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Hilario Blasco, director general de Emooti: “la IA no sustituye al psicólogo, lo potencia”

La inteligencia artificial ya impacta la investigación en psicología. En un Foro UNIR con expertos internacionales, se analizaron sus ventajas, riesgos y el papel insustituible de lo humano en la salud mental.

Jorge Heili, director del Foro UNIR, junto a Hilario Blasco.Descubre nuestros estudios de Ciencias de la Salud

La inteligencia artificial ya no es una promesa futurista ni un asunto reservado a ingenieros. También ha entrado en la psicología, una disciplina donde el dato importa, sí, pero donde lo humano sigue siendo el centro. Menos mal, porque delegar la salud mental entera en una máquina sería otra brillante ocurrencia de nuestra especie.

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En un Foro UNIR con más de 2.000 inscritos de Latinoamérica, expertos en psicología, neurociencia e investigación analizaron cómo la IA está transformando la producción científica, el análisis de datos y la práctica clínica, pero también los riesgos de usarla sin criterio.

Cinco claves del Foro UNIR

  • La IA potencia, no sustituye: “no reemplaza al psicólogo, lo hace más eficiente”, afirmó Hilario Blasco.
  • Sandra Doval advirtió: “la IA puede atrofiar el pensamiento crítico” si se usa sin criterio.
  • Eduardo González señaló: “ha revolucionado el análisis de datos y la productividad científica”.
  • El mayor riesgo es ético: “las decisiones deben seguir siendo humanas”, subrayó Blasco.
  • La IA se equivoca con seguridad absoluta”, alertó Sandra sobre los errores del sistema.

La psicología entra en la era aumentada

Durante años, la investigación psicológica avanzó entre bases de datos, revisiones bibliográficas, análisis estadísticos y horas de lectura. Ahora, la inteligencia artificial acelera buena parte de ese proceso. Busca patrones, ordena información, resume evidencia y abre hipótesis que antes podían tardar semanas en aparecer.

Pero el salto no está solo en la velocidad. Está en la escala. Como explicó Hilario Blasco, la IA permite procesar un volumen de información imposible para un investigador trabajando solo. Esa capacidad puede mejorar la predicción clínica, la personalización de tratamientos y la monitorización de pacientes.

La trampa, porque siempre hay una, es confundir velocidad con verdad.

Más productividad no significa mejor ciencia

Eduardo González destacó que la IA ha supuesto “un cambio brutal” en la investigación, especialmente en el análisis de datos y en la generación de hipótesis. Para investigadores y estudiantes, herramientas como ChatGPT, Elicit, Consensus o Perplexity pueden facilitar tareas que antes consumían una cantidad absurda de tiempo.

El problema aparece cuando la herramienta deja de ser apoyo y se convierte en piloto automático. Si todos preguntan lo mismo, con las mismas herramientas y sin pensamiento propio, el resultado será una investigación más rápida, pero también más plana.

Sandra Doval lo planteó con claridad: la IA puede ayudar a organizar, sintetizar y explorar información, pero también puede “atrofiar el pensamiento crítico” si el investigador deja de contrastar, interpretar y cuestionar.

El peligro de una máquina convincente

Uno de los grandes riesgos es que la IA no duda como una persona. No se sonroja, no se corrige sola, no dice “no lo sé” con la humildad que tanto escasea, también entre humanos. Puede inventar referencias, mezclar datos o construir una respuesta falsa con una seguridad impecable.

Por eso Sandra Doval insistió en la necesidad de usar modelos trazables, capaces de mostrar de dónde extraen la información. En investigación psicológica, una cita inventada o una interpretación clínica errónea no es un fallo menor: es basura científica con traje de gala.

La IA puede ser útil, pero no debe convertirse en una caja negra a la que se le entrega el juicio profesional.

El criterio clínico sigue siendo humano

Hilario Blasco defendió que la inteligencia artificial puede superar al ser humano en tareas técnicas concretas, pero no sustituye el acto clínico. En psicología y salud mental, el vínculo terapéutico no es decoración emocional. Es parte del proceso.

La intuición clínica, la lectura del lenguaje corporal, el tono de voz, el silencio de un paciente o esa sensación de que “algo no encaja” siguen teniendo valor. No todo cabe en un modelo predictivo, por mucho que Silicon Valley siga empeñado en meter la vida entera en una hoja de cálculo con esteroides.

Blasco lo resumió desde una idea esencial: la IA debe asistir, no reemplazar.

La empatía como frontera

La gran pregunta no es si la IA será cada vez más precisa. Lo será. La pregunta es qué papel quedará para el profesional cuando muchas tareas técnicas puedan automatizarse.

La respuesta del foro fue clara: quedará lo más difícil. Escuchar, interpretar, acompañar, decidir con responsabilidad y sostener el vínculo humano. Eso no es romanticismo barato. Es la parte de la psicología que convierte una intervención en algo más que una secuencia de datos.

En palabras de Blasco, lo que diferencia al profesional no es solo lo que sabe, sino su capacidad de ponerse “en el pellejo del paciente”.

Una herramienta poderosa exige mejores profesionales

La conclusión no es cómoda, pero sí útil: la IA no hará bueno a un mal profesional. Lo amplificará, que es peor. En cambio, un investigador o psicólogo con criterio, formación y ética podrá usarla para trabajar mejor.

Esto obliga a actualizar competencias. No basta con saber usar una herramienta. Hay que saber cuándo usarla, qué pedirle, cómo verificar sus respuestas y cuándo ignorarla sin remordimientos.

La psicología del futuro no será menos humana por usar IA. Será menos humana si sus profesionales renuncian a pensar.

El reto para Latinoamérica

Para Latinoamérica, el debate es especialmente relevante. La región cuenta con una enorme demanda de atención psicológica, desigualdad en el acceso a servicios y comunidades científicas con recursos limitados. La IA puede ayudar a reducir barreras, acelerar investigaciones y mejorar procesos.

Pero también puede amplificar brechas si solo acceden a ella quienes ya tienen mejores condiciones tecnológicas, institucionales y formativas.

La oportunidad existe, pero no se aprovechará por inercia. Hará falta formación seria, criterios éticos y una integración responsable en universidades, centros de investigación y servicios clínicos.

El futuro será híbrido

El Foro UNIR dejó una idea de fondo: el futuro de la psicología no será una batalla entre humanos y máquinas, aunque a algunos les encante venderlo así porque el drama siempre monetiza mejor.

Será un modelo híbrido. La IA aportará velocidad, análisis y capacidad predictiva. El profesional deberá aportar contexto, criterio, empatía y responsabilidad.

La máquina puede procesar datos. El psicólogo debe seguir entendiendo personas. Esa diferencia, por ahora, sigue siendo enorme.

  • Facultad de Ciencias de la Salud

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