Jueves, 06 junio 2019

Manuel Estudillo, director en la serie de RTVE 'Promesas de Arena', y tutor del Máster de Guion

Con solo 10 años, Manuel recibió de manos de su madre un regalo que marcaría el resto su vida, una cámara de fotos a través de la cual comenzó a ver el mundo desde otro punto de vista. Una pasión, la de contar historias por medio de imágenes, que no le ha abandonado desde entonces.

Manuel es uno de los profesores tutores con los que el Master de guion audiovisual de UNIR tiene el honor de contar. Es un guionista y director con una trayectoria amplísima. En su currículum aparecen títulos tan conocidos en la historia de la televisión en España como Hospital Central y otros más recientes como Un burka por amor. En el cine también ha dirigido películas como Jara o El edén perdido. En la actualidad, tiene pendiente de estreno la serie para TVE Promesas de Arena.

Cuéntanos Manuel, ¿cómo comenzaste en el mundo del audiovisual?

Como ya he contado, todo comenzó con aquella primera cámara que mi madre me regaló. Yo soy de un pueblo pequeñito de Badajoz y la única forma en la que pude comenzar a profundizar en el tema fue por medio de unos cursos de fotografía por correspondencia, que por entonces eran muy populares.

Más tarde, comencé a estudiar ingeniería, pero no dejaba de hacer cosas relacionadas con el audiovisual como pequeños documentales que rodaba para el área de cultura del ayuntamiento. Todo aquel mundo me gustaba tanto que acabé dejando la ingeniería y viniendo a Madrid para estudiar Imagen.

Mientras estudiaba en la facultad, siempre estaba haciendo cortos, videos industriales, lo que hiciera falta. Al poco comenzaron las televisiones privadas en España y empecé a trabajar en Tele5 de realizador. Por aquella época también comencé a desarrollar lo que sería mi primer largometraje. Fue un largo viaje que duraría casi 10 años, pero lo conseguí. Tras esto, dejé la televisión y pude comenzar a escribir y dirigir series de televisión, miniseries y por supuesto, cine.

Motivos de orgullo

¿De todo este periplo, con qué proyectos te quedarías, cuáles son aquellos de los que más orgulloso te sientes?

Yo mencionaría El edén perdido, una película que llevé a cabo con la colaboración del ICAIC cubano y que fue la primera que rodó Ana de Armas. Es una película en la que, afortunadamente, se unieron muchas circunstancias positivas y que llegó a ganar en su estreno el premio del público en el Festival de Málaga.

Con respecto a esta película es muy interesante contar cómo fue su proceso de creación y, sobre todo, cómo influyó en ella el hecho de rodarla en Cuba. La historia, en su origen, en el guion, era un drama. Después de meses trabajando en la isla, de rodarla rodeados de su energía y de ese realismo mágico que aquella tierra posee, acabo surgiendo otra obra mucho más positiva. Comenzamos con un drama y acabamos casi con una comedia, o al menos se le añadieron muchos elementos de surrealismo y de humor que ayudaron mucho a la historia.

El proyecto Un burka por amor es uno de los que guardo con mayor orgullo. Fue un trabajo magnífico, grabado en escenarios naturales en Marruecos”

También recalcaría ‘Un burka por amor’, un proyecto del que guardo un gran recuerdo. Fue un trabajo magnífico, grabado todo él en escenarios naturales en Marruecos, en la cordillera del Atlas sobre todo, circunstancia que proporcionó mucha autenticidad al proyecto.

Eso nos lleva a una cuestión importante dentro del mundo audiovisual y es la necesidad de considerar el guion como parte de un proceso, no como obra final.

Indudablemente. La primera fase de trabajo es ese proceso de escritura que el guionista lleva a cabo. Este trabajo se complementa con la siguiente fase, que es la puesta en escena que llevan a cabo el director y los actores, que han de hacer suyo lo que está escrito. La tercera fase es la de montaje donde se acaba de escribir ese guion.

Lo ideal es que, en cada fase, el proyecto vaya ganando, que cada capa que se le añada contribuya a que el producto final sea redondo. En cualquier caso, yo no olvidaría que todo parte del guion, eso es lo fundamental. Sin un buen guion es casi imposible que las siguientes fases sean satisfactorias.

Háblanos de tu último trabajo, Promesas de Arena, la serie que has dirigido para RTVE.

Esta serie la he rodado con la misma productora de Un burka por amor y con el mismo productor: Jorge Sánchez Gallo. Está basada en la novela del mismo título escrita por Laura Garzón y cuenta la historia de una cooperante de una ONG que colabora con un hospital en Libia. La protagonista está huyendo de sus fantasmas familiares y personales y acaba implicada en todo lo que en ese país, que está en guerra, se está viviendo.

Esta serie se ha rodado en Túnez, en dos localizaciones principales: una cercana a la costa y otra en el desierto, cerca de la frontera con Argelia. El propio rodaje en sí ya ha sido una aventura. En primer lugar por la dureza del entorno con altas temperaturas de día y muy bajas por la noche, pero sobre todo por lo que ha supuesto para la propia historia porque estar ahí ha proporcionado un barniz a la serie inimaginable de otra forma.

La realidad en un rodaje

Por lo que cuentas, la realidad y la experiencia que se vive y respira en un rodaje, es una clave importante en tus producciones.

Se puede decir que sí. Cuba, Marruecos y, en este último caso, Túnez han sido fundamentales en el resultado. Yo creo que el hecho de rodar en las localizaciones originales, de convivir con ese mundo, se nota mucho en el producto final.

La historia se impregna de unos matices y de una realidad imposible de conseguir, por ejemplo, cuando se rueda en un set”.

Comunicarse con la gente del lugar, palpar los decorados reales es experimentar en propia carne una verdad que ayuda, no solo a los actores, sino a todo el equipo. La historia se impregna de unos matices y de una realidad imposible de conseguir, por ejemplo, cuando se rueda en un set.

Tú dices en tu página web que tu obsesión como director es dotar a cada historia de la verdad y alma que necesita para llegar al gran público. ¿Cómo se consigue esto?

Es prácticamente imposible dar una fórmula. Lo que sí sé es que si tú tienes algo que ofrecer, algo que íntimamente necesites comunicar, se va a transmitir a tu guion, a tu historia y de una forma u otra llegará.

Por otra parte, si el proyecto con el trabajas no es propio sino ajeno, aunque sea de carácter más industrial, has de ponerle algo de ti, de tu interior, de tu verdad y de tu alma para que tenga vida y no sea solo un producto más.

Esto es algo que intento transmitir a todos los alumnos y alumnas con los que trabajo en este Máster. Intento que se den cuenta de que todas las historias que escribimos necesitan tener una parte de aquello que somos y que solo así se puede llegar al corazón los espectadores.