Martes, 17 septiembre 2019

Cómo te ayuda la inteligencia emocional en tu desarrollo

Durante mucho tiempo se ha creído que si tenías un alto coeficiente intelectual podrías cosechar grandes éxitos.

Sin embargo, cuando las grandes empresas encargan estudios de investigación (Harvard Business Review) y encuestas (Fortune), estos revelan que el fracaso de los ejecutivos se debe principalmente a sus incompetencias emocionales.

La inteligencia emocional se ha convertido en la “distinción Core”, en la decisión final de una selección de personal. La formación académica y el CI no son garantía de éxito, ni personal ni profesional.

Conociendo la inteligencia emocional

Definimos inteligencia emocional (IE) como la capacidad de reconocer, aceptar y gestionar nuestras respuestas emocionales para conseguir nuestras metas y para relacionarnos de forma productiva y saludable con nosotros mismos y con los demás.

Por eso,  comprobamos el éxito personal y profesional cuando vemos a una persona que:

  • – Lidera: inspira a través de la coherencia. Escucha y ayuda a las personas a construirse autónomas, confiadas y con capacidad de comprometerse, innovar, asumir retos y vivir en la incertidumbre del cambio.
  • – Gestiona el cambio: es capaz de neutralizar los miedos que surgen con los cambios y de orientar las voluntades y los recursos en la dirección adecuada.
  • – Crea entornos con relaciones productivas y saludables: aplica la escucha, la empatía y altas dosis de asertividad en sus relaciones interpersonales. Cuida de las personas y de su bienestar contribuyendo al mantenimiento de vínculos más gratificantes.
  • – Es eficaz: conoce su ADN profesional, sus fortalezas y sus áreas de mejora. Sabe poner foco en la acción para conseguir metas y objetivos evitando ser presa de impulsos emocionales irreflexivos.
  • – Transmite energía positiva: obtiene lo que desea con mayor facilidad que otros, ya que ha generado creencias potenciadoras.

El éxito involucra muchas actitudes que, además, tienen que ser cotidianas; y es aquí  donde encontramos la dificultad: todos en algún momento somos disciplinados, tenemos voluntad pero, no siempre somos capaces de incorporarlo a nuestros hábitos de comportamientos.

El poder del autoconocimiento

Es fácil que las dificultades y los obstáculos que se presentan cada día nos sugieran la idea de abandonarnos al decaimiento y a la imposibilidad. No olvidemos que nuestro cerebro está diseñado para utilizar la menor energía posible en sus quehaceres.

Cuando algo se presenta como reto y nos obliga a desarrollar nuevas habilidades, no siempre somos capaces de activar nuestra voluntad y de mantenernos con firmeza en nuestros propósitos.

Nuestra inteligencia emocional nos ayuda a identificar aquellas respuestas emocionales que más contribuyan a motivarnos.

Aquí entra en acción nuestra inteligencia emocional. El crecimiento y desarrollo personal está muy ligado a que nos conozcamos mejor y a que descubramos nuestras verdaderas motivaciones y metas para orientar nuestros comportamientos.

No habrá nunca un desarrollo profesional exitoso si no hemos sido capaces de hacer nuestro primer viaje hacia nosotros para desarrollarnos, primero, de forma personal.

Necesitamos desarrollar habilidades de escucha activa y empatía, reconocer y modificar cuando sea necesario nuestros patrones internos de pensamiento.

Es necesario que sepamos expresar adecuadamente nuestros sentimientos, de manera clara y precisa y que seamos capaces de identificar y respetar los sentimientos de los demás.

Nuestro desarrollo personal contribuirá a que gestionemos la capacidad de actuar eficazmente frente a las situaciones conflictivas, tan presentes en nuestra vida profesional.

Educar y desarrollar la inteligencia emocional  tiene mucho que ver con lograr comprender cómo se producen nuestras emociones, no solo desde el punto de vista orgánico sino químico también, ya que están estrechamente ligadas a sustancias (neurotrasmisores) de nuestro organismos que pueden alterar considerablemente nuestros comportamientos.

Fijémonos por ejemplo en uno de ellos: la dopamina que podría asociarse a emociones que provocan sensaciones de gratificación como la alegría. La falta de dopamina  puede puede provocar tristeza, duda, miedo, enfado e incluso complicar nuestras respuestas emocionales y provocar:

  • – Trastornos psicológicos: psicosis.
  • – Abuso de sustancias.
  • – Control de impulsos.
  • – Falta de motivación.

El proceso de cambio

Después, necesitaremos desarrollar “ACTIVOS” que nos aporten nuevas perspectivas para mejorar considerablemente nuestra inteligencia intrapersonal o nuestra relación con nosotros mismos, y nuestra inteligencia interpersonal o relación con los demás:

 

 

1.- Alínea tus 5 dimensiones: ten conciencia corporal, mental, emocional, social y espiritual

2.- Genera estados de flow: dedica el mayor tiempo posible a actividades en las que te sientas con máxima implicación mientras mantienes un grado de concentración absoluto.

3.- Reconoce tus emociones y las de los demás: elige aquellas respuestas emocionales tuyas y de otros que te sumen, rechaza las que no.

4.- Invierte en capital relacional: pon en marcha tu escucha activa buscando una comunicación para el encuentro.

5.- Ten conciencia social y de organización: identifica las señales que los demás emiten de forma consciente o inconsciente y asume tu responsabilidad como parte de tus sistemas.

 

Teniendo en cuenta que todo esto pasa por una serie de procedimientos y técnicas de autoobservación, que nos permitan tener claro el comportamiento que más nos ayuda a conseguir nuestros objetivos en cada situación, confiamos en una forma efectiva de aprender a desarrollar personal y profesionalmente nuestra IE: un proceso de coaching nos ayudará a  descubrir de forma consciente cómo podemos mejorar nuestras competencias emocionales.

Ahora bien, cada una de estas competencias por separado: autoconciencia, autorregulación, automotivación, conciencia social y habilidades de vida y bienestar no son algo nuevo para ninguno de nosotros, lo extraordinario es su integración para que puedan proporcionar resultados que sintamos exitosos en nuestro bienestar personal e individual, en las relaciones interpersonales, en nuestro ámbito profesional y en las diferentes áreas de la vida.

Un proceso de coaching ayuda a  descubrir de forma consciente cómo podemos mejorar nuestras competencias emocionales.

Cada vez más las empresas impulsan el desarrollo de competencias emocionales  en sus equipos con el fin de que se sientan autónomos y corresponsables de su éxito y del de la organización. Si activamos y desarrollamos la IE de las personas también estamos promoviendo su bienestar y el de su entorno.

Teniendo en cuenta el momento actual donde pasamos de la inseguridad a la inestabilidad y de nuevo a la inseguridad, parece una apuesta fundamental, coherente y productiva para nuestros desarrollo que si duda contribuirá a organizaciones y sociedades más saludables .