Viernes, 25 enero 2019

(III) Salidas laborales en Derecho y profesiones jurídicas: registrador de la propiedad y mercantil

Continuando con nuestra serie de post sobre las profesiones a las que puede acceder el Graduado en Derecho, hoy vamos a referirnos al Registrador de la Propiedad, después de el notario y los jueces y magistrados.

El registrador de la propiedad es el funcionario público del Estado titular de la oficina (denominada Registro de la Propiedad) en la que se lleva a cabo la inscripción o anotación de los actos y contratos relativos al dominio y demás derechos reales sobre bienes inmuebles. Al mismo tiempo, le corresponde expedir las certificaciones que le soliciten las autoridades y los particulares acerca del contenido de los asientos del Registro de la Propiedad.

El registrador mercantil es el funcionario público del Estado titular de la oficina en la que se llevan a cabo, entre otras funciones, la inscripción de las personas jurídicas que operan en el tráfico mercantil con forma societaria, así como la de quienes las constituyen, administran y representan, practicando los asientos relativos a la constitución, modificación, renovación de cargos, presentación de cuentas anuales, cese y cancelación.

Cada Registrador tiene el deber de velar por el Registro que tiene encomendado, mantenerlo en el más alto nivel tecnológico e informar sobre su función y sobre el contenido de sus asientos a cualquier interesado.

¿Cuál es su labor?

La labor de los registros se centra en dar cumplimiento a la inscripción y de publicidad de los títulos o de suministrar determinada información a través de notas simples, certificaciones, etc… No obstante, en ocasiones es muy conveniente conocer la opinión o criterio de determinado registrador sobre determinada operación de negocio, pues si la operación va a ser objeto de inscripción (el título de la misma) en el registro, es muy conveniente asegurarse que no existirán problemas futuros debido a un criterio dispar del registrador.

Por otro lado, por su vasto conocimiento del derecho inmobiliario y registral, los registradores y su oficiales (denominados sustitutos), pueden ayudarnos a resolver algún problema de difícil solución.

Los documentos que habitualmente se inscriben en el registro de la propiedad suelen referirse a la adquisición de bienes inmuebles, derechos reales que recaen sobre ellos tales como la hipoteca o las servidumbres y resoluciones judiciales o administrativas que les pueden afectar como los embargos. Generalmente acceden los documentos públicos, tanto notariales y judiciales como administrativos y solo en los casos previstos pueden acceder documentos privados, como por ejemplo, distribución de responsabilidades hipotecarias entre varias fincas, adjudicaciones hereditarias con heredero único, etc…

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Si bien conforme al derecho español la inscripción no es obligatoria, con la misma se obtiene seguridad jurídica pues, una vez inscritos, los derechos se encuentran bajo la tutela de los Tribunales y se considera como cierto solo lo que dice el Registro. La inscripción de los inmuebles facilita su transmisión y la obtención de financiación a costes inferiores a los que se tendrían sin ella. Por el contrario, si no se inscribe, se corre el riesgo de ver perjudicado nuestro derecho por los actos que voluntariamente realice el titular registral o por las cargas y gravámenes que puedan imponerse sobre el inmueble, pues se le consideraría dueño a todos los efectos.

Al ser público el registro, cualquiera que tenga interés legítimo en conocer el contenido del registro podrá hacerlo. Ello se realiza a través de la nota simple y la certificación. Ambas deben contener, en general, la descripción de la finca, la titularidad y las cargas. La primera tiene valor meramente informativo. La certificación es el único medio de acreditar fehacientemente el contenido del Registro y va firmada por el Registrador. La nota simple proporciona información breve y concisa, en soporte papel, sobre la situación jurídica de una finca (breve descripción, propietario y cargas, si las hubiera). Puede obtenerse, si conoce todos los datos registrales de la finca, mediante solicitud dirigida, por cualquier medio, al Registro de la Propiedad correspondiente o a través de cualquier otro Registro, donde encontrará ayuda para cumplimentar la solicitud.

En definitiva, el registrador, una profesión del derecho, a la que se accede por oposición, que disfruta de la condición de funcionario público, y cuya vinculación con el derecho civil (especialmente el inmobiliario) y societario es absoluta, sin olvidar el derecho urbanístico.