María del Carmen Jiménez Bustos
Promover una intervención social adaptada a las sociedades del conocimiento implica fomentar el uso responsable de la tecnología y reforzar la alfabetización digital de la población.

En las últimas décadas, la digitalización ha transformado profundamente la forma en que las personas acceden a la información, los servicios y las oportunidades. En las llamadas sociedades del conocimiento, la tecnología ocupa un lugar central en la organización social y en el funcionamiento de instituciones públicas y privadas.
En este contexto, la intervención social también se ve obligada a adaptarse a un entorno caracterizado por el uso creciente de herramientas digitales. La inteligencia artificial comienza a incorporarse progresivamente en distintos ámbitos de gestión pública y atención social, generando nuevas posibilidades para mejorar la planificación de recursos y la prestación de servicios.
En España ya se están desarrollando algunas iniciativas que utilizan tecnologías basadas en inteligencia artificial en el ámbito social. Entre ellas destacan sistemas de análisis de datos para prever necesidades sociales o herramientas de comunicación automatizada, como los chatbots, que permiten ofrecer información a la ciudadanía de manera rápida y accesible.
No obstante, junto a las oportunidades que ofrecen estas tecnologías también aparecen nuevos desafíos relacionados con la igualdad, la inclusión social y el uso ético de los sistemas automatizados.
IA y toma de decisiones en el ámbito social
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil para facilitar determinados procesos administrativos, optimizar recursos o mejorar la planificación de políticas públicas. Sin embargo, su incorporación en ámbitos relacionados con la intervención social requiere una reflexión crítica sobre los posibles efectos que pueden derivarse de su utilización.
Uno de los principales problemas detectados en algunos sistemas de inteligencia artificial es la presencia de sesgos algorítmicos. Estos sesgos pueden aparecer cuando los sistemas automatizados utilizan datos que reflejan desigualdades sociales preexistentes, lo que puede influir en la forma en que se toman determinadas decisiones.
Según Nazer et al. (2023), los sesgos presentes en los sistemas de inteligencia artificial pueden generar diversos problemas, entre los que destacan:
- La reproducción de patrones discriminatorios ya existentes en la sociedad.
- La generación de decisiones perjudiciales para determinados colectivos.
- La ampliación o intensificación de desigualdades sociales.
Estrategias para reducir los sesgos en los sistemas de IA
Los sesgos en los sistemas de inteligencia artificial suelen originarse durante el proceso de entrenamiento de los modelos, especialmente cuando los datos utilizados no reflejan adecuadamente la diversidad existente en la sociedad.
Cuando los conjuntos de datos son incompletos o poco representativos, los resultados generados por los sistemas automatizados pueden reproducir desigualdades sociales o generar decisiones injustas.
Los riesgos asociados a los sistemas de inteligencia artificial deben analizarse de manera específica en cada caso y con criterios de transparencia. Aunque la transparencia no elimina completamente los problemas éticos, sí constituye un requisito fundamental para poder identificarlos y abordarlos.
Otro aspecto relevante es el papel de las personas que utilizan o gestionan estas tecnologías. El autoconocimiento y la formación crítica de los profesionales también resultan esenciales para evitar que los sesgos humanos se reproduzcan en el uso de herramientas de inteligencia artificial.
Alfabetización digital e inclusión social
La expansión de las tecnologías digitales también plantea nuevos retos en relación con la inclusión social. En las sociedades del conocimiento, el acceso a la tecnología y el desarrollo de competencias digitales se han convertido en factores clave para la participación social y el acceso a oportunidades educativas, laborales y sociales.
En España, diferentes colectivos en situación de vulnerabilidad encuentran dificultades para integrarse plenamente en la sociedad digital debido a la falta de competencias tecnológicas. Entre los grupos que suelen enfrentarse a mayores obstáculos destacan:
- Personas en situación de pobreza extrema.
- Personas con discapacidad.
- Personas mayores.
- Jóvenes en situación de vulnerabilidad.
- Personas desempleadas.
- Personas migrantes.
La alfabetización digital permite que estos colectivos desarrollen habilidades necesarias para desenvolverse en entornos tecnológicos. A través de la capacitación en herramientas digitales es posible acceder a información relevante, buscar empleo o utilizar servicios sociales disponibles en línea.
Sin embargo, todavía existen importantes desigualdades en el acceso a la tecnología. La denominada fluidez digital, entendida como la capacidad de utilizar y adaptarse de forma eficaz a las herramientas digitales, se ha convertido en un elemento fundamental para garantizar la inclusión social.
Asimismo, persisten brechas digitales de género que limitan las oportunidades educativas y laborales de muchas mujeres. Reducir estas desigualdades constituye un paso necesario para avanzar hacia sociedades más equitativas e inclusivas.
Aunque la mujer sigue ganando presencia en el mundo laboral, todavía persisten brechas digitales de género que limitan sus oportunidades educativas y en el mercado.
Tecnología e inclusión en las sociedades del conocimiento
El desarrollo de la inteligencia artificial y el fortalecimiento de las competencias digitales están transformando la manera en que se diseñan y gestionan las intervenciones sociales. Estas herramientas permiten analizar con mayor precisión las necesidades sociales y permiten dotar de una mayor autonomía a la ciudadanía mediante una gestión adecuada de los recursos.
No obstante, la incorporación de estas tecnologías debe ir acompañada de una reflexión ética que garantice la igualdad de oportunidades y evite reproducir desigualdades ya existentes.
Promover una intervención social adaptada a las sociedades del conocimiento implica fomentar el uso responsable de la tecnología y reforzar la alfabetización digital de la población. Solo a través de este enfoque será posible avanzar hacia modelos de intervención más eficaces, inclusivos y socialmente justos.
(*) María del Carmen Jiménez Bustos es docente de UNIR en Trabajo Social, Educación e Intervención Social, donde acompaña a los futuros profesionales en su formación combinando teoría y práctica. Mediadora familiar y experiencia en diversos ámbitos.
Referencias bibliográficas:
- Nieto González, V. (2025). Los sesgos de la inteligencia artificial y cómo disminuirlos desde el trabajo social. TS Difusión.
- Observatorio de las Brechas Digitales. (2024). Aprendizaje digital para la inserción social en España: Análisis y estrategias para la inclusión digital. Generalitat Valenciana.
- Paredes, S. P. F. (2025). La inteligencia artificial en el trabajo social: Una propuesta de integración ética y productiva en la práctica profesional. Veritas, 6(1).
- Panwar, K., Gardner-Vandy, K., Utley, J., Hathcock, S., McDowell, S., & Just, A. (2024). Navegando las promesas y desafíos de la inteligencia artificial en la educación: Reflexiones sobre equidad, ética y sostenibilidad. Journal of Applied Instructional Design. EdTech Books.
- Facultad de Artes y Ciencias Sociales






