Miércoles, 13 noviembre 2019

El síndrome de Asperger en el aula

El síndrome de Asperger es un trastorno neurobiológico dentro del espectro autista. 

Como docentes es fundamental la especialización para conocer las necesidades de los niños Asperger, conseguir que se adapten a la clase y ofrecerle material que facilite su aprendizaje. 

Cuando nos hablan del síndrome de Asperger parece inevitable no recordar al protagonista de Rain Man en la escena mítica del casino, haciendo gala de su memoria prodigiosa; o asociar el autismo al adorable Sam de la serie Atípico (Netflix) empeñado en tener una novia como el resto de los demás adolescentes.

Y cierto es que la inteligencia o la memoria de un niño Asperger puede ser igual o superior a la de sus compañeros, incluso que busque la interacción con los otros. No obstante, el síndrome de Asperger está tipificado dentro del espectro de autismo y, aunque algunos niños Asperger manifiestan altas competencias en diversas áreas, no deja de ser menos necesaria la intervención neuropsicológica y pedagógica para cubrir sus dificultades en el desarrollo cognitivo y social en el aula.

¿Cómo es un niño con síndrome de Asperger?

Tanto la literatura como Hollywood nos han mostrado el autismo de una manera algo distorsionada si lo comparamos con la realidad de muchas personas con TEA. Como ya se ha indicado, el síndrome de Asperger es también un trastorno neurobiológico dentro del espectro autista y, por ende, afecta a todo el ciclo de su vida.

Aunque existen amplias diferencias individuales entre las personas con Asperger, la mayoría comparte algunos de estos comportamientos y dificultades en los procesos de aprendizaje: 

  • Problemas en la interacción y/o comunicación social.
  • – Comportamientos rutinarios fijos o patrones de conducta repetitivos y disfuncionales (por ejemplo dar vueltas sobre sí mismos).
  • Conductas obsesivas por objetos o temas concretos.
  • Destrezas motoras finas poco desarrolladas.
  • Reacciones desadaptadas ante determinados estímulos sensoriales (un niño con Asperger puede entrar en pánico ante el ruido de un simple aspirador o no responder ante la sensación de dolor).

Lenguaje y socialización en el niño Asperger

Durante las conversaciones con compañeros o adultos, los niños con síndrome Asperger suelen centrarse en la literalidad del lenguaje, ignorando las claves que mueven el lenguaje abstracto o el implícito. A su vez, también se muestran muy honestos a la hora de emitir un juicio u opinión y es esa franqueza la que puede llevarles en ocasiones a malentendidos con sus iguales. 

Dicho de otro modo, a los niños Asperger les cuesta interiorizar o manejar las reglas sociales implícitas, básicas para la adaptación e integración en la sociedad. De ahí que muchos de ellos sean tachados como “los raros de clase” o se vuelvan personas  demasiado solitarias. Años atrás, incluso, se les consideraba niños histriónicos por no saber elegir la conducta adecuada a cada situación social.

A los niños Asperger les cuesta interiorizar o manejar las reglas sociales implícitas, básicas para la adaptación e integración en la sociedad.

Imaginemos que los padres de un niño con síndrome de Asperger le dan permiso que se quite la camiseta en la mesa mientras comen en casa. Pues bien, el pequeño podría actuar de la misma manera en un restaurante o en el comedor del colegio, una situación que despertaría las risas o las bromas de sus compañeros. 

Dificultades cognitivas 

A pesar de que el niño con síndrome de Asperger cuenta con una inteligencia promedio respecto a su edad, esto no significa que le resulte fácil planificar y organizar sus conductas para resolver las tareas de clase. A la hora de estudiar o solucionar ejercicios, por ejemplo, le costará diferenciar qué información es la importante, qué datos debe retener en concreto o qué conocimiento debe extraer de ello. A su vez, tampoco le resultará sencillo generalizar ese conocimiento recién aprendido a otras áreas de su vida. 

Como ya nos mostró Dustin Hoffman en Rain Man un autista puede gozar de una memoria casi sobrenatural. De hecho, son capaces de aprender la secuencia de pautas, una a una, que deben llevar a cabo para lograr la conducta meta, pero su problema es otro. Su problema recae en el momento de ponerla en práctica: en ese cómo, cuándo o dónde. 

Dificultades motoras y sensoriales

Algunos niños con síndrome Asperger, no todos, también presentan déficits en las destrezas motoras finas. Si no se trabajan y entrenan precozmente pueden perjudicar su aprendizaje de la escritura en el futuro.

Respecto a la exposición sensorial, pueden mostrarse hipo o hipersensibles a estímulos como al contacto físico, a los ruidos estridentes o agudos, a algunos sabores de las comidas… Sus reacciones ante estos estímulos también difieren de un niño a otro: algunos se quedan bloqueados, incapaces de emitir una respuesta de evitación; otros reaccionan de manera exagerada, con gritos o ataques de pánico.

El niño con Asperger en el aula

Cabe insistir en que un alumno Asperger puede poseer una inteligencia promedia para su edad y una memoria excelente. Incluso su discurso podría gozar de gran riqueza hasta el punto de hacernos creer que es más maduro para su edad.

Sin embargo, hay que ser meticuloso en la evaluación de estos alumnos porque estas fortalezas en un niño pequeño que padece el síndrome de Asperger podrían despistar al profesor. De hecho, el gran problema con el que se encuentran los profesores frente a los alumnos con síndrome de Asperger en el aula ordinaria (y viceversa) es la falta de formación y recursos pedagógicos recibidos sobre el autismo de los docentes. 

Consejos para la integración en el aula

Tener un niño Asperger en el aula también supone al profesor adquirir nuevos aprendizajes. No es suficiente que conozca las necesidades especiales de su alumno y su pequeña gran personalidad, también tendrá que aprender a mirar al mundo desde los ojos de su alumno. Y ser paciente. Y mostrarse flexible… En definitiva: estar capacitado para adaptar las tareas escolares y poner a prueba nuevos recursos didácticos con el fin de mejorar las competencias del niño. 

El profesor aplicará estrategias como pautar sus tareas, establecer rutinas en el aula y hacer uso de apoyos visuales en sus explicaciones.

Como agente social en el aula, el maestro también debe desempeñar la función de mediador para que el resto de los alumnos de clase integren a su compañero. Es conveniente que guíe a este en las interacciones con los iguales, por ejemplo: durante los trabajos en equipo, en los recreos o en las salidas del centro. También, suele ser muy enriquecedor tanto para el alumno con autismo como para sus compañeros que elija a un par de mejores amigos de la clase y les asigne el rol de acompañantes durante las rutinas escolares.

En conclusión

Puesto que el marco de educación actual es inclusivo para estos niños con necesidades especiales es prioritario que los profesionales amplíen su formación académica con un Máster Oficial en Educación Especial. De esta manera al profesor le será más sencillo detectar cuáles son las conductas asociadas al síndrome de Asperger de su alumno; podrá utilizar apoyos visuales eficaces durante las explicaciones para mejorar sus enseñanzas; potenciar el lenguaje abstracto y el juego simbólico de manera eficaz o programar actividades que faciliten la interacción e integración social. 

En definitiva, un profesor con formación especializada en educación especial garantiza al niño con síndrome de Asperger una enseñanza de calidad en el aula