Lunes, 04 febrero 2019

Aprendizaje Servicio: la metodología social que necesitamos

Ya comentamos en alguna otra ocasión que las metodologías no son rígidas ni cerradas y que deben, y de hecho lo hacen, complementarse entre sí y adaptarse al contexto educativo en el que se integran, tanto teniendo en cuenta a los alumnos, como a los docentes o los recursos disponibles. En ese mismo sentido, también se ha hablado anteriormente sobre la necesidad de que esa plasticidad y flexibilidad metodológica se traslade a las asignaturas, con una mayor conexión entre ellas, sin convertirlas en compartimentos estancos.

Esa idea de apertura, en relación al qué y al cómo, adquiere su máximo sentido si logramos traspasar los muros del centro, no solo los del aula, otorgando a nuestro aprendizaje un significado cívico y real.

Igualmente, en muchas ocasiones hemos destacado la importancia de las soft skills, del aprendizaje emocional, de la empatía, la tolerancia o la competencia global. Cuestiones que, como veremos, cobran especial relevancia y protagonismo con esta metodología.

Definiendo el Aprendizaje Servicio

Para tener todos esos aspectos en cuenta, tenemos un nombre que engloba todas esas ideas: el Aprendizaje Servicio (ApS). Como siempre sucede en educación, no es un concepto nuevo, aunque sí renovado, al igual que indicábamos para el Aprendizaje por Proyectos (ABP). Precisamente, muchos consideran el ApS una suerte de ramificación del ABP, definiéndolo como un proyecto solidario.

   El Aprendizaje Servicio es un proyecto solidario que une el aprendizaje con el compromiso social.

El Aps es una metodología en la que los alumnos, o el docente, dependiendo de las edades, identifican una necesidad o un aspecto mejorable en su entorno, en su comunidad, y planean, organizan y desarrollan un proyecto para darle respuesta.

El Aprendizaje Servicio para los alumnos

El Aprendizaje Servicio promueve, entre muchas otras habilidades, el desarrollo de:

-Valores, empatía, solidaridad, compromiso, civismo y tolerancia.

-Competencia global.

-Competencia social y ciudadana.

-Conocimiento del entorno y de la comunidad, así como sus necesidades.

-Trabajo cooperativo y gestión del tiempo.

-Aprendizaje ubicuo y holístico.

-Aprender haciendo y experimentando.

-Responsabilidad y autonomía.

-Capacidad de mejora, de adaptación y de aprender de los errores.

Cuestiones a considerar

Por supuesto, se debe tener en cuenta el currículum, que de esta manera se ve vinculado a competencias y valores. Y se debe recordad que no se trata únicamente de que los alumnos ayuden a un tercero, tiene que aprenderse haciendo la tarea, con una buena reflexión e investigación durante la misma, ya que no es sinónimo de voluntariado. Precisa compromiso, no solo de los estudiantes, sino también del profesorado.

A pesar de esos aspectos, que era necesario aclarar, sin duda nos quedamos con lo positivo, ya que a través del ApS:

-Se recupera el sentido social de la educación.

-Se integran los conocimientos cognitivos con los actitudinales.

-Se fomenta el voluntariado.

-Se mejora la inclusión.

-Se establecen relaciones con la comunidad y con los barrios.

-Los alumnos con más posibilidades conocen otras realidades y los más desfavorecidos fortalecen su autoestima.

¡Atrévete con el Aprendizaje Servicio!

Si eres docente, de cualquier etapa educativa, y tienes interés en aplicarlo, puedes empezar por llevar a cabo pequeños proyectos solidarios dentro del propio centro, documentarte, dejarte guiar por expertos y empaparte de las experiencias de otros profesores, tanto en blogs o páginas web, como en Twitter, donde tiene gran actividad.

   Con el ApS el aprendizaje cobra vida y sentido para los estudiantes, es un aprendizaje real.

El ApS es una metodología activa, con los alumnos como protagonistas, implicando una motivación muy grande, derivada de poder ayudar y de poder ver y vivir las consecuencias positivas de su proyecto. En definitiva, supone un paso más hacia una educación social, recordándonos la importancia de las personas y de sus valores en una época altamente digitalizada y, en ocasiones, excesivamente deshumanizada. Es una vuelta a la realidad, una conexión con el mundo que rodea a nuestros estudiantes.