Universidad Internacional de La Rioja

La exposición GENOCIDE PROJECT, del profesor Eduardo Gómez: una mirada creativa que estimula la conciencia crítica

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Crear conciencia y sortear la indiferencia ante la estampa del horror es uno de los objetivos de GENOCIDE PROJECT, una obra artística fruto de varios años de trabajo de Eduardo Gómez Ballesteros, profesor de UNIR del Grado en Diseño Digital.

Se trata de un proyecto de investigación enfocado desde la práctica artística, la historia, la filosofía y la pedagogía. Las piezas de arte creadas se nutren, por un lado, de imágenes de archivo de víctimas de procesos políticos violentos recopiladas en los países de origen de los mismos, y, por otro lado, de fotografías de lugares de tortura, reclusión y ejecución realizadas en el presente.

Fue en 2007 cuando comenzó la andadura expositiva del proyecto de este artista plástico. Muchas ciudades han acogido la proyección de sus piezas: Madrid, Oporto, Santiago de Chile… Ahora mismo son el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, en Santo Domingo, y el Museo Memorial de l’Exili, en Girona, los que han abierto sus puertas a GENOCIDE PROJECT, hasta el 6 de agosto y 1 de octubre respectivamente. Este trabajo continúa en marcha y espera ser visto en otros museos de memoria de ciudades como Estocolmo o Gdansk, entre otras muchas.

Eduardo Gómez Ballesteros nos cuenta el proceso de creación de GENOCIDE PROJECT y cómo transmite estos conocimientos y experiencia a sus alumnos.

¿Cuál es la propuesta de valor de esta iniciativa artística?

El trabajo consiste en qué y cómo debería afrontarse la exhibición de determinados conflictos violentos para que lleve al espectador no a una tristeza estéril sino útil, que sirva para hacer de ellos personas más responsables, empáticas, conscientes y compasivas. Sólo hay una forma de hacer justicia a las víctimas del pasado: impedir que haya víctimas en el presente. El objetivo de GENOCIDE PROJECT es fomentar una nueva mirada creativa que estimule la conciencia crítica y contribuya a evitar que puedan volver a producirse procesos violentos parecidos.

En UNIR impartes clases en el Grado en Diseño Digital, ¿cómo fomentas esta mirada creativa de la que hablas en tus alumnos?

Lo primero es invitar a participar activamente al alumnado en todas las clases presenciales, presentando imágenes estáticas y en movimiento tanto de arte como de la cultura visual global, de manera que se facilite la tarea de “pensar con imágenes”. Partimos de la lectura de las mismas para explorar y aprovechar su potencia narrativa como generadora de pensamiento, no usando la imagen como mera ilustración o acompañamiento al texto. La imagen contiene múltiples significados y niveles de lectura, de uso y de abuso, que se hace necesario desentrañar y de los que todos debemos ser conscientes.

Además estimulo que desarrollen sus propias imágenes y propuestas creativas, ya sea en forma de collage, fotografía, vídeocreación, documental, acción performativa o transformando un videojuego, para que se enfrenten a los mismos retos y dificultades que los artistas y profesionales del diseño, desde la praxis creativa. Los trabajos resultantes los mostramos, comentamos y compartimos posteriormente en las clases. Asimismo, intento que conozcan mi trabajo como artista, de modo que les participo sobre el contenido de mi obra y cómo la enfrento. Así, poniendo todos nuestros trabajos creativos en común, se consigue que el aprendizaje sea crítico, compartido y significativo.

 ¿Transmites en tus clases la importancia de saber mirar?

Los usuarios de una biblioteca saben leer; sin embargo, la mayoría de los espectadores potenciales no saben ver, lo que suele incluir a la práctica totalidad del alumnado. Ver es una actividad que exige interpretación y una cierta actividad de la imaginación. Aprender a ver constituye una realización cognitiva, tanto como aprender a leer, a escribir o a sumar.

En consecuencia, en las clases enfrentamos el análisis de obras visuales concretas y su recepción y contextualización en esta excesiva y compleja cultura visual. No se trata de enseñar a mirar, sino de aprender a mirar (sin miedo, con esfuerzo y herramientas), de hacer entre todos, de participar. Pretendo que el alumnado tenga una relación con el arte, el diseño y la cultura audiovisual, experimental, descubridora, expresiva y creativa, partiendo de una manera activa de mirar: si no hay sensación, no hay experiencia.

“El objetivo de GENOCIDE PROJECT es fomentar una nueva mirada creativa que estimule la conciencia crítica y contribuya a evitar que puedan volver a producirse procesos violentos parecidos”.

 Partes de una premisa y es que “el arte es una buena herramienta de cuestionamiento, de toma de conciencia y de llamada a la acción”, ¿cómo lo reflejas en el Grado que impartes?

Efectivamente, como defiendo que el arte debe plantear preguntas y no tratar de dar respuestas, en mis asignaturas acerco al arte a través de las imágenes que este genera, de modo que cada clase se convierte en una experiencia artística en sí misma.

El arte con mayúsculas respeta al espectador, no se conforma con entretenerlo sino que espera algo de él. Transmitir esto con pasión desborda la realidad de las clases: el objetivo es que el alumnado viva el arte, se sienta concernido por él.

Así, el alumnado de UNIR puede comprobar cómo el arte se ha ocupado de conflictos diferentes. Mirar y repensar las obras de arte de otras épocas, es muy útil para ver de otra forma los conflictos actuales. Los artistas no dependemos de coyunturas informativas, lo que nos permite trabajar a posteriori de los acontecimientos y nos posibilita enfrentar los temas desde una posición filosófica y humana de amplio espectro, alejada de las visiones parciales y partidistas.

 Cuéntanos… ¿cómo fue tu experiencia y trayectoria durante todo el proceso de creación de la obra?

Mi proceso de trabajo consiste en recorrer determinados países donde se hayan producido conflictos, pues considero que para comprender es necesario no solo saber sino estar. Una vez allí, investigar en archivos o entablar relación con asociaciones o familiares para recopilar imágenes de víctimas (fichas policiales, fotos oficiales o retratos familiares) y, a la vez, visitar emplazamientos de tortura, reclusión y ejecución y filmarlos y fotografiarlos tal cual están en la actualidad.

Con ese material, y una vez debidamente reposado, realizo piezas artísticas relacionadas con dichos conflictos, que nunca se exhibirán en el país de donde se tomaron las imágenes.  Además, intento realizar seminarios, ponencias, conversatorios para fomentar que el espectador aproveche la experiencia y pueda pasar de la contemplación al aprendizaje, y de ahí a la acción.

¿Consideras que hoy en día la sociedad está “anestesiada” ante estas imágenes?

La sociedad está saturada de imágenes de violencia extrema. Por eso hay que penetrar en el terreno de la empatía con la persona, con el individuo, posibilitando un juego entre dos miradas: miras y te miran. El público en general suele esperar imágenes explícitamente violentas, a mitad camino entre lo desagradable y el morbo. La idea es que se encuentre con la mirada de la víctima, con esos ojos que han visto un horror no evitado. La emoción nos sobrecoge con fuerza ante ciertas imágenes ante las que nos encontramos, de alguna manera, como los espectadores de un naufragio. De este modo, se puede implicar al espectador en la obra.