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“Creo en la escritura como orfebrería, un trabajo manual que requiere técnica y mucha práctica”

El reconocido escritor peruano Iván Thays conversa con Vicente Luis Mora, coordinador del Máster en Escritura Creativa de UNIR, sobre literatura.

Iván ThaysFinalista del premio Herralde y premio Príncipe Claus, Iván Thays (Lima, 1968) tiene a sus espaldas un amplio currículum como profesor de literatura y mentor narrativo, además de ser autor de las novelas Las fotografías de Frances Farmer (1992), Escena de caza (1995), El viaje interior (1999), Un lugar llamado Oreja de perro (2008), Un sueño fugaz (2011) y El orden de las cosas (2012).

Este literato ha trabajado como profesor de narrativa en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú (donde fundó la Escuela de Narrativa del 2004-2010, junto con Alonso Cueto) y ha sido profesor invitado en la Escuela Dinámica de Escritores en México. Asimismo, ha dictado cursos de creación literaria en México, Colombia y Puerto Rico y sostiene uno de los blogs más conocidos de Hispanoamérica, Moleskine Literario.

¿El creador literario nace o se hace? ¿Es fruto del talento o del trabajo?

Sin duda, creo que es producto del trabajo. Podría decir que del trabajo constante, pero existen ejemplos de escritores disciplinados y de indisciplinados (Vargas Llosa y Onetti en cada esquina), ambos con igual éxito. Quizá la forma en que «se hace» un escritor no sea solamente escribiendo, sino leyendo, absorbiendo sus experiencias, pensando en escribir todos los días, cocinando en su mente lo que va a escribir hasta que finalmente lo pone en papel. Yo, a veces, escribo párrafos enteros en mi cabeza y los corrijo durante días o semanas, antes de escribirlos en la computadora.

¿Cuáles son las habilidades que debe desarrollar alguien que desee lanzarse a escribir?

Sensibilidad, para capturar el mundo y poder descubrir el espíritu de las cosas que lo rodean; memoria, para poder retener una idea y trabajar con ella sin extraviarla u olvidarla, sin perder el hilo; complejidad, para poder convertir en algo profundo aquello que es solo una idea general o una anécdota intrascendente; olfato literario, para que sepa reconocer de inmediato dónde está lo que quiere contar.

¿Qué consejo le darías a un autor joven que da sus primeros pasos en la escritura?

Que lea muchísimo, pero sobre todo, que lea como editor: fijándose en las palabras, en la estructura, en la técnica de los autores que lee, y anotando todo ello para poder usarlo luego.

El mejor libro para aprender a escribir que uno puede conseguir es el que nace de su propia experiencia.

¿Recomiendas a los autores (de cualquier edad) que pasen sus libros a buenos lectores amigos, para que los evalúen antes de enviarlos a una editorial?

Solo si le consta que ese buen amigo, pareja o familiar es un estupendo lector. En el proceso de escritura cualquier lector vale, se puede retroceder, dudar, cambiar, insistir… Las opiniones nos ayudan siempre. Sin embargo, si ya consideras tu libro terminado y a punto de ser editado, necesitas algo más concreto y una lectura más profesional, porque un producto terminado es un objeto demasiado valioso y completo como para someterlo a un juicio sin antecedentes.

¿Qué lecturas recomendarías a las personas que aspiran a escribir?

Absolutamente todas, todo vale. Desde un Manual Para Armar Una Mesa hasta El Quijote. La lectura siempre es motivadora e inspiradora para el que está en fase de escritura. Cualquier idea es un disparador de nuevas ideas y soluciones literarias para nuestra obra.

¿Consideras necesario o recomendable, para aprender a escribir, inscribirse en talleres, mentorías, másteres especializados o programas de escritura creativa, etc.?

Es muy recomendable, sobre todo, si tiene profesores escritores. En los talleres hay algo de maestro orfebre que se hace mentor de un aprendiz y le transfiere el conocimiento. Creo en la escritura como una orfebrería, un trabajo manual que requiere técnica y mucha práctica, no solo un trabajo intelectual.

El mentor brinda conocimiento y su experiencia, y acompaña al alumno en un proceso que es personal (la escritura), pero que el mentor ayuda a sacar adelante y potencializarlo.

Los compañeros y las lecturas en voz alta son también un gran complemento y soporte de aprendizaje, mucho mejor que no saber bien hacia dónde se dirige nuestra obra. Incluso si el mentor o el taller no es bueno, tener excelentes compañeros y comentarios sobre tu obra, que te ayudan a mejorar, hacen que valga la pena el tiempo invertido.

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