Miércoles, 17 abril 2019

'Justo antes de Cristo' o el subversivo arte de hacer pensar

Divertir es algo muy serio. Sagrado, podría decirse. Ingenio, precisión milimétrica y altas dosis de realidad son solo algunos de los elementos que debe poseer un buen guion de comedia, una combinación en absoluto espontánea al alcance muy pocos.

Porque para escribir una comedia no es suficiente tener una buena historia; para resultar verosímil hay que ir al infierno, aprender del viaje y regresar con buen ánimo para relatarlo. Ímproba transferencia.

Todo guionista sabe que suscitar aflicción es relativamente sencillo, bastan un infortunio, una gran injusticia o un final destemplado. Pero qué sucede si, frente a todas las variantes del drama e incluso de la tragedia, se opta por el gracejo hilarante y delirante; por abordar la comedia desde la realidad seria y cruda como lo hacen Juan Maidagán y Pepón Montero. Pura genialidad.

Ambos guionistas saben que entretener con inteligencia y sin bilis resulta enmarañado, acaso lo que más. Divertir a costa de la mofa no entraña mayor dificultad que el arrojo de soportar los desaires y a los desairados (nimiedades para quien vive de la ofensa), si bien ellos han optado por un derrotero diferente, el de entregar comedias de calidad que nutran también el intelecto.

El quid de todo guion de comedia, cuyo germen lo encontramos mucho antes de Cristo, radica en inducir al espectador a creer que posee superioridad moral con respecto a los personajes; así la audiencia se considera mejor que los protagonistas de títulos de Leo McCarey, Billy Wilder, los hermanos Marx o de cualquier screwball comedy.

Sin embargo, Montero y Maidagán no se contentan con ello, y así configuran historias como su nueva comedia, en la que la línea divisoria entre la risa y el drama radica en el simple hecho de subir o bajar el volumen del televisor. Prueben a hacerlo, es revelador.

Conquistadores de audiencia

Juan Maidagán y Pepón Montero ya habían conquistado a la audiencia con Camera Café o Los del túnel. Sin embargo, ya hace quince años que se habían planteado la génesis de una comedia completamente diferente, en la que la República romana adquiría todo su protagonismo.

El azar, los Monty Python y cierto regusto a Ionesco se unirían entonces para dar lugar a Justo antes de Cristo (2019, Borja Cobeaga).

Manio Sempronio (Julián López), es un patricio romano que debe suicidarse para restaurar el honor de su familia. Incapaz de ejecutar la sentencia, es enviado a Tracia como integrante de la Legión para forjarse un futuro. Allí, la sombra alargada de su padre (Sempronio “El Magnífico”) pesará sobre Manio, quien deseará ser conocido por sus propios méritos.

Con todo, sus ambiciones se ven truncadas por su falta de liderazgo, su torpeza y sus estrambóticos enredos, solo sofocados por Agorastocles (Xosé A. Touriñán), su sagaz esclavo. El campamento, calmo desde hace lustros, está capitaneado por Neo Valerio (César Sarachu) el general de la Legión, un hombre entrado en años cuya máxima aspiración era cultivar melocotoneros.

La cotidianeidad, las filias y las fobias del campamento y el magnífico elenco consiguen conformar una espléndida producción.

El espíritu castrense recae por completo en su hija Valeria (Cecilia Freire) quien, junto a la joven Attica (Priscilla Delgado) y a Domicia (Marta Fernández Muro) se encargarán de diseñar, desapercibidamente, las estrategias de la Legión una vez se desate la guerra contra los bárbaros. La cotidianeidad, las filias y las fobias del campamento y el magnífico elenco (con grandes figuras como Manolo Solo, Eduardo Antuña, Bárbara Santa-Cruz, Fernando Cayo o Sergio Torrico), consiguen conformar una espléndida producción.

Un guion redondo

El máximo acierto de su guion redondo es, sin duda, alejarse de referentes como Yo Claudio o Joseph L. Mankiewicz, para absorber el humor de Terry Gilliam, aderezado con la ingenuidad de Astérix y Obélix y algún que otro ademán destroyer de Nerón.

Junto a ello, su aparente lejanía contextual, ni más ni menos que en la frontera con Tracia, permite a los guionistas realizar una sátira cáustica de la actualidad con la distancia suficiente que les otorgan los personajes de la Roma republicana del 31 a.c.

Indudablemente, otro de los bastiones que sostienen este gran libreto es el exhaustivo trabajo de documentación realizado por Montero y Maidagán, capaces de imbuirse en toda la literatura a su alcance para trasportar al espectador actual a la lucha de Marco Antonio contra Octavio.

La exactitud en la ambientación es otro de los ejes sobre el que pivota esta comedia, con unos equipos de arte y vestuario entregados a la tarea de dotar de verosimilitud a la historia.

Emparentada a la documentación, la exactitud en la ambientación es otro de los ejes sobre el que pivota esta comedia, con unos equipos de arte, vestuario y caracterización netamente entregados a la tarea de dotar de verosimilitud a la historia.

Y para finalizar, aunque debiera ser el primero, si algo destaca en el guion de Justo antes de Cristo es su afán de diversión, de esparcimiento perspicaz e higiénico, de entrega casi infantil al júbilo. Porque sin maniqueísmos ni lugares comunes, este drama cómico o comedia dramática es una de las mejores producciones patrias de los últimos tiempos.

No se pierdan Justo antes de Cristo, una sitcom que hará historia en esta década y, muy probablemente, también en la próxima.