Martes, 21 marzo 2017

Política social entendida como acción local para el bienestar

La transformación del Estado Social en los años 70 y 80 en la Vieja Europa se presenta como la pérdida de capacidad de control normativo por parte de las instituciones estatales y de las burocracias de bienestar. Ambas actúan según programas preceptivos y condicionales sobre la sociedad civil. Se ha hablado bastante de transformación de los “modelos racionales” de política social.

A pesar de la diversidad de los “estilos” de política pública en los diferentes países europeos, es indudable que está emergiendo, tanto en el tejido social como en las intervenciones de política social, la tendencia a la des-normatividad. No es preciso recordar que las teorías de la convergencia de los sistemas de bienestar europeos actualmente no cuentan con muchos seguidores.

Entre los principales indicadores que pueden citarse están los siguientes:

-Las cuotas más débiles del mercado de trabajo (jóvenes y mujeres) han sido dejadas en buena medida al juego del mercado. Ciertamente se han elaborado nuevos programas (por ejemplos los llamados contratos de solidaridad o de cooperación) y las legislaciones nacionales han reconocido una creciente paridad de género, pero la acción para asegurar a todos un trabajo y hacerlo compatible con formas de vida más equilibradas es muy débil y poco coordinada, a pesar de las exigencias en sentido contrario.

-La lucha contra la pobreza difícilmente combate la “trampa” de los sistemas redistributivos y los fenómenos de creciente invisibilidad de la marginación social. En concreto, difícilmente se ha reconocido que actualmente la variable más decisiva sobre la pobreza es el tipo de familia en que se vive (por número de miembros, recursos, estabilidad, etc.).

-En los servicios socio-sanitarios se ha avanzado en la medicalización de la asistencia que, junto a comportar costes económicos crecientes, confía totalmente en factores tecnológicos, y no presta suficiente atención a la integración entre aspectos sanitarios y sociales en la asistencia de la salud/enfermedad.

-El reconocimiento de titularidades de derechos sociales para las singulares categorías sociales (niños, mujeres, discapacitados, ancianos, enfermos, etc.) ha provocado una especie de disolución de la familia como unidad solidaria para las intervenciones de bienestar.

No podemos en entrar en detalle en cada uno de estos aspectos. Si nos gustaría revelar que, en los años 80 y 90 del siglo pasado se llegado a pensar que se estaba produciendo una regresión hacia formas residuales de Estado Social. El nuevo siglo se está encargando de mostrar que tales fenómenos de fragmentación no comportan necesariamente un retroceso en el bienestar de la sociedad en su conjunto. Al contrario, desde tales fenómenos está naciendo una nueva sensibilidad y capacidad normativa, emergen nuevas reglas de acción para el bienestar. ¿Cuáles?

En primer lugar: las dificultades de llevar a cabo una planificación a priori han derivado en nuevos modelos de programación concertada, negociada, flexible, que puede ser re-orientada. Esta debe evaluar sobre todo la autonomía de toda unidad operativa.

En segundo lugar: la fragmentación de los sujetos y de las sub-culturas para el bienestar han dado vida a nuevos modelos de acción descentralizada y autónoma, con el florecimiento de la cooperación, del voluntariado, de la mutualidad, de la auto-ayuda, y de otras formas de política social “desde abajo”.

De esta forma se está reforzando la idea de que las políticas sociales deben ser proyectadas, definidas y activadas no tanto como expresión de una clase política o del Estado central, sino como expresión de todos los grupos sociales interesados en el bienestar de la comunidad en que viven. La acción local para el bienestar no debe considerarse ya como una actualización de influencias y directivas “superiores”, sino como una acción autónoma, de redes que forman una realidad sui géneris de servicios de asistencia en constante interconexión e interacción con cuando sucede en el nivel nacional y supra-nacional.