Sara Puerto
La segunda sesión del ciclo de UNIR sobre buenas prácticas en IA contó con Jesús Bescós Cano, vicerrector de Planificación y Estrategia de la UAM, y Manuel Lázaro Pulido, director de la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Castilla y León.

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior redefine los procesos institucionales y afecta de forma directa a la gestión de la calidad universitaria. En el marco del ciclo de seminarios ‘Las buenas prácticas en la universidad en la implementación de la inteligencia artificial’, organizado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), diversos expertos académicos analizaron los desafíos y las oportunidades que plantea esta tecnología en los sistemas de evaluación y acreditación.
Tras el análisis sobre el impacto de la IA en la docencia y el aprendizaje que ocupó el encuentro anterior, el debate de esta sesión —dirigido por José Manuel Pingarrón, secretario general de Universidades entre 2018 y 2024, junto con Rubén González Crespo, vicerrector de Organización y Planificación Académica de UNIR— se centró de en el aseguramiento de la calidad en los procesos de evaluación y acreditación de las titulaciones.
Jesús Bescós y Manuel Lázaro.
En esta jornada participaron Jesús Bescós Cano, vicerrector de Planificación y Estrategia de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y Manuel Lázaro Pulido, director de la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Castilla y León, acompañados por Ignacio Hierro, director de Calidad de UNIR.
El presidente de UNIR, Rafael Puyol, abrió el seminario y señaló: “La inteligencia artificial tiene aplicaciones estratégicas y evidentes beneficios como la agilidad y la reducción de tiempos”. No obstante, advirtió de la necesidad de una regulación clara y apuntó que la capacidad de integración de estas herramientas será el factor clave para “diferenciar a las instituciones más innovadoras de aquellas que queden rezagadas”.
Un complemento para liberar de la asfixia burocrática
José Manuel Pingarrón detalló la estructura de este ciclo, enfocado en la docencia, la investigación, la gobernanza y la empleabilidad. “La inteligencia artificial no ha venido a sustituir la responsabilidad de la institución en el diseño y la implementación de sus planes de estudio; ha venido a complementarnos y ayudarnos”, afirmó. Asimismo, remarcó el valor práctico que la automatización de procesos documentales repetitivos tendrá para el personal de las instituciones.
José Manuel Pingarrón.
Por su parte, Ignacio Hierro, director de Calidad de UNIR, resaltó el valor de esta sesión para reflexionar sobre las contribuciones cruzadas entre la visión de las universidades y la de las agencias evaluadoras, al destacar que “el ecosistema universitario debe aprender de esta de cooperación”. No obstante, alertó sobre los riesgos de una automatización desmedida e insistió en la necesidad insustituible de la supervisión de las personas en la gestión institucional: “Si las universidades pueden hacer en entornos controlados memorias de verificación apoyados con una IA… evidentemente después tienen que estar enriquecidos con el juicio humano”.
Hacia una cultura proactiva del dato
Jesús Bescós Cano, vicerrector de Planificación y Estrategia de la UAM, analizó el profundo impacto de la IA en la gestión institucional. Para Bescós, la tecnología brinda una oportunidad gracias a su naturaleza estructurada: “La IA tiene aplicación en los sistemas de calidad por su capacidad de organizarnos datos, de localizar patrones, de predecir”.
Jesús Bescós.
El vicerrector de la UAM desglosó tres aplicaciones cruciales: el diseño evolutivo de planes de estudio mediante el cruce de datos de empleo; la optimización de los sistemas de garantía interna de calidad; y la transformación de la experiencia de un estudiante que ya la utiliza de forma masiva: “Las últimas encuestas que se han pasado a los estudiantes sobre quién usa la IA generativa como un tutor virtual, como un asistente, los porcentajes suben del 80%, es generalizado”.
Bescós hizo hincapié en cómo la automatización de actas o resúmenes documentales puede aliviar la carga administrativa de los profesores. Sin embargo, precisó que el verdadero reto es la migración hacia una cultura proactiva del dato: “Ahora mismo, estamos usando los datos en las instituciones principalmente para justificar lo que hemos hecho, cuando lo razonable sería que los utilizáramos previamente, para ver qué tenemos que hacer”. En su consideración, un ejemplo de buen uso de la IA sería la superación del estrés de las acreditaciones tradicionales por bloques mediante una integración tecnológica continuada en el día a día.
El límite de las decisiones automatizadas
Manuel Lázaro Pulido enfocó la IA como un elemento de transformación normativa más que como una amenaza. Para el experto, “la inteligencia artificial no es un problema de calidad universitaria, es que es una realidad que ya transforma y va a transformar profundamente las condiciones en las que la calidad debe garantizarse”.
Manuel Lázaro Pulido.
A su juicio, delegar tareas mecánicas libera espacio para la labor pedagógica: “La utilización de la IA no tiene por qué deshumanizar, lo que puede hacer es concentrar lo humano en aquello que realmente es necesario el ser humano”.
Por ello, abogó por una gobernanza rigurosa donde las instituciones asuman la supervisión bajo un principio ineludible: “Siempre ha de haber un humano con capacidad real de intervenir”.
Finalmente, advirtió de que las agencias evaluadoras no podrán automatizar las acreditaciones por completo: “La revisión humana será fundamental como garantía irrenunciable. Ningún resultado algorítmico debe trasladarse directamente a una decisión de acreditación sin pasar por el filtro de un juicio delegado y esto es fundamental, por eso la metodología propia de los procedimientos de aseguramiento de calidad siempre van con varios filtros de decisiones humanas”.
Imaginar el futuro de la evaluación
El cierre del encuentro ratificó que las bases del sistema permanecen estables ante la innovación digital: “Incluso en la era de la inteligencia artificial, la calidad universitaria seguirá descansando en los mismos principios: independencia, juicio experto, deliberación colegiada, rendición de cuentas. La IA puede apoyar todo, pero nunca lo sustituye”, concluyó el director de la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Castilla y León.
Ignacio Hierro.
Por último, y como broche a las reflexiones de la jornada, el director de Calidad de UNIR reivindicó el valor de la creatividad y la prospección ante los cambios estructurales que se avecinan en la educación superior: “La irrupción de la inteligencia artificial va a cambiar los procesos de aseguramiento de la calidad. Esto nos obliga a poner un poquito de imaginación”, aseguró Ignacio Hierro.








