Martes, 26 septiembre 2017

El conductismo y el mentalismo ante los nuevos recursos para el aprendizaje de lenguas

Se ha escrito mucho sobre cómo y cuándo debemos empezar a estudiar una segunda lengua. La respuesta más frecuente suele ser: cuanto antes mejor. Sin llegar al extremo japonés, la mayoría de estudios sí parecen incidir en las ventajas de un aprendizaje temprano, debido, entre otros factores, a la plasticidad cerebral o a no haber alcanzado el período crítico de Lenneberg. Históricamente hubo dos teorías que precedieron a los modelos actuales, el conductismo y el mentalismo.

El conductismo surgió con la misión de convertir la psicología en una ciencia objetiva. Según Skinner, todo comportamiento verbal supone la intervención de dos personas, un hablante y un oyente: el hablante emite una respuesta verbal a un estímulo y el oyente ofrece un refuerzo, un no refuerzo o un castigo. En cuanto al lenguaje, este se deriva y depende del ambiente en el que esté el niño, su entorno social. Siguiendo esta teoría, la imitación juega un papel fundamental y todo conocimiento procede de la experiencia. Estos dos aspectos sentarían la base de la mayoría de críticas a esta teoría del lenguaje, además del hecho de no considerar etapas evolutivas en el aprendizaje del lenguaje ni tener en cuenta la complejidad del mismo, tratándolo como un comportamiento más. Como aspecto positivo del conductismo, se puede destacar que sirvió para comenzar a valorar de un modo sistemático el entorno del niño como pilar fundamental para el desarrollo del lenguaje.

Según la teoría conductista, en una clase de segunda lengua resultaría fundamental la exposición constante a la misma, siendo beneficioso que esta exposición tuviese lugar también fuera del aula, y la evaluación y calificación de los resultados sería el modo adecuado de recompensar o castigar el esfuerzo y de reforzar o evitar la conducta del alumno para mejorar su progreso. La aproximación a la lengua debería ser gramatical y expositiva, dejando espacio a los ejercicios repetitivos y a la imitación: el aprendizaje de la lengua depende de la enseñanza de la misma, ya que el aprendizaje emana del exterior, en este caso, del docente. El papel del profesor es fundamental pues supone el input al que el niño se ve expuesto.

El modelo mentalista de aprendizaje de lenguas tiene su base en las teorías chomskianas, por las que existe una estructura prediseñada de serie en el cerebro (dispositivo de adquisición del lenguaje, LAD), preparada para aprender la lengua mediante la maduración de esa capacidad intrínseca. Según esta teoría, la adquisición de la lengua se produce de manera innata, estaríamos genéticamente preparados para ello. El input ya desencadena los mecanismos internos necesarios para que el aprendizaje tenga lugar. Al contrario que el conductismo, el mentalismo defiende que la mente humana es la única fuente de conocimiento. Como consecuencia, en el aula, el docente podría centrarse en el aprendizaje de aspectos culturales. Algunas de las críticas a esta teoría inciden en el hecho de que aún no se ha encontrado ese dispositivo innato común a todas las lenguas y en que no contempla la importancia del entorno, sino que considera que el niño va a aprender la lengua independientemente del mismo.

Siguiendo los principios del modelo nativista, en la clase de segunda lengua resultaría adecuada una aproximación comunicativa, ya que se cuenta con una gramática básica interna que se irá rellenando con todo el input que se suministre, sin necesidad de mayores explicaciones. Desde esta perspectiva, en la clase de lengua se puede dedicar tiempo a aspectos culturales y transversales propios de esa segunda lengua. El papel del profesor es colateral, puesto que el alumno podría obtener el input de otras fuentes puesto que es posible recurrir a un conocimiento que ya tiene en su interior de forma natural.

En la siguiente tabla se pueden ver las principales diferencias:

conductismo

Cualquiera de las dos teorías parecen extremos que otros autores, con posterioridad, han ido perfilando para dar lugar a modelos situados en algún punto intermedio entre ambas, como harían Jean Piaget o Rod Ellis, que ofrecen teorías más complejas y completas sobre la adquisición y el aprendizaje de una lengua no materna.

En la actualidad se ha evolucionado desde un enfoque gramatical, repetitivo y reduccionista, a metodologías abiertas, basadas en la comunicación y en el uso de materiales reales. Hoy en día se cuenta con recursos con los que no se contaba hace décadas, lo que abre el camino a nuevas posibilidades de enseñanza, aprendizaje y metodologías.