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Poner en valor la diversidad ante el coronavirus

Las últimas semanas hemos venido asumiendo el aislamiento social como medida de urgencia y necesaria ante la crisis sanitaria generada por el Covid-19. Una medida que nos exige solidaridad, pero también estar muy conscientes de la necesidad de reflexionar y luchar contra argumentos que nos hace peor sociedad.

Las últimas semanas hemos venido asumiendo el aislamiento social como medida de urgencia y necesaria ante la crisis sanitaria generada por el COVID-19. Una medida que nos exige solidaridad, pero también estar muy conscientes de la necesidad de reflexionar y luchar contra argumentos que nos hace peor sociedad.

La diversidad de información que hay alrededor de todo lo guarda relación con el coronavirus, nos ha hecho estar infoxicados. La proliferación de ¨remedios caseros¨, contenidos desinformativos y fake news, aumentan nuestra sensación de angustia, pero también nuestros más profundos estereotipos contra los que son diferentes.

Hemos visto cómo, al comienzo de toda esta crisis se presentaron actos contra la población asiática, extendiéndose este tipo de acciones a otros, por motivos de raza, condición social u otros motivos.

Lo que ha provocado que, en España y en otros países hemos sido testigo desde la distancia, de acciones contra turistas localizados en zonas de costas o ciudades que hasta hace no muy poco vivían de la actividad hostelera; pero también, hemos visto a  representantes públicos apuntando a extranjeros como focos o causantes de esta enfermedad; protestas contra la entrada de extranjeros en fronteras entre países hermanos o donde la relación de tensión se llevaba a cabo de forma inversa; hasta personas en sus balcones insultando a otros que salen a la calle.

Todo, sin siquiera ser capaces de pensar en lo que pueden estar pasando el ¨otro¨ o en el carácter indiscriminado que tiene la pandemia, mientras hacemos esta cuarentena.

En estos tiempos que corren, es tan importante quedarse en casa como entender la importancia que prevalezca la solidaridad, y no se use el escenario actual como excusa para la admisión de actos xenófobos. La alarma sanitaria, no solo, ha traído efectos en nuestra salud, sino también está favoreciendo en algunos un aumento en el miedo hacia lo diferente, hacia el otro, que resulta igual de peligroso que la enfermedad en sí.

Sobre todo, porque las medidas que hagamos para combatir estos males son más abstractas, en estos tiempos donde lo sanitario, vinculado a la atención física, prima todo el discurso.

La propia Organización de las Naciones Unidas (ONU), a finales de enero, indicaba que ¨La alarma por el coronavirus es comprensible. Pero el miedo no puede justificar los prejuicios y la discriminación contra la comunidad asiática. Luchemos contra el racismo, acabemos con el odio y apoyémonos en esta emergencia de salud global¨.

 

 

La proliferación de discursos xenófobos a cuenta del coronavirus está siendo un tema recurrente en los diferentes mensajes que recibimos diariamente desde las redes sociales.

En estos tiempos de confinamiento, debemos, no solo, hacer un ejercicio de responsabilidad individual, que ayude a dar sosiego a sistemas de salud colapsados por la cantidad de pacientes que requieren cuidados intensivos en esta pandemia. Debemos ejercer de un autorreconocimiento de nuestros valores en común, si queremos luchar contra el aumento de nuestros más terribles estereotipos y, con ello, de la xenofobia que podamos caer consciente o inconscientemente.

Seamos chinos, ecuatorianos, españoles, colombianos o italianos, todos estamos siendo afectados por esta pandemia, y estamos viviendo un escenario inédito, en el que todos padeciendo por igual.

Debemos tratar de ponernos en la posición del otro, e intentar contrastar todo lo que nos llega desde los diferentes canales de comunicación que tenemos a nuestro alcance, y estar plenamente consciente que esta lucha no es española, estadounidense o colombiana, sino global.

 

 

La crisis humanitaria que sufrimos no tiene relación directa con otros dramas que vemos a diario en nuestras sociedades, producto de movimientos migratorios forzados, racismo o violaciones de derechos humanos, pero no necesariamente deja de ser aprovechado por grupos ideológicos extremista y de escasos valores democráticos para sacar provecho el estado de alarma sanitaria, para inocular sus temores en nosotros, proyectar sus radicalismos y proponer medidas autoritarias.

Podemos esperar y exigir a nuestras autoridades una mayor coordinación de medidas contra el COVID-19, pero no por ello tolerar acciones que atenten contra una solidaridad y la búsqueda de una sociedad más justa, tolerante e igualitaria.

Como bien apuntan, Scolari en un artículo de opinión publicado recientemente, debemos transitar las diferentes etapas de negación, ira, negación, hasta transitar a la aceptación, pero no por ello dócil de lo que nos hace ciudadanos y nuestras sociedades democráticas. Muchos filósofos, sociólogos y otros expertos de las Ciencias Sociales elucubran sobre nuestro mundo post COVID-19, y la verdad es que solo tenemos la sensación de seguridad de que el mundo que conocimos será diferente, pero cuan y cómo de diferente será, dependerá de nosotros.

 

 

El filósofo surcoreano Byung Chul Han ha señalado que ¨el virus no puede reemplazar a la razón¨, y es verdad. Debemos aprender a controlar el pánico que tengamos para evitar ello se convierta en la base de interrelación entre sociedades e individuos, cuando el escenario actual pase definitivamente.

Para ello, debemos impulsar acciones educativas que nos asegure estar bien informados y así detectar lo que es veraz de lo que parece serlo o no lo es. Sobre todo, si queremos contrarrestar la creciente ola de bulos y contenidos desinformativos que recibimos diariamente y que puede convertirnos en cómplices de acciones discriminatorias y violadoras de los derechos humanos y civiles vigentes.

Debemos mantener la calma, a pesar de la tormenta en la que nos encontramos. Son tiempos excepcionales, que requiere que ¨mantengamos distancia¨, pero que no olvidemos del valor de las diferencias que cada uno tiene. Sobre todo, cuando estamos viendo con esta crisis como el potencial rechazo y discriminación que hayamos participado, de forma cómplice o activa, se nos pudiese volver contra nosotros mismos.

Mientras salgamos de nuestros hogares conscientes de ello, y asumiendo la realidad frágil que nos rodea, saldremos fortalecidos y con esperanzas de que el futuro post COVID-19 pueda ayudar a muchos a valorar las simples cosas que nos rodeaban, pero también mirar al otro como lo que son, personas que sufren y padecen como nosotros, que gozan de valor intrínseco que conviene reconocer para hacer que la sociedad mejore a nuestro alrededor.

Dr. Elias Said-Hung

Director del Máster en Educación Inclusiva e Intercultural de UNIR

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