Isabel Solana Domínguez
En un contexto marcado por los desafíos de la convivencia escolar, el bienestar docente y la salud emocional del alumnado, la educación emocional se ha convertido en una necesidad estratégica para los centros educativos.

En los últimos años, la educación emocional ha cobrado una relevancia creciente en el ámbito educativo. El aumento de los problemas de convivencia escolar, el malestar emocional del alumnado y el estrés docente han puesto de manifiesto la necesidad de incorporar el desarrollo socioemocional como parte esencial de la educación.
Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años padece algún trastorno mental, lo que ha incrementado la preocupación por el bienestar emocional y la salud mental en los centros educativos.
“Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años padece algún trastorno mental, lo que ha incrementado la preocupación por el bienestar emocional y la salud mental en los centros educativos”.
Hoy, la educación afronta retos que van mucho más allá del aprendizaje académico. Los centros educativos necesitan acompañar el desarrollo personal y emocional del alumnado, promover entornos de aprendizaje más seguros y saludables, y fortalecer habilidades como la empatía, la autorregulación emocional, la comunicación y la resolución de conflictos.
En este contexto, la educación emocional se consolida como una herramienta clave para mejorar la convivencia, el aprendizaje y el bienestar en la escuela.
Por qué la educación emocional requiere de una especialización propia
La educación emocional no consiste únicamente en trabajar las emociones en el aula ni en fomentar un clima positivo de convivencia. Supone diseñar intervenciones educativas estructuradas y orientadas al desarrollo de competencias emocionales, a la mejora del bienestar y del aprendizaje en los centros educativos.
Para ello, se requieren herramientas, metodologías y estrategias pedagógicas específicas que permitan abordar desafíos actuales como la convivencia escolar, la regulación emocional, el bienestar docente o la prevención de conflictos.
La evidencia científica muestra que las competencias emocionales requieren un desarrollo intencional y sistemático mediante programas educativos adaptados a las distintas etapas y contextos de aprendizaje.
Investigaciones internacionales han demostrado que los programas de aprendizaje socioemocional pueden mejorar el rendimiento académico hasta en un 11%, lo que refuerza la importancia de incorporar la educación emocional como parte esencial del proceso educativo.
Además, la educación actual demanda profesionales capaces de liderar proyectos de bienestar emocional y de convivencia escolar, de acompañar el desarrollo emocional del alumnado y de construir entornos educativos más seguros, inclusivos y saludables.
Por ello, la formación especializada en educación emocional se ha convertido en un ámbito esencial para docentes, orientadores y profesionales de la educación que desean responder de manera rigurosa y efectiva a los retos emocionales presentes en las aulas.
La necesidad de especialistas
La educación actual afronta desafíos que van mucho más allá del aprendizaje académico. El aumento de los problemas de convivencia escolar, el malestar emocional del alumnado y el estrés docente han convertido la educación emocional en una necesidad estratégica para los centros educativos.
Según datos de la UNESCO, uno de cada tres estudiantes ha sufrido acoso escolar, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la convivencia, la gestión emocional y el acompañamiento educativo desde edades tempranas.
Entre los principales retos que la educación emocional ayuda a abordar destacan la mejora del clima de aula y de la convivencia escolar, la prevención de conflictos, el bienestar emocional del profesorado, así como la motivación y el acompañamiento emocional del alumnado.
“Según datos de la UNESCO, uno de cada tres estudiantes ha sufrido acoso escolar, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la convivencia, la gestión emocional y el acompañamiento educativo desde edades tempranas”.
A ello se suma la aparición de nuevos perfiles educativos especializados, como el de coordinación de bienestar y convivencia, que requieren profesionales capaces de diseñar programas de educación emocional e intervenir en contextos educativos complejos.
Educar las emociones ya no implica solo fomentar el bienestar individual, sino también desarrollar competencias que permitan construir entornos de aprendizaje más seguros, inclusivos y saludables.
La evidencia científica muestra que las competencias emocionales requieren un desarrollo intencional y sistemático mediante programas, metodologías y estrategias pedagógicas específicas. Por ello, la formación especializada en educación emocional se ha consolidado como un ámbito fundamental para docentes y profesionales de la educación que desean responder de manera rigurosa y efectiva a los retos emocionales y convivenciales presentes en las aulas.
Una prioridad educativa internacional
En los últimos años, la educación emocional ha dejado de considerarse un complemento pedagógico para convertirse en una prioridad en los sistemas educativos y en una recomendación de organismos internacionales.
En España, la LOMLOE incorpora la educación emocional, la acción tutorial y el desarrollo de competencias personales y sociales como elementos clave del proceso educativo. Asimismo, la LOPIVI refuerza la importancia del bienestar emocional y de la convivencia escolar mediante la figura del coordinador o coordinadora de bienestar y protección en los centros educativos.
A nivel internacional, organismos como la UNESCO, la UNICEF, la OEI o la OCDE han insistido en la necesidad de promover las competencias socioemocionales, la salud mental y el bienestar emocional en la escuela como parte de una educación de calidad.
La OCDE subraya que las competencias emocionales influyen no solo en el rendimiento académico, sino también en el bienestar, la adaptación social y el desarrollo personal y profesional de los estudiantes.
Este contexto refleja una creciente conciencia sobre la importancia de educar las emociones desde edades tempranas y pone de manifiesto la necesidad de contar con profesionales especializados capaces de liderar proyectos de convivencia, de bienestar emocional y de acompañamiento educativo en los centros escolares.
“La OCDE subraya que las competencias emocionales influyen no solo en el rendimiento académico, sino también en el bienestar, la adaptación social y el desarrollo personal y profesional de los estudiantes”.
Herramienta clave conectada con la sociedad actual
Educar las emociones ya no implica únicamente fomentar el bienestar individual, sino también desarrollar competencias que permitan construir entornos de aprendizaje más seguros, inclusivos y saludables. La educación emocional aporta herramientas pedagógicas, metodologías y estrategias concretas para el acompañamiento emocional del alumnado y responder a los retos convivenciales y emocionales presentes en las aulas.
Por ello, la formación especializada en educación emocional adquiere hoy una relevancia creciente en el ámbito educativo y se consolida como una herramienta clave para impulsar una educación más humana, preventiva y conectada con las necesidades emocionales y educativas de la sociedad actual.
(*) Isabel Solana Domínguez es coordinadora académica del Máster en Universitario en
Educación Emocional de UNIR. Doctora en Educación y profesora universitaria con amplia experiencia en ámbitos orientados al bienestar, como la educación personalizada, la innovación educativa y el desarrollo emocional, la inclusión y el desarrollo integral del alumnado.
Referencias:
- Bisquerra, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida. Revista de Investigación Educativa, 21(1), 7–43.
- Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning (CASEL). (2020). What is SEL? CASEL. https://casel.org/what-is-sel/
- Durlak, J. A., Weissberg, R. P., Dymnicki, A. B., Taylor, R. D., & Schellinger, K. B. (2011). The impact of enhancing students’ social and emotional learning: A meta-analysis of school-based universal interventions. Child Development, 82(1), 405–432. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2010.01564.x
- Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2021). Beyond academic learning: First results from the survey of social and emotional skills. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/92a11084-en
- Organisation for Economic Cooperation and Development (OECD). (2023). Skills for social progress: The power of social and emotional skills. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/9789264226159-en
- UNESCO. (2019). Behind the numbers: Ending school violence and bullying. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000366483
- World Health Organization. (2021). Adolescent mental health.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






