Miércoles, 06 mayo 2020

¿Qué debemos saber los psicoterapeutas sobre el apego?

Tener conocimientos sobre la teoría del apego nos va a ser útil como terapeutas para comprender mejor el desarrollo evolutivo de una persona: la influencia que tiene cómo hayan sido los cuidados ofrecidos por las principales figuras de apego en la primera infancia en su posterior desarrollo y salud mental.

Aquí tenemos un esquema que incluye las bases del apego seguro (tomado del Curso “Apego A” de Arwen Caban):

 

 

Recibir apego seguro es uno de los mayores protectores de salud mental y tiene múltiples beneficios, entre los que se encuentran:

  • – Sensación de confianza y bienestar
  • – Adecuado desarrollo psicomotor
  • – Capacidad de expresión y regulación emocional
  • – Autoestima
  • – Capacidad de autocuidado y pedir ayuda
  • – Capacidad reflexiva y de mentalización
  • – Flexibilidad para adaptarse a los cambios
  • – Posibilidad de establecer relaciones saludables y satisfactorias

Recibir apego inseguro nos puede colocar ya en la primera infancia en una situación de mayor vulnerabilidad y dificultades que nos acompañarán en la vida adulta: problemas de autorregulación emocional o desconexión de las emociones, falta de seguridad y confianza en uno mismo y los demás, síntomas físicos (migrañas, dolores de cabeza, de tripa, control de esfínteres, dolores musculares, tics, ataques de pánico…), dificultades relacionales (relaciones rígidas, dependientes o caóticas).

Además, es más probable que los acontecimientos adversos que vivamos supongan mayor nivel de psicopatología al estar más expuesto al impacto emocional de los eventos traumáticos: ansiedad, miedos y fobias, depresión, alexitimia, hipocondría, trastornos psicosomáticos, trastornos de conducta, trastornos disociativos y de personalidad.

 

 

Apego y psicoterapia

En un proceso de psicoterapia desde el inicio debemos estar atentos y saber identificar el tipo de apego de la persona a través de la narrativa y la comunicación no verbal. También nos da información el motivo de venir a la consulta, la sintomatología de la persona, su estado mental en relación a la ventana de tolerancia emocional, sus defensas y la capacidad de auto y co-regulación emocional. Esto nos va a guiar en la formulación del caso, el proceso terapéutico y será útil para minimizar errores.

Por otro lado, una cuestión fundamental es la relación terapéutica: vamos a construir desde el contexto terapéutico una relación de apego seguro con la persona que estamos atendiendo: el terapeuta debe estar autoregulado, acoger y acompañar, alentar y permitir la exploración, contener y regular, según las necesidades de cada paciente en el momento presente.

En definitiva, el terapeuta debe ser base segura y refugio seguro para el paciente con su presencia tranquilizadora. Para ello los terapeutas debemos tener muy claro cómo hacerlo, y si es oportuno, supervisar el caso para que una persona con más experiencia nos ayude en esta tarea.

 

 

¿Qué ocurre si no tengo apego seguro?

Hay una parte de la población que ha tenido la suerte de recibir apego seguro en su infancia, para los que han recibido apego inseguro hay una segunda oportunidad: realizar un proceso de reparación del apego en psicoterapia. Una de las técnicas útiles para este fin es la terapia EMDR.

Saber todo esto nos ayuda como terapeutas a tener una mayor sensibilidad en este sentido. Así, saber lo importante que es nos coloca en situación de ayudar, dependiendo de la población con la que trabajemos:

  • – Niños/adolescentes: hacer un trabajo familiar para ayudar a los adultos a fortalecer su capacidad para ofrecer apego seguro. Podemos utilizar para ello la Terapia familiar sistémica y el Círculo de seguridad parental.
  • – Adultos: podemos incluir dentro del trabajo terapéutico acciones encaminadas a reparar el apego a través del vínculo terapéutico y el trabajo con fallos de apego/traumas previos.

“El sentimiento de seguridad no es una condición natural sino un camino potencial de desarrollo, que puede o no ser recorrido” (Bowlby)