Jorge Arana Varona
El campeón de Europa acaba de completar el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria en UNIR mientras mantiene una exigente carrera deportiva en la élite.

A los 24 años, Adrián García ha aprendido a convivir con dos exigencias que aparentemente compiten por el mismo recurso: el tiempo. Por un lado están los entrenamientos, los partidos con el BBK Bilbo BSR, las concentraciones y las competiciones internacionales con la selección española de baloncesto en silla de ruedas. Por otro, una formación universitaria que acaba de culminar con el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria en UNIR.
Sin embargo, Adrián no entiende ambas facetas como rivales. Su experiencia le ha llevado precisamente a la conclusión contraria. “El deporte te aporta aspectos muy importantes: constancia, trabajo en equipo, resiliencia y disciplina. Y la vida académica también te proporciona valores y herramientas que son muy compatibles con todo eso”. Para él, deporte y estudios se retroalimentan.
La disciplina es uno de los mejores ejemplos. Preparar un examen cuando quedan pocos días obliga a sentarse, organizarse y cumplir unas horas de estudio incluso cuando no apetece. Esa misma capacidad, sostiene, aparece después cuando toca entrenar. Y también funciona en sentido contrario: años cumpliendo rutinas deportivas ayudan cuando llega el momento de enfrentarse a las exigencias académicas.
“En momentos en los que tienes que hacer trabajo voluntario, entrenamientos adicionales o simplemente dar un poco más de ti mismo, esa capacidad de ser constante y disciplinado puede ayudarte”, explica. Después de años manteniendo simultáneamente ambas responsabilidades, Adrián tiene claro que formarse mientras se compite al máximo nivel puede aportar herramientas que mejoran también al deportista.
La familia como impulso
El camino hasta la élite comenzó mucho antes. Adrián nació con paraparesia espástica familiar, una enfermedad que fue provocándole progresivamente mayores dificultades para caminar y realizar determinadas actividades. Durante su infancia jugaba al baloncesto de pie, pero llegó un momento en el que tuvo que abandonarlo.
El baloncesto en silla de ruedas apareció a través de su hermano, que había comenzado a practicarlo en el Club Deportivo Zuzenak, de Vitoria-Gasteiz. Adrián acudía a sus entrenamientos y partidos hasta que decidió probarlo también. “Por desconocimiento, nosotros tampoco sabíamos demasiado sobre este deporte ni que yo podía practicarlo”, recuerda.
Tenía 14 años y, inicialmente, solo buscaba disfrutar. Sin embargo, encontró algo más importante: “era una forma de sentir que podía competir contra otras personas en igualdad de condiciones”. Su progresión fue rápida. Con el proyecto joven de Zuzenak logró ascender a la máxima categoría y el equipo consiguió mantenerse durante cuatro temporadas, algo que el club no había logrado anteriormente.
Paralelamente comenzaron las convocatorias con España. Llegaron un bronce europeo y otro mundial con la selección sub-22 y, con 16 años, su primera concentración con la absoluta. Después de seis o siete temporadas en el club de su ciudad dio otro salto competitivo incorporándose al BBK Bilbo BSR, donde actualmente cumple su quinta campaña.
Campeón de Europa con la selección española
La progresión deportiva de Adrián terminó consolidándose también con la absoluta. Tras varios años entrando en la dinámica de la selección, disputó su primer gran torneo internacional y España se proclamó campeona de Europa de baloncesto en silla de ruedas.
“Para mí fue un impulso enorme de motivación y energía para seguir entrenando y mejorando”, recuerda. Después llegó el Mundial, donde las expectativas eran diferentes. España aspiraba a luchar por las medallas, pero cayó en cuartos de final frente a Australia, que posteriormente se proclamó campeona. Adrián no utiliza ese desenlace como excusa: “Nosotros no dimos el nivel que esperábamos. Íbamos con otras expectativas y no conseguimos cumplirlas”.
La respuesta vuelve a conectar con esa cultura de trabajo que atraviesa su trayectoria. “El deporte también consiste en levantarse y seguir trabajando para la siguiente oportunidad”. Ahora, el siguiente gran objetivo de la selección pasa por buscar la clasificación para los Juegos Paralímpicos.
Un TFM entre Australia y una concentración con España
Mantener ese calendario internacional mientras completaba su formación universitaria ha obligado a Adrián a aprovechar prácticamente cualquier espacio disponible. Antes de llegar a UNIR había estudiado en una universidad presencial y comprobó las dificultades que suponía encajar horarios académicos con entrenamientos, desplazamientos y competiciones.
La formación online cambió esa dinámica. “Nuestro tiempo es limitado y nuestros horarios son bastante particulares. Hay momentos en los que tienes una hora libre y necesitas poder aprovecharla”, explica. Poder decidir cuándo avanzar en sus estudios ha sido fundamental para mantener simultáneamente una elevada exigencia deportiva y académica.
Adrián García realiza un tiro libre en un encuentro internacional.
La mejor demostración llegó precisamente con el Trabajo Fin de Máster (TFM). Su defensa estaba prevista mientras debía permanecer dos semanas en Australia compitiendo. A través del Programa de Apoyo para Deportistas de Alto Nivel (PADAN) pudo comunicar la incompatibilidad y modificar la fecha.
El resultado resume bastante bien qué significa una carrera dual en el alto rendimiento: Adrián terminó defendiendo su TFM conectado desde Madrid mientras estaba concentrado con la selección española preparando el Mundial. “Una mañana me conecté desde la habitación de la concentración y defendí desde allí el TFM. Y salió todo bien”.
PADAN, una herramienta para adaptarse a lo imprevisible
“El PADAN no solo me ha ayudado con cuestiones académicas concretas. También me ha permitido conocer otros recursos disponibles y me ha ayudado a gestionar cambios de fechas cuando lo he necesitado”, señala. Para un deportista que puede pasar semanas concentrado o competir en otro continente, disponer de esa capacidad de adaptación resulta especialmente relevante.
Ahora, con el máster terminado, quiere añadir una nueva pieza a esa carrera dual y comenzar su desarrollo profesional sin abandonar el deporte de alto nivel. El reto será encontrar una actividad compatible con unos horarios marcados por entrenamientos, partidos y convocatorias internacionales.
Prepararse para cuando el deporte deje de ser el centro
La formación tiene para Adrián una segunda dimensión. Además de las herramientas que puede trasladar al rendimiento deportivo, estudiar significa construir una alternativa para un futuro que ningún deportista puede controlar por completo.
“Puede llegar un momento en el que ocurra algo inesperado, las cosas dejen de funcionar o simplemente seas tú quien decida que ya no quiere continuar”. Contar con una formación permite entonces disponer de “una segunda vía” para continuar desarrollándose cuando el deporte deje de ocupar el centro de la vida.
Su reflexión adquiere todavía más sentido en disciplinas donde alcanzar la élite no garantiza una estabilidad económica para toda la vida. Adrián lo resume sin adornos: “La realidad es que, para la mayoría de nosotros, el deporte no nos va a solucionar económicamente toda la vida. Por eso es importante estar preparado para lo que venga después”.
Esa preparación, sin embargo, empieza mucho antes de la retirada. Está en cada entrenamiento adicional, pero también en cada hora dedicada a estudiar después de entrenar. Para Adrián, la carrera dual no consiste únicamente en tener un plan para cuando termine el deporte, sino en desarrollar ahora la disciplina, la constancia y las herramientas necesarias para rendir mejor dentro y fuera de la pista.
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