Silvia Rodríguez García
Detrás del próximo estreno cinematográfico de Christopher Nolan -The Oddyssey- se encuentra una de las más grandes epopeyas de la Antigüedad, escrita en el siglo VIII a. C. por el poeta griego Homero: la Odisea.

Si nos ponemos a pensar en expresiones coloquiales de nuestra habla diaria, seguro que aparece un número nada despreciable de ellas que decimos o escuchamos a diario, pero de las que, seguramente, desconocemos su origen. Locuciones como “es mi talón de Aquiles”, “la esperanza es lo último que se pierde” o “¡vaya odisea!” son empleadas con frecuencia en nuestro día a día, pero ¿sabemos su origen?, ¿conocemos la historia detrás de ellas y el acontecimiento que las provocó?
Para averiguarlo, tenemos que remontarnos al siglo VIII a.C. en el que el poeta griego Homero escribió la Odisea, una de las más grandes epopeyas de la Antigüedad. Una historia de la que se ha hecho eco el cineasta Christopher Nolan para su próximo estreno de The Odyssey en el mes de julio. La epopeya homérica que podremos ver en los cines narra el regreso de Ulises a su patria, Ítaca, después de 20 años alejado de su hogar y su familia.
El regreso a Ítaca
La Odisea de Homero es, en esencia, un libro de aventuras, pero también una historia de anhelo, resiliencia y regreso al hogar. Ulises dedica 10 años de su vida a intentar volver a casa; esta ansia por regresar le hace incluso bajar al inframundo en busca de ayuda.
Durante este largo periplo homérico, Ulises pasa por un sinfín de peripecias y contratiempos que no hacen sino retrasar más su regreso. Empezando por enfrentarse a criaturas mitológicas como el cíclope Polifemo, el canto de las sirenas o las terribles Escila y Caribdis. Todas estas experiencias, unidas a la larga ausencia del hogar, hacen que el héroe que partió a la guerra de Troya nada tenga que ver con el héroe que regresa a Ítaca.
Ya lo dijo el poeta griego Constantinos Cavafis en su poema homónimo:
“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias”.
[…]
“Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas”.
El Mediterráneo de Homero
Las descripciones paisajísticas y cartográficas de las obras de Homero muestran conocimientos precisos del Mediterráneo, pero adaptados a la narrativa. De este modo, la Odisea contiene un mapa geográfico auténtico del Mediterráneo antiguo, especialmente en las zonas del mar Jónico, Sicilia y el sur de Italia. Desde la Antigüedad, investigadores y lectores han intentado reproducir el viaje de Ulises por la geografía actual, identificando posibles ubicaciones reales.
Así, el episodio de Escila y Caribdis, monstruos asentados uno a cada lado de un angosto pasaje, se identifica hoy en día con el estrecho de Mesina. La isla de Esqueria, donde habitaban los feacios que recogieron a Ulises, los investigadores piensan que sería nuestra conocida isla de Corfú, mientras que nuestra ansiada Ítaca es una de las actuales islas jónicas.
Pocas obras antiguas han despertado tanto interés y fascinación como la Odisea. Hoy en día se sigue buscando la cueva de Polifemo y queriendo conocer el canto de las sirenas, o que el viaje de Ulises se hizo a través de una geografía real y conocida, en un intento por unir mito y realidad.
Asimismo, no solo tratamos de reproducir la geografía. Igual que buscamos en nuestro Mediterráneo actual las huellas del antiguo, también intentamos reconstruir la apariencia de los templos y palacios en los que se suceden las aventuras de la Odisea.
En este sentido, el paso del tiempo ha condicionado nuestra percepción de la Grecia Clásica. La imagen que nos ha llegado nada tiene que ver con cómo era realmente. Nos han llegado esculturas de colores planos y templos con predominio de tonos grises, pero ese color es fruto del desgaste y la erosión. La Grecia Clásica era de colores intensos. En las descripciones homéricas el mar es de un azul profundo y los cabellos rubios son dorados como los rayos de Sol. Rojos, azules y dorados decoraban el frontón del Partenón, las columnas del palacio de Cnosos y las esculturas de doncellas. De igual manera estaba decorado el palacio de Ulises en Ítaca.
Sala de las dobles hachas, reconstruida por Arthur Evans. Palacio de Cnosos, Creta.
Volviendo a las locuciones del inicio, cuántas veces hemos dicho y escuchado “no es el destino, es el camino”. Quizá, sin darnos cuenta, tal vez sea esta la mayor enseñanza de la Odisea: que el destino importa menos que el camino recorrido. Por eso, si decides poner rumbo a Ítaca, pide que la travesía sea larga, llena de aventuras, llena de experiencias.
(*) Silvia Rodríguez García es profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades y coordinadora de la Oficina de Doctorado de la Escuela de Doctorado en la Universidad Internacional de La Rioja. Licenciada en Filología Clásica e investigadora predoctoral en el grupo de investigación COYSODI de UNIR, participa de forma activa en varios proyectos de investigación obtenidos en régimen de concurrencia competitiva.
Referencias:
- Homero (2005). Odisea. Versión de Carlos García Gual. Alianza Editorial.
- Cavafis, C. (2011). Poesía completa. Traducción de Pedro Bádenas de la Peña. Alianza Editorial.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






