Jueves, 09 julio 2020

Escribir en tiempos de crisis: ¿amenaza u oportunidad?

Arroz, tomate, galletas, pizzas… ¿Por qué contamos historias?

Y ahí apareció de nuevo. La eterna pregunta. La cuestión que me asalta, sin previo aviso o notificación, en cualquier momento del día: durante un trayecto en coche, en pleno proceso de escritura (junto a la también famosa: “¿Por qué me dediqué yo a esto?”) o en la sección de congelados del supermercado un caluroso día de julio.

¿Por qué contamos historias? ¿Qué es eso que tenemos dentro que nos lleva y nos impulsa a escuchar narraciones ajenas? ¿Por qué acudimos al cine a disfrutar de películas sobre tsunamis, asesinos en serie o juguetes que hablan? ¿Qué tipo de seres, almas vivientes, somos?

Yo, desde luego, aún no tengo la respuesta a todas estas cuestiones…pero sí intuyo que la cosa debe andar muy cerca de una frase estrella que Robert Mckee selló en su manual El Guion. Dice así: “Las historias nos aprovisionan para la vida ante la incertidumbre”.

 

Y es precisamente de esa incertidumbre de lo que vengo hoy a hablar. Porque los guionistas, intrépidos exploradores en la búsqueda del giro, la peripecia y la catarsis, no nos conformamos con una incertidumbre, no. Necesitamos dos de ellas: una para tomar aquí y otra para llevar.

La primera de ellas está directamente relacionada con la frase de Mckee: el mundo necesita de historias y nosotros somos los encargados de dárselas. Somos proveedores de vidas ficticias, de experiencias que cargan las mochilas vitales de aquellos que se atreven a entrar en una sala a oscuras o a pulsar el play desde su mando a distancia. Como creadores de historias, vivimos con la permanente inquietud de: ¿Cuál será mi próxima historia? ¿De qué tratará? ¿Cómo soluciono el problemón que tiene mi estructura? ¿Les gustará a los productores este nuevo proyecto? ¿Venderé la serie en la que estoy trabajando? ¿Encontraré trabajo como guionista? ¿Qué está buscando el espectador?

 

La segunda incertidumbre, que convive en paralelo con la primera es, seguramente, más técnica pero no por ello menos importante. Es, de hecho, fundamental. ¿Cómo cuento mi historia? ¿Tengo que adaptar la escritura a los recursos económicos? ¿Cómo lo hago? ¿Qué tipo de recursos narrativos puedo utilizar? ¿Puedo arrancar mi capítulo con 5.000 extras bajándose de un tren en llamas en mitad de la estepa rusa en 1879?

Si a esta doble incertidumbre propia del guionista, le sumamos ahora la tan terrible como extraordinaria pandemia mundial por coronavirus, entonces el cóctel resultante es esta openclass de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) a la que te animo te apuntes:

 

ESCRIBIR EN TIEMPOS DE CRISIS, ¿AMENAZA U OPORTUNIDAD?

 

En ella, charlaremos sobre cómo la COVID-19 está afectando a la creación y producción de historias, en un momento en el que se consume más que nunca y hay una mayor demanda de ficción a través de las plataformas online. Hablaremos de los cambios de planes, de cómo se está llevando a cabo la adaptación a esta nueva normalidad de los rodajes, los presupuestos y, por supuesto, la escritura de guiones.

 

Abordaremos las incertidumbres del guionista y profundizaremos en las diferentes estrategias y recursos narrativos para contar lo mismo de una manera distinta.

Debatiremos, en definitiva, sobre la cuestión de si esta nueva forma de contar historias supone una pérdida de calidad o, por el contrario, es una oportunidad para agudizar el ingenio.

Y todo ello, mientras hacemos la lista de la compra (arroz, tomate, galletas, pizza…) y buscamos en el vacío de las palabras la manera de seguir aprovisionando las vidas de quienes nos ven y escuchan y, por qué no decirlo, las de nosotros mismos: los narradores.

¿Y quién soy yo? Me llamo Juan Luis “JL” Aceytuno y trabajo en el departamento de desarrollo y guion de Alea Media, productora comandada por Aitor Gabilondo y responsable de producciones como Vivir sin Permiso (Mediaset), Madres (Mediaset) o Patria (HBO).