. La inflación, las decisiones del Banco Central Europeo, los conflictos geopolíticos o la evolución de los mercados dejan de ser titulares lejanos para convertirse en casos de estudio que ayudan a interpretar el mundo. El resultado es que la economía deja de parecer una materia abstracta y empieza a formar parte de las conversaciones cotidianas en clase.

Del instituto a UNIR: dos mundos, una misma filosofía

Desde hace casi 30 años combina la docencia en Secundaria con la universitaria. Dos escenarios muy distintos que, sin embargo, le han llevado a una misma conclusión: la metodología cambia, pero la esencia de la enseñanza permanece intacta. “No explico metodologías porque aparezcan en un libro. Intento enseñar cómo funcionan cuando se llevan al aula”, asegura.

En el instituto trabaja con adolescentes que necesitan descubrir por qué merece la pena aprender. En UNIR, en cambio, se encuentra con profesionales que han decidido dar un paso más en su carrera y que buscan herramientas para convertirse en mejores docentes. En ambos casos, el objetivo es el mismo: despertar el pensamiento crítico y demostrar que el aprendizaje cobra sentido cuando se conecta con la realidad.

“No formo únicamente a futuros profesores”, explica. “En realidad estoy formando a quienes algún día pueden convertirse en compañeros de profesión. Esa idea cambia completamente la responsabilidad con la que afrontas cada clase”, dice.

Fernández-Cid reconoce que una de las mayores satisfacciones que le ha dado la universidad ha sido reencontrarse con antiguos alumnos que hoy enseñan en colegios e institutos de toda España. Algunos le cuentan que siguen utilizando proyectos o dinámicas que aprendieron durante el máster. Para él, esa es probablemente la mejor medida del impacto que puede tener un profesor: comprobar que su forma de enseñar continúa viva en las aulas de otros docentes.

La IA multiplica al profesor, pero no puede sustituirlo

Pocas innovaciones han transformado tanto su trabajo como la inteligencia artificial. La utiliza para planificar asignaturas, estructurar actividades, organizar proyectos, preparar materiales o enriquecer la retroalimentación que ofrece a sus estudiantes… Habla de ella con entusiasmo, pero también con cautela. “La inteligencia artificial multiplica mis capacidades profesionales, no por cinco ni por diez, sino por mil”, asegura.

Pero ese enorme potencial obliga a utilizarla con criterio. Este profesor insiste en que el verdadero riesgo no está en emplear estas herramientas, sino en delegar en ellas aquello que constituye la esencia del trabajo intelectual: pensar. Según afirma, “el problema empieza cuando la inteligencia artificial piensa por ti. Ahí es donde tenemos que poner el límite”.

“La inteligencia artificial multiplica mis capacidades profesionales, no por cinco ni por diez, sino por mil. El problema empieza cuando la IA piensa por ti. Ahí es donde tenemos que poner el límite”.

Defiende también la necesidad de proteger la privacidad de los estudiantes y de conocer los sesgos que incorporan estos sistemas. “La IA -sostiene- puede ayudar a descubrir conexiones, ahorrar tiempo o mejorar procesos, pero nunca sustituirá la intuición, la experiencia o la empatía de un docente. La tecnología siempre ha acompañado al ser humano. Lo importante es que siga estando a nuestro servicio y no al revés”, destaca.

Educar para un mundo que ya es digital

Después de casi tres décadas en las aulas, Fernández-Cid observa una transformación profunda en la manera de aprender de las nuevas generaciones. No cree que los jóvenes estén menos preparados que antes. Lo que ha cambiado es la forma en la que prestan atención, procesan la información y se relacionan con el conocimiento. “Muchos profesores siguen pensando que el problema son los alumnos. Yo creo que, en muchas ocasiones, el problema está en que nosotros seguimos enseñando como hace 20 años. La inteligencia artificial puede multiplicar el trabajo del profesor, pero nunca reemplazar su criterio ni su capacidad para inspirar”, reflexiona.

No propone convertir las clases en un espectáculo ni competir con las redes sociales. Su apuesta pasa por comprender cómo aprenden los estudiantes para construir experiencias que despierten su curiosidad y mantengan viva su implicación. “No voy a hablar como ellos ni pretendo hacerlo”, explica. Para él, “lo importante es entender qué les interesa para conducirlos hacia aprendizajes cada vez más complejos”.

“Muchos profesores siguen pensando que el problema son los alumnos. Yo creo que, en muchas ocasiones, el problema está en que nosotros seguimos enseñando como hace 20 años”.

El equipo ganador, alumnos de Bachillerato del IES Ortega y Gasset de Madrid, en plena defensa de su trabajo. (Foto: Banco de España)

La universidad, protagonista del cambio

Como buen profesor y economista, Fernández-Cid no rehúye mi pregunta sobre el futuro de la educación, del mercado laboral y de la necesaria relación entre ambas. “Creo que España necesita apostar con mucha más decisión por un modelo productivo basado en el conocimiento y la innovación. Y en ese escenario, la universidad desempeña un papel decisivo”, afirma con contundencia.

Valora especialmente la capacidad de instituciones como UNIR para anticiparse a la transformación digital y entender que la enseñanza online no es una alternativa a la presencialidad, sino una forma diferente de acercar el conocimiento a cualquier lugar del mundo. “El lenguaje del futuro ya es digital”, apunta, y a continuación dispara: “Quien no incorpore esa dimensión corre el riesgo de quedarse atrás”.

Fernández-Cid advierte también que la tecnología, por sí sola, nunca será suficiente. “La universidad, debe seguir formando personas capaces de analizar problemas, tomar decisiones y pensar críticamente”, competencias que considera imprescindibles en un mercado laboral sometido a cambios constantes. “El futuro pertenecerá a quienes combinen conocimiento, pensamiento crítico y competencia digital”, asegura.

“El lenguaje del futuro ya es digital. Quien no incorpore esa dimensión corre el riesgo de quedarse atrás. Pero la tecnología, por sí sola, nunca será suficiente. La universidad, debe seguir formando personas capaces de analizar problemas, tomar decisiones y pensar críticamente”.

Mucho más que enseñar Economía

Él ya forma parte de ese futuro, a través de su forma de enseñar y de sus alumnos. Lo que realmente le define no es haber preparado a un equipo ganador, sino la manera en que entiende la educación. Según afirma, “el profesor debe tener un compromiso ético con cada alumno y su responsabilidad consiste en ofrecer siempre la mejor versión de sí mismo para que los demás puedan crecer”.

Liderazgo, conocimiento, confianza… son palabras señaladas en el vocabulario de este profesor absolutamente vocacional y que, sin embargo, tardó en descubrir qué era lo que de verdad le gustaría ser en la vida.

Quizás por eso sonríe cuando recuerda que nunca imaginó dedicarse a la docencia. Licenciado en Económicas y Administración de Empresas, trabajaba como gerente de una cooperativa cuando una circunstancia familiar terminó cambiando su vida: acompañó a su hermana durante el proceso para convertirse en profesora y, casi sin buscarlo, descubrió un rumbo vital del que hoy sigue disfrutando con la misma intensidad que el primer día. “Hay días en los que pienso que casi debería ser yo quien pagara por poder seguir haciendo lo que hago”, comenta entre risas.

La frase resume mejor que cualquier definición su forma de entender esta profesión. Porque, para Jesús Víctor Fernández-Cid, enseñar nunca ha consistido únicamente en explicar Economía o formar futuros docentes. Se trata, sobre todo, de conseguir que un alumno descubra capacidades que ni siquiera sabía que tenía. Transformar vidas.

  • Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades

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