Viernes, 17 julio 2020

Evaluación educativa: en qué consiste, importancia y sistemas habituales empleados para evaluar

Como maestros o profesores, tan importante es que los alumnos disfruten de las clases y estén motivados como que el aprendizaje sea efectivo. Una herramienta para determinar si los estudiantes están logrando cumplir los objetivos marcados es la evaluación educativa. En UNIR analizamos en qué consiste la evaluación educativa, su importancia y los sistemas habituales que se utilizan para evaluar.

¿A qué se refiere la evaluación educativa?

La evaluación educativa es un proceso continuo y personalizado dentro del sistema de enseñanza-aprendizaje cuyo objetivo es conocer la evolución de cada estudiante para, si es necesario, adoptar medidas de refuerzo o de compensación para garantizar que se alcanzan los objetivos educativos definidos para su nivel. Es, por tanto, una herramienta de gran utilidad para tomar decisiones pedagógicas para mejorar el desempeño de un estudiante.

Según los expertos en educación, la evaluación es útil tanto para los docentes como para los alumnos:

–Para los maestros porque tienen la oportunidad de comunicar a los estudiantes cuáles son los objetivos y expectativas de aprendizaje y les permite comprobar la eficacia de los métodos de enseñanza utilizados.

–En el caso de los alumnos, la evaluación puede servir como motivación positiva para lograr un reconocimiento a su esfuerzo a través de las calificaciones y les obliga a revisar materias de estudio anteriores consolidando el aprendizaje y aclarando ideas.

La importancia de realizar una evaluación en educación

La importancia de la evaluación va más allá del seguimiento escolar de los propios estudiantes. Se trata de un instrumento de seguimiento y valoración de los resultados obtenidos por los escolares para, al mismo tiempo, poder determinar si los procedimientos y metodologías educativas elegidas están siendo los adecuados. Además, aunque al pensar en evaluación educativa normalmente pensamos en exámenes, la normativa vigente extiende el proceso de evaluación a los distintos ámbitos y agentes de la actividad educativa, es decir: también incluye a los docentes, a los centros, a la idoneidad de los currículos e, incluso, la actividad de las administraciones educativas.

La evaluación es un recurso para asegurar unos niveles de formación común y garantizar que se reúnen una serie de capacidades, competencias y conocimientos concretos para avanzar dentro de los niveles del sistema educativo, logrando los títulos homologados correspondientes.

Sistemas de evaluación habituales

Decimos que la evolución es un proceso porque no se limita a un acto puntual, como puede ser un examen, sino que los docentes se encargan de recoger información sobre la evolución de un alumno en distintos momentos y a través de diversas tareas. Es la manera de obtener una visión más clara y completa del proceso de aprendizaje de cada estudiante y así tomar las decisiones más acertadas para impulsar su desempeño.

 

 

El currículo de cada materia o asignatura debe contener no sólo los objetivos, los contenidos o la metodología didáctica que se aplicará en el aula, también los criterios de evaluación del grado de adquisición de competencias y logro de objetivos, adaptados a cada etapa educativa.

Los maestros serán los encargados de realizar esa observación continuada que requiere el proceso de evaluación y, según los objetivos que se pretendan evaluar, recurrirán al tipo de prueba que mejor se ajuste.

A la hora de realizar la evaluación distinguimos varios sistemas o técnicas que se utilizan de forma complementaria:

–Observación
–Pruebas
–Revisión de tareas
–Entrevistas

Observación

Dentro de la observación en los cursos de Primaria, los maestros cuentan, por ejemplo, con instrumentos como las listas de control (que permiten registrar ausencias o conductas en clase) o realizar escalas de estimación para detectar la frecuencia con la que se realizan determinadas tareas o conductas. Es importante que el docente observe la evolución de cada niño, su actitud en el aula, la relación con los demás, sus progresos en las diferentes materias, sus dificultades… Esto permitirá detectar posibles problemas de aprendizaje y adoptar las medidas necesarias.

Pruebas

Entre los tipos de pruebas que pueden utilizarse para la evaluación del aprendizaje están, por ejemplo:

–Las pruebas de ensayo o de respuesta libre y abierta. El maestro plantea al alumno una cuestión y este la desarrollará con total libertad.
–Las pruebas de respuesta limitada. Pueden ser textos en los que hay que rellenar huecos, preguntas con respuesta múltiple o de elección (verdadero/falso).
–Las pruebas prácticas, mapas conceptuales, de ordenar una serie de elementos en serie…

 

 

Revisión de tareas

La revisión de tareas permite ver cómo es el trabajo diario de cada estudiante, su implicación, el tiempo que requiere para realizar las diferentes tareas y proyectos, si es constante… Es una evaluación continua y, por lo tanto —a diferencia de los exámenes— no dependerá de si el alumno tiene un mal día o de si no ha sido capaz de abordar esa prueba.

Realización de entrevistas

Por último, las entrevistas con las familias de cada alumno proporcionan información sobre su entorno más próximo, si tiene algún problema grave familiar, su adaptación a la escuela.. Deben realizarse de forma regular, especialmente si hay problemas de aprendizaje o conducta.

 

Para realizar la evaluación, los docentes combinan estas técnicas y recogen información sobre el comportamiento y desempeño de los alumnos que más tarde analizan y comparan con los objetivos marcados para determinar la calificación correspondiente.