Lunes, 16 marzo 2020

Cómo enfrentar el acoso escolar

Según UNICEF, 130 millones de estudiantes, entre 13 y 15 años, experimentan situaciones de acoso escolar, esto implica a 1 de cada 3 alumnos. El mismo organismo aporta otro dato también demoledor: 3 de cada 10 adolescentes admiten que han acosado o participado en el bullying a otros estudiantes en la escuela.

Son cifras que reflejan la preocupante situación en relación con la convivencia estudiantil. El acoso escolar o bullying es una realidad que puede ocurrir en cualquier lugar y mostrar rostros muy diversos de las relaciones humanas. Su manifestación con frecuencia es difícil de asumir por parte de los miembros del entorno escolar, quienes pueden no saber reaccionar al no estar preparados para lidiar con ella.

En este planteamiento hicieron hincapié dos especialistas en el tema, los profesores Elías Said y Gloria Perdomo, docentes del Máster de Educación Inclusiva de UNIR, quienes conversaron en la openclass “Cómo intervenir en casos de acoso escolar”.

La realidad del acoso en el aula

De acuerdo con el concepto planteado por el psicólogo Dan Olweus, uno de los primeros investigadores que trato en su trabajo el acoso escolar, un estudiante “sufre violencia o acoso cuando de forma reiterada y prolongada se ve sometido a actos negativos de otro u otros escolares”.

En él se manifiestan unos perfiles claramente definidos:

  • – Víctima.
  • – Acosador.
  • – Instigador (colaboradores del acoso activos).
  • – Observador (colaboradores pasivos).

La profesora Gloria Perdomo, señala al respecto que los docentes tienen la oportunidad de formarse y asumir la falta de preparación con la que en ocasiones pueden contar para gestionar el acoso escolar, y a partir de ello, debatir y discutir sobre las medidas que hay que aplicar en los centros educativos para enfrentarse a la lacra del acoso escolar.

Es preciso ampliar la mirada sobre el bullying, entendiendo que no se limita a unos casos aislados que involucran solo a determinados individuos, sino que estas situaciones de hostigamiento entre iguales surgen y escalan en contextos donde se oculta o se pretende minimizar las dificultades o conflictos. Lo más protector y preventivo es promover ambientes democráticos y escuelas seguras e inclusivas, en las cuales todos los integrantes del proceso educativo se sientan partícipes y convocados a ser corresponsables de la vida en común.

“La convivencia es un problema de todos, la dinámica de la escuela y el cómo nos relacionamos unos con otros al final depende de lo que cada una de las personas que está en la escuela hace… Hay algunas claves para garantizar un ambiente de protección que evite la escalada de violencia”, especifica Gloria Perdomo.

El acoso no ocurre por un solo aspecto o factor del agresor o agresores como, por ejemplo, entornos de pobreza económicas, sino también en otros, donde la diversidad cultural de la comunidad educativa está muy presente.

Lo que amerita ser tenido en cuenta, por los responsables de centros, al momento de diseñar planes que promuevan la educación inclusiva desde la interculturalidad, y que los docentes cuenten con la formación necesaria para poder llevar a cabo estrategias pedagógicas que posibilite a los docentes a llevar a cabo procesos de enseñanza-aprendizaje que tomen la diferencia como un valor y no como un problema. Esto último resulta muy importante, si tenemos en cuenta los resultados del estudio Talis 2018 y el porcentaje de docentes cuya autoeficacia en estos temas se ubicó en alrededor del 60%.

El acoso escolar y la diversidad

El mensaje de organismos como UNICEF es claro: ninguna forma de violencia contra niños o niñas es justificable y todas son prevenibles.

En este sentido, una de las posibles causas que algunos plantean como generadora de conflictos en el aula es la diversidad, si la presencia de alumnos de diferentes orígenes socioeconómicos, etnias o religiones representa un factor de complicación.

En contextos multiculturales, es necesaria una apropiada formación para gestionar la diversidad cultural. Con la presencia de alumnos de diferentes orígenes, razas o religión, los profesores tienen la oportunidad de promover competencias interculturales desarrollando en los estudiantes capacidades para afrontar:

  • – Prejuicios, estereotipos, xenofobia y racismo.
  • – El etnocentrismo, la idea de superioridad de un grupo humano sobre otro.
  • – La intolerancia a lo diverso, a lo que no es uniforme.
  • – Diferencias ideológicas, el pensamiento único.
  • – Los fanatismos, sectarismos, las prácticas y discursos basados en el odio.
  • – Incipiente formación democrática.
  • – Dificultades para la comunicación interpersonal.
  • – Cuestionamiento a la identidad propia o la del grupo.
  • – Precario desarrollo en habilidades sociales.
  • – Situaciones de desigualdad, discriminación y violación de Derechos Humanos.

Sólo desde un enfoque inclusivo e intercultural, estudiando situaciones reales y complejas, propias de esta convivencia diversa, es posible formar capacidades para el análisis crítico de los problemas, para asumir responsabilidades y compromisos, y ejercer los derechos y deberes ciudadanos.

Para enfrentarnos e intervenir en casos de bullying, lo adecuado es trabajar el entorno escolar de forma continuada a fin de generar la mejor atmósfera para la convivencia y detectar con la mayor antelación posibles manifestaciones de agresión u hostigamiento, como se señala en este post sobre las actitudes erróneas que impiden acabar con el acoso escolar.

Y es que, tal y como puntualiza Elías Said, la diversidad en el aula constituye más bien una oportunidad de convivencia y enriquecimiento para que el alumno aprenda principios de tolerancia y respeto por lo diferente.

Cómo evitar el acoso escolar

La violencia no es propia del desarrollo humano, más bien demuestra una dificultad importante de las personas para expresar capacidad de encuentro y resolución de problemas.

Al enfrentar situaciones de acoso escolar, no se debe solo gestionar el caso puntual y esperar a que quien agrede deje de hacerlo y el agredido se recupere. La escuela debe tener un plan establecido para saber cómo actuar en este tipo de situaciones, que incluya a cada uno de los miembros del centro, que proteja a la víctima respetando sus derechos y que asegure un protocolo institucional.

Desde el punto de vista inclusivo sugerimos 10 acciones a desarrollar en las aulas:

1. Promoción de una cultura cívica de Derechos Humanos.

2. Formación para el diálogo, el encuentro y la valoración de la diversidad.

3. Promover relaciones de respeto, cuidado mutuo y solidaridad entre estudiantes.

4. Construcción participativa de normas de convivencia escolar.

5. Propiciar ambientes democráticos que garanticen la participación, el pluralismo, ejercitar la controversia y el debate de puntos de vista contrarios.

6. Observar, registrar, analizar las manifestaciones de la violencia escolar.

7. Proteger a las víctimas. Detener la impunidad.

8. Formación en habilidades sociales, educación de las emociones y la afectividad.

9. Prácticas restaurativas en lugar de las punitivas en la solución de conflictos.

10. Fortalecimiento y apoyo a las familias.

En resumen, se necesita formar a los miembros de la comunidad educativa para que el docente sea un eje transformador y promueva la formación de capacidades y valores ciudadanos.

Como especifica Gloria Perdomo, “a nosotros como docentes no nos forman para lidiar en contextos interculturales. Una formación en derechos humanos es muy necesaria. Y creernos la importancia del papel que ejercemos como docentes…. Una intervención oportuna de un educador puede salvar literalmente a una persona de un destino que no se merece”.