Viernes, 20 octubre 2017

Fases para introducir el flipped learning en el aula ante el reto del desarrollo de competencias

“Las necesidades de la sociedad y el trabajo cambian, pero ¿lo hace la escuela y las demás instituciones educativas de manera que mantengan su funcionalidad?” (Tourón, 2017). Así comenzaba el prólogo de un reciente libro sobre el modelo Flipped Learning (Martín R. y Calvillo, 2017).

Hoy ya no basta con saber; en la sociedad actual, en permanente cambio, donde el conocimiento y la ciencia crecen a velocidades de vértigo, es preciso, además de saber mucho, desarrollar competencias y habilidades como las que, a modo de ejemplo, señala The Glossary of Education Reform en un artículo sobre 21st Century Skills:

-El pensamiento crítico, la resolución de problemas, el razonamiento, el análisis, la interpretación, la síntesis de la información.

-La creatividad, el arte, la curiosidad, la imaginación, la innovación, la expresión personal.

-La perseverancia, autodirección, planificación, autodisciplina, adaptabilidad e iniciativa.

-Comunicación oral y escrita, hablar en público y presentación, escuchar.

-El liderazgo, trabajo en equipo, la colaboración, cooperación, la facilidad en el uso de los espacios de trabajo virtuales.

-Alfabetización en tecnología de la información y la comunicación (TIC), los nuevos medios de internet, interpretación y análisis de datos, la programación informática.

-Alfabetización cívica, ética y justicia social.

-La educación financiera y económica, el espíritu empresarial.

Parece preciso detenerse a pensar si la mayor parte de lo señalado se adquiere a través de metodologías expositivas, pasivas, en una escuela en la que el protagonismo lo tiene el profesor, en vez del alumno, que es en quien debe recaer la mayor parte de la acción.

 

El flipped learning en realidad es modelo, enfoque, visión y metaestrategia de modo casi intercambiable; y no es una técnica o procedimiento, porque es mucho más que eso. Es una metaestrategia que soporta, o facilita, el desarrollo de muchas otras metodologías y técnicas como el Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), Retos, Aprendizaje Cooperativo (AC), etc.

Se habla mucho de flipped, pero ¿es posible hacerlo en la práctica? Sí, si convertimos la sesión de clase en un espacio flexible para la realización de tareas concretas que permitan una mayor profundización de los conceptos, dinámicas que proporcionen interacción y debate o técnicas que faciliten aplicar lo aprendido, ya sea de manera individual o en equipo.

 

¿Por dónde empezamos si queremos aplicar el modelo en nuestra aula? Hay que seguir estos pasos:

 

1. Diseñar adecuadamente la programación.

El modelo flipped learning requiere un alto nivel de planificación de la instrucción que da lugar a establecer cuatro fases, y no tres, como se viene diciendo: a) preparación y diseño de instrucción, b) antes de la clase presencial online, c) durante la sesión online, d) después de la clase.

2. Poner el foco en los estándares de aprendizaje y las competencias.

Según Tourón (2017), un estándar no es algo diferente a un objetivo específico de aprendizaje; es la expresión de lo que un alumno debe saber y saber hacer en un ámbito de contenido dado a una determinada edad o nivel educativo. Las competencias se contemplan como conocimiento en la práctica, por esto el diseño debe estar siempre orientado a su consecución.

3. Buscar contenidos y recursos educativos abiertos (REA).

En la red, afortunadamente nos encontramos numerosos recursos que permiten acceder a contenido de calidad de manera rápida.

4. Proponer contenido interactivo antes de la clase.

El profesor debe asegurarse de que el alumno ha comprendido los conceptos clave previos a la sesión de clase. Para ello disponemos de herramientas que nos permiten enriquecer el contenido convirtiéndolo en interactivo; esas herramientas nos permiten también ingresar preguntas o provocar un debate. Así el profesor obtendrá un feedback valiosísimo para reorganizar la sesión de trabajo con el alumno.

5. Diseñar situaciones de aprendizaje.

El modelo flipped learning mantiene el propósito de convertir el aula en un espacio donde el alumno tenga protagonismo y participe en su propio proceso de aprendizaje. Por lo tanto, el profesor debe proponer técnicas didácticas según los propósitos y las metas a conseguir, pero sobre todo que estén integradas en metodologías activas, inductivas y heurísticas: a) Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), b) Aprendizaje Basado en Problemas (ABPr), c) Aprendizaje Basado en Retos, d) Aprendizaje Cooperativo (AC), d) Estudio de Casos (ABAC), e) Contratos de Aprendizaje (CA), f) Técnica expositiva del alumno, g) Lección magistral participativa, h) Debate, i) Grupos de discusión, j) Dinámicas de grupo, k) Asamblea, l) Resolución colaborativa de problemas (CPS), m) Webquests.

6. Realizar diferentes tareas durante la clase.

Las aulas versátiles son viables hoy gracias a la tecnología digital. Con las adecuadas herramientas digitales para realizar determinadas tareas, el profesor puede estar al tanto de forma inmediata sobre el progreso de sus alumnos y sobre sus reacciones.

7. Mantener una evaluación formativa constante.

Si la evaluación no solo es un momento para la calificación sino también un elemento importante del aprendizaje, debe estar presente a lo largo de todo el proceso. Las situaciones de aprendizaje generadas, las tareas, actividades, etc., deben ser contempladas como espacios para recoger evidencias sobre el progreso del aprendizaje de los alumnos, para realizar las valoraciones pertinentes con relación al logro de los estándares de aprendizaje y para el desarrollo de competencias.

8. Apoyarse en tecnología digital.

Existen múltiples herramientas que nos facilitan la realización de actividades para fomentar eficazmente el aprendizaje, así como para la recogida de información, de manera sistemática, del progreso de los alumnos, lo que nos ayuda a realizar una labor de guía y acompañamiento.

 

(Este post ha sido elaborado con la colaboración de Javier Tourón)

 

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