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El educador social en centros penitenciarios

El educador de prisiones es una de las figuras más cercanas a los reclusos. Su trabajo favorece la adaptación al centro penitenciario, y la mejora de la calidad de vida y bienestar en prisión.

Educador social en centros penitenciarios con un recluso
Educador social hablando con un recluso.

En las prisiones trabajan profesionales de diversos ámbitos y cada uno desempeña un papel fundamental. Entre ellos está el educador social, cuyo objetivo principal está orientado a acompañar y asesorar al interno y facilitarle su vida en la cárcel, así como el paso a la vida en libertad. Por eso, el educador social en centros penitenciarios juega un papel primordial.

Los servicios socioeducativos de cualquier área deben ser gestionados por profesionales especializados y formados con titulaciones como el Grado en Educación Social online de UNIR, la cual aporta las habilidades clave para trabajar en la intervención social en centros penitenciarios, entre otros sectores.

El principal requisito para ser educador social es realizar este grado, estructurado en cuatro cursos (240 créditos) en los que se profundiza en la intervención socioeducativa desde una óptica multidisciplinar. Además, para aquellos diplomados que necesiten adaptar su titulación al grado actual, UNIR pone a su disposición el Curso de Adaptación al Grado en Educación Social.

¿Por qué son necesarios los educadores sociales en los centros penitenciarios?

La figura del educador social en centros penitenciarios es esencial para convertir la prisión en un espacio donde se establezcan relaciones interpersonales sanas, se promueva el aprendizaje, los cambios de conducta erráticas, el desarrollo de habilidades sociales, la autoestima, la gestión emocional y se brinde apoyo y asesoramiento a los reclusos sobre cuestiones familiares, personales o, incluso, legales.

El educador de prisiones es necesario para acompañar a los internos, favorecer su calidad de vida, cubrir sus necesidades y ayudarles a superar barreras. Gracias a estos profesionales se disminuyen las consecuencias negativas de estar en prisión, favoreciendo la conversión de estos espacios en lugares de convivencia y apostando por instaurar valores valores como la confianza y el respeto.

Funciones del educador social en una prisión

Las funciones de un educador social en un centro penitenciario buscan promover un cambio positivo en los reclusos y mejorar su calidad de vida y bienestar en prisión. Asimismo, se pretende desarrollar e implementar programas educativos y de intervención que aborden las carencias educativas, sociales y emocionales de los reclusos, promoviendo su desarrollo integral.

A continuación, se clasifican las tareas más comunes:

  • Entrevistar al interno en su momento del ingreso para realizar una evaluación de su estado, observar sus necesidades y posibles carencias.
  • Dar a conocer el funcionamiento y las características del centro.
  • Encargarse de la organización de actividades lúdicas y deportivas de los presos para que ocupen su tiempo en tareas didácticas y reconfortantes.
  • Cumplimentar informes sobre la propuesta de planificación educativa asignada a cada persona en particular, teniendo en cuenta su condición y necesidades personales. En este informe también se incluyen las medidas de apoyo, ayudas, tratamiento, conductas observadas que precisan de corrección y el plan de acción para aquellos que vayan a salir de la cárcel.
  • Comunicarse de manera continua con los presos y practicar la escucha activa para entender y ayudarles en sus demandas, problemas o carencias y así facilitar su vida en prisión.
  • Trabajar con otros profesionales, como los docentes, para completar su labor y ejecutar, por ejemplo, tareas auxiliares educativas (como la instrucción cultural).
  • A su vez, el educador social puede ayudar al trabajador social en instituciones penitenciarias, los cuales desempeñan una gran labor en la solución de problemas relacionados con la incorporación de los presos a puestos laborales extrapenitenciarios y, en definitiva, en el ámbito de la reinserción sociolaboral.
  • Informar de comportamientos o conductas inadmisibles, así como de faltas reglamentarias que perturben la seguridad o el orden general de la cárcel.
  • Acudir a las reuniones con cargos superiores del centro penitenciario para dar cuenta del estado de los internos con los que trabaja e informar sobre su evolución.

Estas son las funciones básicas de un educador social en un centro penitenciario, pero pueden ser modificadas según establezca la Junta de Tratamiento, los superiores de la cárcel o respondan a las necesidades y características de dicha institución.

Manos que sobresalen de unos barrotes de un centro penitenciario

Competencias que debe tener un educador social para trabajar en un centro penitenciario

Para trabajar en un centro penitenciario el educador social debe contar con ciertas habilidades y competencias para responder eficazmente a las necesidades particulares de los reclusos y contribuir a su integración y educación social. Aquí se exponen algunas competencias esenciales para un educador social en este contexto:

  • Habilidades comunicativas: hablar de forma clara, efectiva y concisa es esencial para conectar con las personas de centros penitenciarios.
  • Empatía: tener capacidad para entender las emociones y experiencias de los internos es clave para establecer relaciones de confianza y ofrecer apoyo efectivo.
  • Capacidad de análisis y evaluación: el educador social en centros penitenciarios ha de ser competente al identificar las necesidades, habilidades y particularidades de los reclusos. Esto ayuda a desarrollar intervenciones personalizadas y programas educativos adecuados.
  • Trabajo en equipo: en estos escenarios se requiere la colaboración multidisciplinar, mediante la cual el educador social colabora con profesionales de distintos ámbitos, como trabajadores sociales, psicólogos, juristas, funcionarios de vigilancia, etc.
  • Resolución de conflictos y mediación: la habilidad de intervenir en situaciones conflictivas y resolver disputas de manera pacífica es fundamental para mantener un ambiente seguro y propicio en prisión.
  • Habilidades motivacionales: poder alentar a los reclusos a participar activamente en programas educativos y de rehabilitación, inspirando un cambio positivo en ellos y un compromiso con su propio desarrollo.
  • Flexibilidad: estar preparado para adaptarse a las diversas situaciones y desafíos que pueden surgir en un entorno penitenciario y ser capaz de ajustar enfoques y estrategias.
  • Ética profesional: mantener altos estándares éticos y respetar la confidencialidad en el manejo de la información de los reclusos. Es decir, estos profesionales deben actuar con integridad y respetar el código deontológico del educador social.

Oposiciones de educador social para trabajar en un centro penitenciario

Para trabajar como educador social en un centro penitenciario no es requisito indispensable contar con un grado en educación social, aunque el hecho de completar una formación universitaria permitirá que el educador tenga un buen desempeño en sus funciones y sepa cómo responder eficazmente ante cualquier situación.

Asimismo, para optar a este puesto de trabajo se tienen que superar las pruebas de selección de las oposiciones de Ayudante en Instituciones Penitenciarias. Una vez dentro, se requiere una antigüedad de 5 años y realizar una serie de cursos de promoción interna para acceder al puesto de educador de prisiones.

Además, tal y como recoge la disposición 23644 del BOE, para presentarse a estas oposiciones se ha de cumplir con los siguientes requisitos:

  • Ser español.
  • Tener cumplidos 16 años y no exceder la edad establecida para la jubilación.
  • Estar en posesión o en condiciones de obtener el título de bachiller, técnico o equivalente. En el caso de titulaciones obtenidas en el extranjero, se deberá estar en posesión de la credencial que acredite su homologación o convalidación en su caso.
  • No padecer enfermedad ni estar afectado por limitación física o psíquica que sea incompatible con el desempeño de las correspondientes funciones, conforme al cuadro de exclusiones médicas que se detalla más adelante.
  • No haber sido condenado por delito doloso a penas privativas de libertad mayores de 3 años, a menos que se hubiera obtenido la cancelación de antecedentes penales o la rehabilitación.
  • No haber sido separado mediante expediente disciplinario del servicio de cualquiera de las administraciones públicas, ni hallarse en inhabilitación absoluta o especial para empleos o cargos públicos por resolución judicial, para el acceso a cuerpos o escalas de funcionarios, ni pertenecer al mismo cuerpo, escala o especialidad a cuyas pruebas selectivas se presenten.

Este proceso público forma parte de la lista de oposiciones a educador social, la cual refleja las múltiples opciones laborales de estos profesionales tanto en el ámbito privado como público.

Educador social de centros penitenciarios hablando con un recluso

Salario de un educador social en un centro penitenciario

El salario que percibe un educador social que trabaja en un centro penitenciario oscila entre los 1.700 y 1.800 euros netos mensuales. Estos funcionarios de prisiones cobran más que otros compañeros de centro, ya que su trabajo comporta mayor responsabilidad. Por ejemplo, es el caso de los funcionarios de vigilancia, cuyo salario mensual está entre los 1.500 y los 1.600 euros mensuales.

Por su parte, el sueldo medio anual de un funcionario de instituciones penitenciarias se establece en torno a los 30.000 €, pudiendo aumentar en función de otras variables como los complementos, honorarios, la antigüedad, etc.

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