Sara Puerto
¿Por qué leemos más que nunca, pero comprendemos peor? La Dra. Cristina de la Peña desveló en un seminario de divulgación los procesos cognitivos detrás de la lectura en pantallas y cómo se puede apoyar el aprendizaje lector en el aula.

“Hacer visible cómo leen los estudiantes es el primer paso para diseñar contextos educativos más inclusivos. Porque la inclusión comienza cuando entendemos que no todos los estudiantes leen, comprenden y aprenden de la misma manera”, afirmó la Dra. Cristina de la Peña Álvarez, investigadora de UNIR, en su taller divulgativo ‘Cómo leemos en la era digital: comprensión lectora basada en eye-tracking en contextos inclusivos’.
La sesión, financiada por el Vicerrectorado de Transferencia de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), dentro de la convocatoria de ayudas a actividades de divulgación, realizada en colaboración con la Asociación para el Desarrollo Humano, abordó cómo la neurociencia aplicada desvela los procesos cognitivos ocultos detrás de la lectura en las pantallas.
El punto de partida situó el foco en una paradoja contemporánea: actualmente leemos más que nunca, pero comprendemos menos que nunca.
A través de soportes digitales, redes sociales y correos electrónicos, los estudiantes de hoy muestran con frecuencia una excelente velocidad lectora, fluidez y una precisión libre de errores fonéticos. Sin embargo, como advirtió la De la Peña “estas variables superficiales, fácilmente observables en el aula, camuflan deficiencias estructurales, ya que pueden no estar conectando las ideas principales con las secundarias o pueden no estar detectando las incoherencias que hay en el texto”.
Frente a la imposibilidad de evaluar la asimilación semántica a simple vista, la investigadora de UNIR expuso el valor metodológico del eye-tracking o seguimiento ocular, que se sitúa dentro de su línea de investigación.
Esta herramienta aporta datos objetivos sobre la conducta del lector mediante mapas de calor, donde el código de color -desde el verde para menos fijaciones hasta el amarillo, naranja y rojo para más fijaciones- determina exactamente dónde mira el alumno, cuántas veces regresa sobre una frase y cuánto tiempo necesita para procesar una palabra.
Diversas formas de leer
Para demostrar esta variabilidad, la doctora proyectó un experimento real, donde varios alumnos leían dos frases que combinaban términos cotidianos con una única palabra desconocida. El seguimiento del eye-tracking desveló dos estrategias cerebrales opuestas ante el mismo texto. Por un lado, el patrón A reflejó una lectura selectiva, donde el estudiante omitía fijarse en ciertas palabras, pero lograba deducir el significado y responder con éxito las preguntas de comprensión. Por el contrario, el patrón B desveló un perfil lineal y minucioso, en el que el alumno necesitaba procesar cada una de las letras en pantalla para poder descodificar y comprender el mensaje.
Para la Dra. De la Peña, la clave pedagógica radica en desterrar los juicios de valor sobre estas conductas, argumentando que lo relevante es “no etiquetarlos en malos o en buenos lectores, sino llegar a entender qué implica esto para la comprensión y para el aprendizaje”.
Realidad de las aulas
Además, recordó que la realidad de las aulas multiplica esta complejidad porque, al trabajar con grupos heterogéneos se pueden llegar a encontrar múltiples patrones de lectura digital.
La sesión conectó la evidencia científica con la realidad escolar mediante la intervención de Sofía Lorenzo, directora del Colegio Informático San Juan de Vera, quien describió el desafío que supone mantener la atención de los alumnos frente a formatos digitales de consumo inmediato y la necesidad urgente de dotarlos de criterio propio.
Lorenzo aseveró que “es necesario alfabetizar digitalmente a los estudiantes, porque tienen que saber que no todo lo que dice la inteligencia artificial es verdadero y necesitan desarrollar su propio criterio y pensamiento crítico”.
Como respuesta a esta problemática, De la Peña enfatizó que “no se puede asumir que todos los estudiantes vayan a saber leer de forma digital de manera espontánea, pero esta comprensión profunda y este pensamiento crítico sí se pueden instruir y enseñar desde el aula”.
Tres estrategias prácticas
Para trasladar estas conclusiones al terreno práctico, la investigadora detalló tres estrategias de diseño instruccional orientadas a favorecer la comprensión lectora digital. En primer lugar, apostó por el modelado y la enseñanza explícita, instruyendo directamente al alumnado en la comparación de textos, la detección de sesgos, la identificación de errores e incoherencias, y el aprendizaje de habilidades de navegación correctas dentro de los hipervínculos.
En segundo lugar, defendió la estructuración y limpieza de materiales, lo que implica diseñar documentos organizados en párrafos donde cada bloque contenga una única idea, disminuyendo la complejidad sintáctica de las frases largas. En este sentido, advirtió que el uso de imágenes accesorias o puramente decorativas produce un efecto contraproducente al aumentar el esfuerzo y la carga cognitiva, por lo que las ilustraciones solo son válidas si simplifican y complementan directamente la información textual.
Por último, la investigadora de UNIR planteó el reconocimiento de la heterogeneidad a través de un planteamiento metodológico basado en la adaptabilidad y el apoyo multimodal flexible. “Tenemos muchísimas modalidades diferentes de apoyo. No vamos a dar a todos los estudiantes el apoyo de manera intensa siempre, sino que graduadamente vamos a ir retirándolo hasta que consigamos esa comprensión significativa digital en cada uno de ellos”.
En esta línea de intervención, defendió la necesidad de realizar dinámicas diferenciadas a partir de una misma lectura, ya sea pidiendo a unos alumnos extraer la idea principal por bloques, requiriendo a otros cambiar una palabra para alterar el sentido del texto o impulsando preguntas reflexivas directas.
“Vamos a trabajar la metacognición, fundamental en la comprensión profunda digital, en ese pensamiento crítico digital: ser conscientes de que estoy entendiendo. Y eso vamos a trabajarlo teniendo en cuenta la diversidad de todos los estudiantes”, explicó la investigadora.
Recursos digitales
Finalmente, De la Peña destacó el valor estratégico de la tecnología para esta labor: “Las herramientas digitales y la inteligencia artificial nos ayudan en la parte técnica y nos proporcionan más material para crear y diseñar estas actividades a partir de un mismo texto para facilitárselas a cada estudiante”.
El seminario, que se completa con la edición de un libro electrónico divulgativo de acceso abierto, con pautas prácticas de diseño accesible y recursos recomendados, sirvió para ratificar el compromiso de la investigación al servicio de las aulas contemporáneas.
El taller concluyó con una valoración positiva de los asistentes, fundamentalmente docentes, quienes destacaron el impacto de conocer la evidencia del eye-tracking y ver cómo la investigación se puede llevar al aula para generar pensamiento crítico. Los participantes destacaron especialmente la visualización de los mapas de calor y las pautas sobre aprendizaje guiado y la flexibilización de contenidos según las individualidades del alumno. Asimismo, valoraron el libro electrónico entregado y las estrategias compartidas para la lectura digital, calificándolos como un material didáctico excelente para atender la heterogeneidad de las aulas.
Este proyecto, con código DIV26-004, ha sido financiado por la “Convocatoria de Ayudas para la Realización de Actividades de Divulgación Científica (DIVULGA) 2025-2026” del Vicerrectorado de Transferencia de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).
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