Viernes, 27 julio 2018

Aprende más y mejor con un cerebro sano: ¡muévete y haz que se muevan tus alumnos!

Si hace unas semanas hablábamos de cómo leer puede beneficiar nuestro aprendizaje o el de nuestros alumnos, en esta ocasión vamos a analizar los beneficios del movimiento en la mejora de nuestras habilidades cognitivas. Esto se puede enfocar desde dos puntos de vista; por un lado, en relación a cómo el deporte y la actividad física benefician a nuestro cerebro y, por otro lado, cómo un aprendizaje activo en el aula facilita la adquisición y comprensión de información por parte de los estudiantes.

Nada nuevo bajo el sol: los beneficios de la actividad física

Sin duda alguna, el primer aspecto mencionado no es una novedad: la actividad física y el deporte tienen obvios beneficios en nuestro cuerpo y mente. Es algo conoció por todos, pero que cuesta llevar a la práctica.

Gracias al deporte y la actividad física:

Mejoramos nuestra autoestima y tenemos mejor concepto de nosotros mismos, mejorando nuestra imagen personal.

-Mejoramos nuestro estado anímico.

Nos valoramos más.

Aumenta nuestra motivación y capacidad de autocontrol.

Cambiamos otros tipos de hábitos.

Si nos referimos en concreto a los beneficios del deporte para los más jóvenes, podemos estructurarlos en torno a tres áreas:

Desarrollo social. Se promueve la amistad, el juego limpio, el trabajo en equipo, contar con los demás, depender de los otros y que los compañeros dependan de nosotros, la disciplina, el respeto, la inclusión y la comprensión de la diversidad de facultades.

Desarrollo emocional. En conexión con lo anterior, el deporte nos ayuda a gestionar los fracasos, aprender a perder y a ganar, ser generosos, valorar la constancia y el esfuerzo, prevenir hábitos poco saludables, formar el carácter, paliar los efectos de depresiones y miedos, mejorar la autoestima, favorecer la relajación y la concentración, mejorar el rendimiento escolar o reducir el estrés, entre otros.

Desarrollo físico. Contribución al desarrollo motor, del sistema músculo-esquelético, de las habilidades psicomotoras, conocimiento y aceptación del propio cuerpo, fortalecimiento de los huesos, salud cardiovascular o regulación del peso corporal y del nivel de azúcar.

   La actividad física y el deporte contribuyen de forma sustancial al desarrollo social, físico y emocional de los niños.

El grave problema del sedentarismo

Hoy en día, el desarrollo tecnológico supone que la obesidad, haciendo especial hincapié en la infantil, se haya convertido en un problema de estado. El número de niños obesos se ha multiplicado por diez en cuatro décadas, siendo la inactividad la cuarta causa de muerte a nivel mundial. Ya se sitúa, incluso, por encima del tabaco.

La actividad física resulta básica para el desarrollo integral de los niños, tanto a nivel físico como mental. Sin embargo, está siendo dejada de lado, formando niños que no saben ni comer ni correr y que solo disfrutan frente a una pantalla.

La educación física merece recuperar un espacio que se le ha ido negando reforma educativa tras reforma educativa, por todos los beneficios que tendrá para nuestros hijos en su presente y en su futuro.

   La actividad física no debe ser una opción extraescolar, tiene que estar presente en los centros educativos.

La importancia del movimiento en el aula

Cuando hablábamos, en ocasiones anteriores, sobre la relevancia de las metodologías activas, no se implicaba de forma literal que nos niños tuviesen que moverse en el aula o fuera de ella. Sin embargo, ahí está una de las claves de las nuevas perspectivas metodológicas: los alumnos tienen que moverse.

Los pequeños usan el cuerpo y el movimiento para aprender, cuando el aprendizaje se conecta directamente con el movimiento, se produce un aprendizaje más profundo y duradero.

El movimiento en el aula sirve para aprender, para comprender y para rebajar la ansiedad. Se libera estrés y hay una mayor relajación. Además, como ya comentábamos, los niños adquieren hábitos que les resultarán beneficiosos para su vida fuera del centro educativo. Hay estudios que inciden en la mejora del comportamiento de los estudiantes, así como de sus destrezas en matemáticas, lengua y lectura.

Investigaciones en neuroeducación indican que la actividad física contribuye a mejorar la adquisición de aprendizajes. Los neurotransmisores generados, no solo sirven para sentirnos mejor o más optimistas, sino que también mejoran el estado de alerta, la atención y la memoria, fortaleciendo las conexiones neuronales, aumentando la vascularidad cerebral y generando nuevas neuronas en el hipocampo. La anatomía del cerebro se modifica como si de un músculo se tratase, ayudando en la protección de enfermedades neurodegenerativas y desórdenes cognitivos.

   Cuando un niño se mueve aprende más y mejor, activando su cerebro.

Ideas para moverse en el aula

Una de las formas más directas de llevarlo a cabo es mediante juegos, con los más pequeños, o mediante el uso de realidades alternativas (POST), con estudiantes de edades más avanzadas. Tendencias como el learning by doing o el aprendizaje experiencial pueden contribuir a esta finalidad. En este sentido, se ha hablado del Embodied Learning, para hacer referencia a esa relación básica e imprescindible entre cuerpo y mente. Los gestos que hagamos en el aula, o que pidamos a nuestros alumnos que realicen, también van a ayudar a afianzar los conocimientos. Salir fuera del aula, el contacto con la naturaleza o las clases de educación física son una pieza clave para la salud de nuestro cerebro.

Hay muchas maneras de propiciar el movimiento en el aula de forma lúdica. Por poner algún ejemplo concreto:

Dictado de relevos. Los alumnos forman grupos. En un lado de la clase se sentará un alumno que escribirá. En el otro extremo de la clase se situarán sus compañeros que tendrán un texto. Estos últimos, de uno en uno, tendrán que memorizar lo que puedan del texto, ir corriendo a donde está su compañero y dictárselo. Cuando vuelva dará el relevo al siguiente compañero. Ganará el grupo que termine antes y que tenga la transcripción correcta o con menos fallos. Puede servirnos para muchas asignaturas. Yo lo he hecho en inglés técnico, en la universidad, con resultados muy buenos. Nos movemos, trabajamos la memoria y las competencias comunicativas y lingüísticas, entre muchas otras cuestiones. Se puede hacer igual con la resolución de un problema u otras actividades.

La clase contra el profesor. Los alumnos deberán salir al encerado a completar un ejercicio largo con muchos pasos intermedios, cuando lo acaben, entre todos, podrán salir un poco antes u obtener otro premio. El docente vigilará la participación y propiciará la colaboración de todos. Yo lo he realizado en la universidad con excelentes resultados también.

Clases en el exterior. Salir del aula siempre es un plus. Tanto si es una excusión como simplemente ir al patio o cambiar de clase. Todo lo que sea una novedad espacial será bienvenida por los alumnos. Y si nos encontramos en un lugar más amplio, o incluso abierto, no desaproveches la oportunidad de hacer algo diferente que implique movimiento.

Las posibilidades son infinitas y dependerán de la imaginación del profesor. Siempre tenemos que permanecer observadores para poder adaptarnos a los alumnos. También debemos crear ejercicios que puedan incluir diferentes roles, más o menos activos, de modo que todos los estudiantes puedan sentirse cómodos.

En definitiva, ofrezcamos a los alumnos posibilidades de movimiento que puedan responder a sus diferentes modos de aprendizaje e inteligencias. Hagamos que la educación física sea parte imprescindible en nuestros centros educativos. Mostremos a nuestros alumnos diferentes posibilidades deportivas para que puedan elegir las que más les gusten.

Y si eres de los que estás frente a una pantalla todo el día, recuerda, simplemente, sal a dar un paseo. Eso es dar el primer paso para una vida mejor y más saludable, física y mentalmente. De forma gradual, con medida, y sin obsesiones, esa es la clave.

   Si quieres un cerebro sano y en forma, haz ejercicio de manera regular.