
Ante la inminente expectativa que se está creando en la comunidad educativa nacional en relación a un pacto de estado por la educación, conviene estudiar, a vuelo de pájaro, cuál es el estado de la cuestión en relación a la enseñanza musical en primaria y secundaria, así como qué aspectos deberían tenerse en cuenta para mejorar y seguir avanzando en la inclusión de las artes escenicas en la educación.
El desarrollo temático constituyó una de las herramientas compositivas más importantes del período clásico, que los tres grandes compositores de la escuela vienesa –Haydn, Mozart y Beethoven–, llevaron a su máximo esplendor.

El motivo está considerado el elemento más pequeño en el lenguaje musical, el átomo de la música, del que parte, necesariamente, toda idea de desarrollo temático.

El análisis gráfico-sonoro se revela como un método de estudio que trata de intervenir en la encarnación de la obra en sonido, a través del ejercicio mental de la imagen sonora por parte del intérprete, convirtiéndose así en una herramienta privilegiada en el proceso de reflexión de éste, a resultas de añadir a los diversos esquemas analíticos una dimensión temporal dada sobre la música original impresa.

Frente a la unidad de sentimiento que había imperado en todo el período barroco y que había tenido como consecuencia la utilización de formas musicales monotemáticas, en el Clasicismo comenzó a usarse otra técnica de articulación dramática.

En la única que Ravel escribió a la largo de su fértil carrera como compositor se da una perfecta síntesis de modernidad y tradición que destila la sensibilidad de la música francesa del siglo XX.

Sin duda alguna, una de las influencias capitales sobre Debussy fue la música de Chopin y, en menor medida, los héroes musicales de éste, Bach y Mozart.
El 12 de junio de 2006 fallecía en Viena a los ochenta y tres años György Ligeti, tal vez el único compositor contemporáneo cuya obra ha sido conocida por el gran público a través de las películas de Stanley Kubrick, como 2001: una odisea en el espacio (1968), El resplandor (1977) o Eyes Wide Shut (1999). Pero más allá de su presencia en la cultura popular, su triunfo fue convertirse –a través de técnicas completamente originales, como la micropolifonía– en una de las mayores figuras de la música contemporánea del siglo XX al margen de la corriente hegemónica de la posguerra, el Serialismo Integral.
Como no podía ser de otra manera a causa del entorno, Debussy se vio envuelto en la espiral de wagnerismo en su etapa de formación y, en sus comienzos como compositor, se vio fascinado por la profundidad de la música del maestro de Bayreuth. A pesar de la virulencia con que Debussy criticó posteriormente la música alemana, las alusiones a la música wagneriana son constantes y, especialmente, al “acorde de Tristán”, ya sea en forma de parodia, de cita o de verdadera filiación simbólica con el fragmento original.
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