Jueves, 06 julio 2017

Anticipar resultados con paralelismos históricos: el caso británico

Bastaba un rápido vistazo a las encuestas en Reino Unido a principios de abril para entender por qué parecía buen momento para la primera ministra, Theresa May, para adelantar elecciones, con el objetivo de lograr aún más escaños en Westminster y una mayor legitimidad para negociar un Brexit duro.

Los conservadores se encontraban en los mejores niveles de apoyo de los dos últimos años, mientras que el Partido Laborista continuaba cayendo. Aun así, celebrar los comicios en mes y medio era un movimiento muy arriesgado. Pero la rapidez era parte clave de la estrategia, ya que impediría que la oposición pudiera plantear una operación electoral de gran envergadura. Casi nada hacía presagiar que la cómoda ventaja de May pudiera acabar diluyéndose en las urnas, hasta el extremo de perder su mayoría absoluta y tener que negociar para mantenerse en el gobierno.

Análisis de la opinión pública, diseño de mensajes, creación de escenarios… Son muchas las variables que políticos, asesores y comunicadores han de tener en cuenta para trazar una estrategia política con recorrido electoral, como era el caso en Reino Unido. Entre todas estas tareas a acometer, destaca el volver la vista atrás. Investigar el pasado para trazar paralelismos que ayuden a explicar el presente resulta fundamental en Ciencia Política y en Comunicación Política. En este caso, quizá era una de las pocas herramientas que podían anticipar un escenario alternativo al previsto por May.

Más allá de la sorpresa en las filas conservadoras, y entre quienes veían claro un rédito electoral cortoplacista, la situación no es nueva. En 1951 ya sucedió algo similar, aunque con las tornas invertidas. Entonces eran los laboristas los que gobernaban, después de haber logrado un año antes una ajustada mayoría de tan solo cinco escaños. Buscando incrementar su comodidad parlamentaria, adelantaron elecciones. Ganaron en voto popular, pero no en número de escaños, perdiendo el gobierno, al que retornó como primer ministro Winston Churchill.

Otro ejemplo más reciente se produce en Francia, en 1997. El presidente Jacques Chirac, deseoso de mantener cinco años más la mayoría parlamentaria de la que disfrutaba la derecha (y de poder llegar en buenas condiciones a un 2002 en el que coincidían elecciones presidenciales y legislativas), adelantó los comicios un año. Lionel Jospin (Partido Socialista), que estaba retirado, volvió, ganó y se convirtió en primer ministro, teniendo que cohabitar con el presidente francés.

A la variable histórica se une otra más de carácter sociológico: no jugar con el votante. Un axioma que en los últimos años va volviéndose cada vez más importante, según elección tras elección, y país tras país, se ve cómo el ciudadano cada vez más vota contra el establishment y sus intereses.

May quería un resultado más holgado y se ha encontrado con la venganza de los electores. Unos votantes a los que les ha molestado que se les utilice como peones políticos de conveniencia electoral. Al ciudadano no se le puede forzar. Votar cuando toca, siempre. Votar cuando no toca, solo si hay un motivo de peso que lo justifique. Por ejemplo, cuando existe un bloqueo parlamentario que impide al gobierno ejercer su función. El caso más claro y cercano es el de España. La ingobernabilidad a la que llevó el resultado de diciembre de 2015 permitió al PP lograr cifras mucho mejores en junio de 2016, porque el ciudadano percibió que el culpable de tener que volver a las urnas había sido un PSOE por entonces en caída libre.

La primera ministra británica no puede culpar de su amarga victoria a las encuestas; el anuncio de las nuevas elecciones propició un cambio de tendencia que, más allá de la disparidad, los sondeos predijeron acertadamente. Así hasta la encuesta a pie de urna, tras el cierre de los colegios electorales; un sondeo de John Curtice que, como siempre, se ajustó con exactitud británica a lo que Reino Unido había votado y permitió saber que May se había equivocado en su estrategia. Lecciones para la posteridad: analizar la historia en busca de paralelismos históricos y, sobre todo, no jugar con el votante.

David Iglesias. Responsable del Área de Comunicación de GAD3
@davidiglesiasp