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40 años de 'La recluta Benjamín'

Hay películas que acusan el paso de los años, que enseguida se perciben como caducas y que el tiempo no trata con excesiva benevolencia. Existen otras que incluso se ennoblecen. Este es el caso de La recluta Benjamín.

Hay películas que acusan el paso de los años, que enseguida se perciben como caducas y que el tiempo no trata con excesiva benevolencia. Existen otras, por el contrario, que no solo resisten el devenir de las décadas, sino que incluso se ennoblecen. Este es el caso de La recluta Benjamín (1980, Howard Zieff), una comedia que ha sabido mejorar con el paso del tiempo, y que se presenta ahora tan enérgica o más que el primer día.

Cuarenta años han pasado desde que Judy (Goldie Hawn) se presentase como una mujer caprichosa, divorciada a la corta edad de veintiocho años y recién casada con su segundo marido Yale (Albert Brooks). Judy siempre hizo lo que los demás querían, y por ello se somete a su padre, a su madre, a su esposo y a su condición social. Porque Judy, y este es el epicentro de su personalidad, se cree feliz. Piensa que elegir el color de un sillón otomano es el colmo de la libertad y que estar bajo el ala protectora de sus progenitores le entregará todo cuanto ella necesita.

La vida es mucho más

Esta percepción cambia cuando, en plena noche de bodas, su marido cae fulminado sobre ella. Viuda en plena veintena y viviendo nuevamente con sus padres, Judy siente que la vida, tal como la conocía, ha finalizado.

De manera providencial se pone en contacto con el sargento Jim Ballard (Harry Dean Stanton), quien le hace ver todas las bondades que el Ejército puede ofrecer a una mujer como ella: Sueldo fijo, puesta a punto a nivel físico, infinitud de destinos y libertad de movimiento. Sin pensárselo dos veces, Judy ingresa en el Ejército, pasando a ser la recluta Benjamín.

En su camino se cruza con un pelotón de soldados que saben del sacrificio y del esfuerzo, y que ven en Judy una advenediza. Será ella quien, al intentar regresar a casa, se dé cuenta de que el pasado no es tan alentador como ella suponía, decidiendo darse al máximo para llegar a ser un miembro destacado de las fuerzas armadas. Cuando por fin lo consiga, no solo será enviada a la sede de la OTAN en Bélgica, sino que se volverá a enamorar, esta vez de Henri (Armand Assante), un médico parisino.

No obstante, en el crecimiento personal de Judy no se encuentra el final feliz tradicional, sino que incluye, acción de los guionistas mediante, la realización profesional en primer lugar. Judy se da cuenta de que la vida es mucho más que ser la mujer de alguien, regresando al Ejército para ser la mejor versión de sí misma.

Un gran guion

Espléndida película firmada por un director como Howard Zieff (Mi chica, The Dream Team), gran parte de la brillantez de La recluta Benjamín se debe, además de la actuación de Goldie Hawn, a su espléndido guion, un libreto escrito por la directora y guionista Nancy Meyers, junto con el también director Charles Shyer y el guionista televisivo Harvey Miller.

La creación de un personaje como el de Judy, que experimenta un auténtico arco de transformación desde lo más insolente a lo más sensato, es uno de los aciertos de la película; a través de los ojos de la recluta observamos no solo lo vacías que pueden ser según qué vidas, sino, sobre todo, la capacidad catártica de la individualidad y de la realización personal.

Otro de los ejes de la trama será la variedad de personajes, una plétora de caracteres que incluyen a la Capitán Doreen (Lewis Eileen Brennan), al Coronel Clay Thornbush (Robert Webber) a las soldadas Mary Lou Glass (Mary Kay Place) y Wanda Winter (P. J. Soles), e incluso a los padres de Judy, Teddy (Sam Wanamaker) y Harriet (Barbara Barrie).

Todos ellos realizan un excelente papel a las órdenes de un guion escrito con mayor complejidad de la que se le presume a una comedia, y que granjeó a sus autores el Premio del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos (The Writers Guild of America Awards) al Mejor guion original de comedia, además de las nominaciones a Mejor guion original en los Premios Oscar y en los Globos de Oro.

Ahora que se cumplen cuatro décadas desde que la película fuese estrenada, no está de más contemplar uno de los mejores guiones de comedia de los ochenta, con una sólida construcción a prueba del paso del tiempo, y una estructura tan perfectamente diferenciada, que puede servir de ejemplo para cualquier escritor que comience su andadura como guionista.

No lo duden, revisen La recluta Benjamín: porque cuando el trabajo está bien hecho, cuarenta años no son más que el comienzo.

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