Microbiota y deporte: por qué cuidar el intestino puede favorecer la recuperación y la salud del deportista

El Foro UNIR reunió a especialistas en nutrición, farmacia y actividad física para analizar hasta dónde llega la evidencia sobre el ecosistema intestinal, su relación con el músculo y qué estrategias pueden beneficiar tanto a deportistas profesionales como a quienes entrenan por salud.

Ana Gugel, moderadora del Foro UNIR, junto a los ponentes del encuentro.Descubre nuestros estudios de Ciencias de la Salud

La relación entre intestino y músculo abre una de las líneas de investigación más prometedoras de la nutrición aplicada al deporte. La evidencia apunta a conexiones con el metabolismo energético, la inflamación, la inmunidad y la recuperación, pero todavía existe una frontera que los expertos del Foro UNIR quisieron dejar clara: una cosa es favorecer la salud del deportista y otra afirmar que modificar la microbiota aumenta directamente sus marcas.

La última edición del Foro UNIR analizó precisamente qué conocemos de esa relación y hasta dónde permiten llegar actualmente los estudios. La sesión abordó el denominado eje intestino-músculo, el efecto de la intensidad del ejercicio, la alimentación y el posible uso de probióticos, prebióticos, simbióticos y postbióticos. La propia convocatoria situaba el encuentro en esa frontera entre hallazgos consolidados y perspectivas futuras de un ámbito científico todavía en desarrollo.

Máster Universitario en Microbiota Humana

Participaron Mª Teresa Kaiser Manzano, coordinadora académica del Máster Universitario en Microbiota Humana de UNIR; Juan Francisco Romero Collazos, coordinador académico del Máster Universitario en Estrategias Nutricionales en la Práctica Deportiva; y Carmen González Vázquez, directora del Área de Nutrición y Deporte de UNIR. Ana Gugel moderó el encuentro.

“Tenemos que olvidarnos quizás de esos planteamientos triunfalistas de la microbiota como el nuevo suplemento del alto rendimiento”, advirtió Juan Francisco Romero. El motivo es importante: “En este momento no hay evidencia científica de que eso sea así”. Para el especialista, el camino debe comenzar por la salud, la prudencia y una intervención sustentada en evidencia.

Cinco claves del Foro UNIR

  • Salud antes que rendimiento: La investigación permite relacionar el ecosistema intestinal con recuperación, gestión energética e inflamación, pero todavía no justificar que funcione como una ayuda ergogénica directa. “Podemos considerar el ejercicio y la microbiota en una relación de salud antes que en una relación de potenciar el rendimiento”, explicó Juan Francisco Romero.
  • La dieta es el primer paso: Antes de recurrir a suplementos, los tres expertos coincidieron en priorizar una alimentación variada, rica en fibra, verduras, frutas, cereales integrales y alimentos vegetales. “Mi primera herramienta […] sería la dieta”, señaló Mª Teresa Kaiser.
  • Más ejercicio no siempre es mejor: Una práctica moderada puede beneficiar la diversidad microbiana y la barrera intestinal, mientras que entrenamientos extenuantes pueden favorecer inflamación, permeabilidad intestinal y alteraciones de la microbiota.
  • Suplementar solo cuando procede: Probióticos, prebióticos o simbióticos pueden tener utilidad en determinadas situaciones, como deportistas de resistencia con molestias gastrointestinales, pero no deberían recomendarse indiscriminadamente.
  • El deportista necesita una mirada integral: Carmen González defendió un abordaje interdisciplinar donde nutricionistas, farmacéuticos, médicos y especialistas en actividad física coordinen sus conocimientos según cada caso.
  • Tres pilares básicos: Dieta, actividad física y descanso aparecieron como las herramientas más sencillas y consistentes para favorecer un entorno saludable. “Dieta, ejercicio y descanso”, sintetizó Mª Teresa Kaiser.

El eje intestino-músculo: mucho más que digestión

Mª Teresa Kaiser abrió el foro situando una idea fundamental: microbiota y microbioma no son exactamente lo mismo. La primera hace referencia al conjunto de microorganismos presentes en un determinado nicho del organismo; el segundo incorpora también su material genético, sus productos, sus interacciones y el entorno en el que viven.

Tampoco existe una composición intestinal universal que pueda calificarse sencillamente como “la microbiota perfecta”. Cada individuo presenta una configuración distinta, condicionada por factores que comienzan incluso antes del nacimiento y continúan modificándose a través de la alimentación, los antibióticos, el estrés y el ejercicio físico.

Uno de los elementos centrales son los ácidos grasos de cadena corta, especialmente acetato, propionato y butirato, generados durante el metabolismo bacteriano. Estos compuestos intervienen en procesos relacionados con energía, inflamación, metabolismo de la glucosa y mantenimiento de la barrera intestinal.

La conexión con el deporte aparece en el denominado eje intestino-músculo. Kaiser explicó que una pérdida de integridad de la barrera intestinal puede facilitar procesos inflamatorios capaces de afectar al metabolismo energético y favorecer el catabolismo muscular. Al mismo tiempo, determinados metabolitos producidos por las bacterias participan en mecanismos relacionados con la utilización de glucosa, la sensibilidad a la insulina y la protección muscular.

Ejercicio moderado frente a alto rendimiento

Una de las distinciones más importantes del foro fue separar el ejercicio realizado para mejorar la salud del deporte de alto rendimiento.

La práctica moderada puede favorecer el tránsito gastrointestinal, la integridad de la barrera intestinal, la producción de ácidos grasos de cadena corta y determinados microorganismos considerados beneficiosos. Sin embargo, cuando la carga aumenta considerablemente aparece otra realidad fisiológica.

Durante un esfuerzo intenso, parte del flujo sanguíneo se dirige hacia el músculo y puede reducirse el riego intestinal. Ese proceso, junto con el estrés oxidativo y la respuesta neuroendocrina derivada de entrenamientos exigentes, puede aumentar la permeabilidad intestinal y favorecer procesos inflamatorios.

Juan Francisco Romero describió gráficamente esta relación mediante una curva en forma de U invertida. El sedentarismo no produce las adaptaciones deseadas; existe posteriormente una franja de ejercicio que puede favorecer una composición y función más saludable; pero superar determinados volúmenes de entrenamiento puede volver a deteriorar parte de esos beneficios.

Como referencia para ejercicio orientado a la salud, el experto explicó que pueden observarse cambios más estables con actividad física moderada y constante, aproximadamente tres sesiones semanales de entre 30 y 90 minutos mantenidas durante al menos ocho semanas. Eso no significa que exista una receta universal, sino un rango en el que la evidencia empieza a detectar modificaciones.

La primera intervención está en el plato

Ante las preguntas sobre probióticos y suplementos, Carmen González introdujo una distinción sencilla: antes de pensar en cápsulas conviene revisar qué ocurre con la alimentación cotidiana.

Para una persona sana que practica actividad física recreativa, González situó el foco en tres grandes pilares: alimentación adecuada, ejercicio y descanso reparador. Estos hábitos tienen capacidad para favorecer indirectamente tanto la salud general como el entrenamiento, la motivación y la recuperación.

Más adelante concretó algunos ejemplos especialmente sencillos: frutas y verduras variadas, productos de temporada, frutos rojos ricos en polifenoles, legumbres y alimentos fermentados como yogur, queso o kéfir. Todo ello dentro de un patrón mediterráneo que permita aumentar la diversidad de la dieta sin convertir cada comida en una operación de laboratorio.

Mª Teresa Kaiser coincidió con esta prioridad. Ante un deportista, su primer paso sería realizar una valoración integral: conocer qué actividad practica, qué carga soporta, cuál es su sintomatología y cómo es su alimentación. Solo después tendría sentido valorar medidas adicionales.

Juan Francisco Romero utilizó una comparación particularmente ilustrativa: “Si los probióticos son los fertilizantes, pero no hay tierra, que sería el prebiótico, no conseguimos nada”. Esa “tierra” depende, en gran medida, de una dieta capaz de proporcionar el sustrato que necesitan los microorganismos intestinales.

Probióticos: ni milagro ni solución universal

La microbiota se ha convertido en un concepto popular y con ella ha crecido también el mercado de productos destinados supuestamente a modificarla. El foro introdujo bastante cautela en este terreno, algo saludable cuando un tema científico empieza a adquirir la desagradable costumbre de convertirse en reclamo comercial.

Kaiser diferenció cuatro herramientas. Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios. Los prebióticos son componentes no digeribles que sirven de sustrato a determinados microorganismos. Los simbióticos combinan ambos y los postbióticos incorporan productos o metabolitos derivados de las bacterias.

¿Debe tomarlos cualquier deportista? La respuesta de los expertos fue negativa. Kaiser planteó su posible utilización en situaciones concretas, por ejemplo en atletas sometidos a entrenamientos intensos o de resistencia que presentan molestias gastrointestinales o indicios de alteración de la barrera intestinal.

Carmen González añadió otro elemento esencial: no todos los productos son iguales ni sirven para la misma finalidad. El papel del profesional farmacéutico puede resultar especialmente útil para valorar qué opciones existen y cuándo tiene sentido utilizarlas, mientras que nutricionistas, médicos y especialistas deportivos aportan otras piezas de una evaluación necesariamente interdisciplinar.

Romero volvió a rebajar expectativas: las intervenciones tienen que estar “muy bien fundamentadas” y responder a una circunstancia concreta. Alterar un ecosistema intestinal no debería convertirse en el equivalente moderno a comprar el suplemento que ese mes resulta más popular en redes sociales.

¿Es necesario analizar la microbiota de un deportista?

Otra de las cuestiones planteadas por los asistentes fue la utilidad de los test de microbiota.

Mª Teresa Kaiser explicó que la intervención debe comenzar con algo mucho menos sofisticado: una buena anamnesis y una historia clínica. Distensión abdominal, hinchazón y otros síntomas gastrointestinales pueden ofrecer las primeras pistas sobre la necesidad de profundizar en determinados problemas.

Existen análisis de muestras de heces que permiten estudiar la composición bacteriana, pero sus resultados deben interpretarse conjuntamente con la sintomatología y la experiencia clínica. Obtener una lista de microorganismos sin contexto no equivale automáticamente a disponer de un diagnóstico ni de un tratamiento.

Esta necesidad de interpretación explica también la insistencia de Carmen González en la colaboración profesional. Un nutricionista puede individualizar la estrategia alimentaria; el farmacéutico conoce las características y disponibilidad de los productos; el médico debe valorar patologías o alteraciones; y el especialista en actividad física puede integrar la carga y las demandas del entrenamiento.

La gran pregunta: ¿puede mejorar directamente el rendimiento?

El interés por este campo conduce inevitablemente a una pregunta: ¿podemos intervenir sobre el microbioma para correr más, levantar más peso o recuperarnos más rápido?

La respuesta actual exige separar mecanismos plausibles de resultados demostrados. Romero señaló que una composición intestinal favorable puede contribuir a una mejor gestión energética, comunicación intestino-músculo y recuperación frente al estrés oxidativo asociado al ejercicio. Pero eso no permite equiparar todavía una intervención sobre la microbiota con una ayuda ergogénica convencional.

El futuro de la investigación pasa precisamente por determinar umbrales, identificar qué intervenciones funcionan en determinados perfiles deportivos y conseguir estudios suficientemente homogéneos como para trasladar sus resultados a recomendaciones concretas. Los deportistas de resistencia, especialmente expuestos a problemas de permeabilidad intestinal, son uno de los grupos en los que esta investigación puede tener especial interés.

“Hay que trabajar con mucha cautela, con mucha seriedad”, resumió Romero. No es una llamada a ignorar la microbiota, sino exactamente lo contrario: investigar un campo prometedor sin atribuirle efectos que la ciencia todavía no ha demostrado.

Dieta, ejercicio y descanso

El Foro UNIR dejó una conclusión considerablemente menos llamativa que cualquier promesa de suplementación milagrosa, pero también bastante más útil: para la mayoría de las personas, cuidar el ecosistema intestinal comienza por comer bien, moverse y descansar.

Carmen González lo trasladó al terreno cotidiano mediante alimentos fermentados, frutas, verduras, legumbres y variedad dietética. Mª Teresa Kaiser cerró el encuentro reduciendo la estrategia a tres palabras: “Dieta, ejercicio y descanso”. Sobre esa base podrán incorporarse intervenciones específicas cuando el perfil, los síntomas y la evidencia científica realmente las justifiquen.

Para los profesionales interesados en profundizar en esta relación, UNIR cuenta con el Máster Universitario en Microbiota Humana, centrado en la composición, función y posibilidades de modulación de las diferentes comunidades microbianas del organismo, y el Máster Universitario en Estrategias Nutricionales en la Práctica Deportiva, orientado a aplicar la evidencia nutricional a la actividad física y al deporte.

La microbiota puede convertirse en una pieza cada vez más importante del conocimiento sobre el deportista. Pero, por ahora, su mayor valor parece estar en ayudarnos a comprender mejor la salud, recuperación y adaptación al entrenamiento, no en prometer décimas de segundo o kilos adicionales. La investigación tendrá que determinar hasta dónde llega realmente ese potencial.

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