Miércoles, 07 marzo 2018

Jesús López Cobos, por siempre en nuestro recuerdo

Siempre que fallece una gran personalidad de nuestra cultura se nos queda, por momentos, el alma congelada; revivimos en esas primeras décimas de segundo todo aquello que esa persona ha aportado a lo largo de décadas de entusiasmo y entrega totales, de defensa de su profesión artística, de su vocación artística.  Pienso esto, a raíz del reciente fallecimiento de Jesús López Cobos, uno de los Directores de orquesta más destacados de nuestro país.

Cobos fue un gran incentivador de la labor de todos aquellos músicos profesionales que se dieron cita en sus proyectos internacionales, que siguieron la pista de su batuta, de su sapiencia, de la sensibilidad y la generosidad que demostró en vida. Estas dos últimas, son las cualidades que ha destacado Antonio Moral, director del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) y amigo de López Cobos: “Hoy, Maestro, nos dejas un gran vacío, pero también el recuerdo de tantos momentos hermosos“, anotaba.  

A tan altas capacidades se sumaba su incansable búsqueda estética y artística. Recientemente, en una entrevista concedida a la revista Opera World, declaraba lo siguiente: “El director es un filósofo, pues busca la belleza”.

Esa sensación de tristeza se acrecienta en nosotros al recordar su tesón y su capacidad, demostrados hasta el último momento. De hecho, las previsiones señalaban próximos estrenos con la National Youth Orchestra de Japón, con la Orchestre Philharmonique Royal de Liège este mismo mes de marzo y con la L’Orchestre National des Pays de la Loire, o la Wiener Staatsoper en abril.

Aquellos que le trataron muy de cerca, como Beatricce Altobelli, su agente durante cuatro décadas, no han hecho más que sumarse al recuerdo que dejó su persona. “Músicos hay muchos, pero él era, además, un gran señor, inteligente, espiritual y elegante dirigiendo a sus músicos”. De igual modo, década tras década, especialistas o críticos (como Karl Lozier, Karlheinz Roschitz, Bruce Duffie, Mary Ellyn Hutton, José M Irurzun) y medios internacionales o especializados (Enjoy the Music, Tiempo de música, Il Tempo Roma, o el mismo New York Times) han destacado su valía y aportación.

Músicos hay muchos, pero él era, además, un gran señor, inteligente, espiritual y elegante dirigiendo a sus músicos”

En algunas de las asignaturas que imparto en el Grado de Música de UNIR (como “ Producción de eventos” o “Introducción a la organización de empresas y proyectos”), recordamos siempre la labor de aquellos espacios dedicados a la música y al teatro, de aquellas instituciones y empresarios volcados en la creación artística y de las grandes agrupaciones musicales. Pero todos ellos no podrían realizar su labor profesional sin la intervención de los Directores de orquesta. Aúnan en su acción diaria tanta entrega, tan larga trayectoria, una vida entera dedicada a la sensibilidad y a la creación artística de todos aquellos profesionales (intérpretes, técnicos, y demás agentes que vertebran la realidad escénica).

Y porque ellos logran “exprimir” al máximo no sólo las capacidades de cada ejecutante, sino las posibilidades expresivas de cada obra, de cada compositor que se interpreta. Es así como han de manifestarse, no solo los méritos profesionales y formativos, artísticos y humanos, sino también lograr demostrar altas capacidades en la gestión del tiempo, la acción y el talento, que se concentra en tan grandísimas agrupaciones.   

Permitió seguir disfrutando de Mozart, Beethoven o Brahms

En el caso de López Cobos, agrupaciones como la Orquesta Nacional de España, Orquesta Sinfónica de Madrid, la Sinfónica de Galicia, la de Cámara de Lausanne, la Orquesta Sinfónica de Cincinnati (EE.UU) o la emblemática Ópera de Berlín, fueron testigos de su incansable trabajo, de su tesón y ejemplaridad sobre los escenarios. Es más, de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León recibió incluso el título de Director Emérito, mención recibida también, desde la Orquesta Sinfónica de Cincinnati. 

 

Gracias a Directores como López Cobos, la música europea se ha visto considerablemente enriquecida. Su aportación en Alemania fue especialmente destacable, y teatros como el Real de Madrid tuvieron la suerte de poder contar con su dirección musical durante años. Mientras, los espectadores del siglo XXI han tenido la dicha de poder continuar disfrutando de la interpretación de altura de aquellos grandes del pasado, como fueron Mozart, Beethoven o Brahms. Precisamente, fue de la mano de la Flauta mágica, cómo López Cobos debutó junto a Peter Maag, que le propuso dirigir tan emblemática obra. 

El primer español en el Covent Garden, la Scala de Milán o la Ópera de París.

Hemos sido testigos, durante décadas, también de magníficas ediciones de la obra de Verdi, Rossini, Mahler, Manuel de Falla, Ravel o Bizet.  Así revivimos en primera persona lo mejor de aquellos compositores de otros tiempos, que siguen siendo eternos por su música. Pero también, gracias a la divulgación y defensa desde el tiempo presente.  

No es casual, por esto y por mucho más, que Jesús López Cobos fuese el primero, de entre los Directores españoles, en el Covent Garden, la Scala de Milán o la Ópera de París. EFE también recoge las intenciones de la realizadora Cristina Otero, que lleva varios años siguiendo la pista de los últimos viajes del fallecido Director con el fin de presentar su proyecto sobre él, así como de algunos responsables de las artes y de la política de nuestro país.  

Fue un hombre que realizó una proeza el año pasado en el Auditorio Nacional al dirigir las nueve sinfonías de Beethoven en un solo día. Un esfuerzo físico y mental que todos los amantes de la música le agradecimos”

En momentos como éstos, la unidad de opiniones es clara. Iban García del Blanco ha afirmado que nuestro país ha de recordar la relevante contribución de López Cobos, “indispensable para el desarrollo del Teatro Real y de la Orquesta Nacional de España”, recordaba. Íñigo Méndez de Vigo ha destacado que “fue un hombre que realizó una proeza el año pasado en el Auditorio Nacional al dirigir las nueve sinfonías de Beethoven en un solo día. Un esfuerzo físico y mental que todos los amantes de la música le agradecimos”. Desde Castilla y León, María Josefa García Cirac manifestaba, con tristeza, “la generosidad de López Cobos con Castilla y León”, con su Comunidad y “con su gente”. No hay más que analizar las previsiones de su agenda (iba a actuar en el Centro Cultural Miguel Delibes y con la Sinfónica de Castilla y León) para percibir el compromiso que tenía con su tierra. 

Méritos y reconocimientos: Premio Príncipe de Asturias

No es de extrañar, por tanto, el reconocimiento que disfrutó en vida. Fue, por ejemplo, reconocido son la Cruz al Mérito de Primera Clase de la República Federal en Alemania, que fuera miembro de Honor del Teatro de la Ópera de Berlín y, en nuestro país, ya en 1981, recibir el importantísimo el Premio Príncipe de Asturias de las Artes o más recientemente, el Premio Castilla y León de las Artes 2012 debido a su indiscutible “proyección internacional”. También recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, y Francia le otorgó el reconocimiento de “Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres”.  

En definitiva, fue recogiendo los frutos de varias décadas de trabajo incansable, desde sus inicios de formación en Viena y Nueva York, tras sus primeros pero grandes pasos en la época de juventud, como su debut hace tantísimos años en Venecia (1969) Londres, Praga y Los Ángeles, o aquellos galardones que recibiera con los Concursos de Besançon y Copenhague.  

Fueron unos años, aquellos primeros, complicados para la cultura de nuestro país. Pero el talento de López Cobos fue admirado incluso fuera de nuestras fronteras, no sólo en aquellos años 70 sino permanentemente y hasta hoy, recibiendo el reconocimiento por su trabajo en destacados Festivales como los de Salzburgo, Montreux, Berlín, Edimburgo o Praga. 

De ahí que hoy recordemos no solo la aportación profesional de López Cobos a la realidad de la música sinfónica y operística, sino también la categoría humana por la que destacó. Conectó con obras de altura, tales como el Réquiem de Brahms o el Così fan tutte, de Mozart, celebración magnífica a medio camino entre la alegría de vivir y el desasosiego ante la inevitable muerte. Esta última obra estaba entre sus preferencias, por lo que esperamos que estas músicas (que continuamente, él hacía entrar en ebullición), le acompañen por siempre.